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Quince mil personas, entre jóvenes y adultos mayores, aprendieron a leer y a escribir, gracias al programa Transformemos de la Alcaldía y la Fundación Transformemos.

Martín Montaño Martínez tiene 57 años y desde hace siete años, llegó a vivir a la ciudad proveniente de Galindo, un pueblo de Bolívar.
“Es mejor vivir en los pueblos que en la ciudad porque soy pobre pero la comida nunca me faltaba”, dice Montaño.
En su pueblo se dedicaba a la agricultura, actividad que de niño aprendió de su padre, del cual también heredó su nombre, Martín.
Montaño vive en el barrio 3 de Junio, un sector acogido por personas que han sido desplazadas de distintas regiones del país. Allí, recibió una visita inesperada de unas personas que le hablaron de un programa llamado Transformemos, donde le enseñarían a leer y a escribir, además de matemáticas, sociales y naturales. “Yo no me inscribí porque yo con este poco de años que tengo, ¡qué voy a aprender a leer y a escribir!; yo qué voy andar con libros si yo ya pronto dejaré este mundo”, expresó Montaño. Así que siguió sentado en su mecedora e hizo caso omiso de la inesperada visita.
De su vida en la ciudad, Martín Montaño cambió la agricultura por la albañilería y la plomería. A pesar de no saber leer ni escribir, consiguió cartones del Sena como albañil, plomero y electricista. “Mis compañeros del Sena me ayudaban con la escritura pero yo practicaba en mi casa lo que aprendía, metiendo alambres, tubos... siempre he sido inquieto”, dice el agricultor.
Lo cierto es que a las dos semanas de la visita, la idea aún le rondaba por la mente y se motivó al ver a otros adultos mayores inscribirse en el programa.

El programa Transformemos
Todas las noches, de 6:30 de la tarde a 9:15 de la noche, 15 mil jóvenes y adultos mayores, se dieron cita en los colegios públicos de la ciudad para cursar la primaria y tener la oportunidad de acceder a la educación, a pesar de la edad o de las vicisitudes que la vida les pudo proporcionar.
Gracias al proyecto Necesito Aprender, que desarrolla la Secretaría de Educación Distrital en alianza con la Fundación Transformemos, 5 mil jóvenes y adultos terminaron exitosamente la primaria y el próximo año entrarán al bachillerato, y 10 mil culminaron su primer ciclo que va hasta tercero de primaria.
De su experiencia en el colegio, Martín se considera un estudiante aventajado porque hace sus tareas antes que el profesor se las ordene y se las presta a sus compañeros. “Me gustan las matemáticas, yo multiplico y divido a la perfección, yo sé construir, me gusta medir y por eso se me graba facilito las matemáticas”, dice Martín.
Rosa Marimón Salas es una de las docentes que se le midió al reto de enseñarle a un grupo de estudiantes un poco particulares, mayores que ella, con historias de vida cargadas de dolor, pero con la motivación de aprender y superarse.
“Yo he aprendido que el aprendizaje es mucho más que seguir un libro. Ellos me han enseñado que las experiencias de vida le dan a uno las lecciones más importantes en la vida”, dice la Licenciada en Preescolar y Básica Primaria con énfasis en Lenguaje, Rosa Marimón.
“La metodología del programa Transformemos parte de los conocimientos previos que tiene cada estudiante, relacionamos todo ese conocimiento con cada uno de los libros que maneja el programa que desarrolla cuatro áreas básicas que son Lenguaje, Matemáticas, Naturales, Sociales y Educación Ambiental, que interrelacionamos con otras áreas como Religión, Ética, Informática, Inglés. También desarrollamos las competencias ciudadanas como la formación en valores”, explica la docente.

El futuro historiador
Román Aldana Beltrán tiene 71 años y se considera un trabajador neto. A los 18 años comenzó a trabajar como agricultor cuando ganaba un peso diario que le entregaba sagradamente a su mamá, Cornelia Beltrán.
De su infancia recuerda que su padre los abandonó y dejó a su madre sola criando a seis hijos. Ninguno fue al colegio pues se dedicaron a pilar el arroz en casa para poder comer.
Román Aldana es agricultor y dice con orgullo que cultivaba arroz, maíz, ñame y plátano en varios pueblos de Bolívar que recorrió durante toda su vida.
Con cinco hijos, Román narra que el ambiente se tornó pesado por la presencia de la guerrilla del ELN en la región y temiendo que sus hijos fueron reclutados, los envió junto a su mujer Candelaria, a Cartagena, mientras él continuaba trabajando en su agricultura.
En el año 2006 decide reunirse con su familia por problemas de salud y confiesa que lo más difícil de vivir en la ciudad es la falta de oportunidades laborales por su edad. “Yo demasiado que no me he muerto, esto es duro para mí porque yo en el campo tengo mi comida y aquí no me dan trabajo por mi edad”, afirma Román.
Lo cierto es que Aldana veía a unos señores, contemporáneos a él, pasar por su casa en el barrio Los Santanderes, con unos libros debajo del brazo. Eso le llamó la atención. “Yo me preguntaba dónde iban a estudiar y un día los seguí”, recuerda Aldana.
Llegó a la casa de la profesora Rosa Marimón, en el barrio La Consolata, preguntó lo que hacían y de inmediato se interesó.
“Yo sabía escribir un poco pero después no podía leer lo que escribía”, dice riéndose Román Aldana, quien confiesa que él siempre había querido aprender a leer y a escribir. “Ahora leo el periódico y libros”, dice Aldana, quien se siente afortunado y no se deja amilanar por sus 71 años, por el contrario “yo quiero entrar a la universidad y estudiar Historia”, agregó el aprendiz.
A Román le gusta la Historia, su tema favorito es el Descubrimiento de América y le interesan también los hechos actuales como la crisis diplomática entre Colombia y Venezuela.
Román hizo amistades en el “colegio” y su mejor amiga se llama Liliana, la que lo ayuda con la escritura porque se le dificulta y él la asesora con las matemáticas.
“Debemos aprovechar esta oportunidad que nos brinda la Fundación Transformemos y la Alcaldía porque nunca es tarde para conseguir nuestros sueños”, expresó Román Aldana.

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