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Hugo, sabor y amor, Alandete

Cuando los médicos le abrieron el pecho a Hugo Alandete para reparar su corazón, dijeron que a lo sumo le quedaban diez años de vida. Suena devastador, ¿no?, pero Hugo era más fuerte que esa afección cardíaca y, aún cuando parecía que era imposible, se propuso repartir más amor a su familia. Por eso hoy sus hijos, Hugo y Claudia, me reciben en casa para hablar del legado más grande del cantautor cartagenero: el amor, precisamente. Le decían Hugo ‘Sabor’ Alandete y ayer se cumplieron tres años de su muerte.

Cartagena y Colombia conocían al cantante, al compositor, al de la sabrosura, pero quizá no al hombre, al papá, a ese ser sensible que rara vez se quitaba el sombrero. ¿Dije sombrero? Sí, y ahora Hugo Junior saca una colección que guarda como una reliquia, como si el mismo Hugo ‘Sabor’ fuese a regresar un día de estos del cielo para preguntarle por sus accesorios. Mientras el hijo los pone con cuidado en el mueble, la hija me va hablando del mejor papá del mundo.

Dice que el legado musical de Hugo se quedó pequeño ante el cariño que siempre profesó a sus siete hijos, y es ese sentimiento lo que más han extrañado en estos tres años. “Era un papá que todo niño quisiera tener. Él llegaba y jugaba con nosotros todo el tiempo y nos hacía concursos, era un niño más”, asegura emocionada Claudia. Entonces recuerda que lo vio vivo, vibrante, pero también tuvo que contemplarlo en su lecho de muerte, entonces se quiebra su voz. Hugo Alandete se había sometido a una cirugía de corazón a mediados del 2001 y en aquel entonces el médico les advirtió a todos sus familiares que la intervención solo extendería su vida por diez años. El alarmante diagnóstico fue olvidándose con los años gracias a la incomparable energía y el amor que el salsero sentía por la música y por su familia.

A la música la amaba con el alma, es verdad, y por eso la gente lo quería tanto: sus temas no solo se escuchaban en las Fiestas de la Independencia, sino todos los días. ¿Quién no bailó ‘Mi Tierra’ (A qué no adivinas de dónde soy), ‘Llora corazón’ o ‘Yo quiero cantar’? Esas son solo algunas de sus más coreadas canciones, tan buenas que podrían sonar en diez años y la gente las seguiría bailando -pienso-. Seguimos en la sala y miro una curiosa mesa en forma de escalera. Llama mi atención porque hay varios reconocimientos del gran Hugo ‘Sabor’, como le decían en vida, y ahora que escucho ‘Yo quiero cantar’ por enésima vez, pienso: el que se inventó el apodo atinó. Al escuchar una canción del cartagenero es inevitable contagiarse de la sabrosura y las ganas de bailar. Me detengo a ver cada una de las placas, mientras Claudia me sirve un jugo de maracuyá.

Suena ahora en mi mente este pedacito de ‘Llora corazón’: El hombre que nunca ha llorado (mentiroso), es porque nunca ha sentido, es porque nunca ha perdido un amor puro y sincero… ay, mamá… Llora corazón, llora corazón, por ella, llora corazón… Escuchar tantas veces la palabra ‘corazón’ me recuerda el mal que se llevó a Hugo hace exactamente tres años y un día. El ‘mango’ se le fue debilitando y fue protagonizando páginas de periódicos: ‘El maestro Hugo Alandete, a la espera de una cirugía’, ‘En junta médica se definirá cirugía del cantante Hugo “Sabor” Alandete’, Desde su casa, Hugo ‘Sabor’ Alandete le canta a los cartageneros, Familia de cantante Hugo Alandete desmiente su muerte, Murió Hugo ‘Sabor’ Alandete Gómez, cantautor cartagenero...

Sí, pasaron los años y los achaques empezaron a ser el pan de cada día de la familia Alandete, tal como lo profetizó aquel médico, por lo que Hugo fue trasladado a Barranquilla, algo que evidentemente le afectó, porque amaba a Cartagena como a nada en el mundo, y la prueba está en que más de una vez se negó a vivir en el extranjero.

En la clínica, Claudia lo cuidaba las 24 horas del día, de lunes a viernes, y estuvo allí para alimentarlo, bañarlo y hasta afeitarlo, se convirtió en su sombra, demostrando todo lo que en vida su papá le enseñó, “a no tener miedo, a demostrar que uno quiere”, expresa conmovida y a punto de romper en llanto. Mientras carga a una de sus hijas, me cuenta que pese a que le dijeron que ya no había nada que hacer por Hugo, verlo sonriente le hizo aferrarse a la vida, pero ahora recapitula y es consciente de que cuatro días antes de la lamentable noticia, su papá prácticamente empezaba a despedirse del mundo. “Nosotros teníamos la costumbre de rezar todos los días, pero esa vez me pidió que oráramos y en medio de la oración empezó a pedir perdón por las fallas que había cometido, yo le dije que se relajara, que todo estaba bien. Ese viernes me abrazó más fuerte que nunca, quizá ya sabía que no me vería más”, comenta mientras su voz se va quedando sin fuerzas.

Su hermano Hugo intenta tranquilizarla con la mirada y me dice: “Le contaba a mi mamá que hace una semana yo soñé con él y yo decía: ‘mi papá no viene hace tres años a la casa’, y me veía desesperado. Cuando desperté volví a ser consciente de que está muerto. Entre más pasa el tiempo, más se siente la ausencia. Hay veces que he estado solo, tengo preguntas de mi vida y de la música y ahora sé que nunca me va a responder”.

Al preguntarles cuál fue la mayor lección que les dejó Hugo Alandete para sus vidas, ambos coinciden en una misma palabra, amor. “Me enseñó a amar lo que hago y a todos los que me rodean”, dice Hugo, y Claudia lo interrumpe, mostrándome su afán por responder. “Yo pienso que soy amorosa con mis hijos y con mi esposo gracias a él. Mi papá aplaudía cuando yo llegaba a la casa y me decía ‘mi amor lindo’. Él me enamoraba, yo decía que no podía casarme con un hombre seco porque mi papá era lo más amoroso del mundo. Caminábamos agarrados de las manos. Él tenía un silbido particular y una vez regresó de Estados Unidos y llegó a mi colegio silbando, recuerdo que apenas lo escuché salí corriendo a abrazarlo, sin pena que vieran”, me cuenta y veo que su mirada se llena de una ligera alegría.

Las anécdotas junto a su padre parecen interminables y creo que es lo que los ha mantenido unidos y, sobre todo, fuertes a pesar de lo duro que les ha golpeado la ausencia de Hugo Alandete. Me dispongo a despedirme y mientras Hugo me da la mano, Claudia no duda en darme un abrazo, me suelta, sostiene mi mano y me dice: “Con esto se aprende a vivir porque perder a un papá es algo que no se supera”, mi piel se eriza y con la mirada le respondo: “Puedo entenderte porque tampoco logro acostumbrarme a vivir sin el mío”.

Hace tres años
Hugo murió el 30 de septiembre de 2014. El compositor e intérprete de salsa falleció en Barranquilla debido a afecciones cardíacas, a los 71 años. Se le recuerda por canciones como ‘Mi tierra’ (A qué no adivinas de dónde soy), ‘Llora corazón’ y ‘Yo quiero cantar’.



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