Iván Cepeda está cansado de las guerras

05 de octubre de 2014 12:02 AM

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Qué intimidante resulta entrevistar a Iván Cepeda.

El senador que puso a temblar (literalmente) hace un par de semanas al inolvidable expresidente, y hoy senador de la República, Álvaro Uribe Vélez. Todavía recuerdo ese día que vi en las noticias lo paliducho y amarillento que se tornó el rostro del exmandatario cuando Cepeda, con argumentos sólidos y sin titubear una sola vez, debatió en el Congreso la relación que existe, según él, entre Uribe y el paramilitarismo.

Cuánto valor, coraje, valentía, desfachatez y osadía en una sola persona. Y ahora estaba ahí, frente a mí, sentado en el cómodo sofá de esta redacción, esperando pacientemente a que le hiciera unas preguntas que no tenían otro fin que sacar a relucir su faceta más humana y personal.

Cepeda es de esos personajes con los que hay (como dicen por ahí) que darse puñal antes de salir al ruedo. Cualquier pregunta salida de tono que hiciera, sentía, podría hacerlo enojar o dejarme la entrevista tirada.

Por fortuna, nada de eso sucedió y conversamos un rato larguísimo sobre Uribe, el proceso de paz, el asesinato de su padre Manuel Cepeda, el movimiento de la Unión Patriótica, sus gustos musicales, sus miedos. Me brindó tanta confianza que a la mitad de nuestro diálogo hasta me animé a preguntarle si es amargado o no.

¿Qué lo motivó a investigar a Álvaro Uribe? ¿Cuál fue el dato revelador que disparó el debate?
- He venido haciéndole un seguimiento a este asunto desde hace rato. Cuando Uribe asumió el Gobierno y comenzó a desplegar su política de Seguridad Democrática y a querer mostrar que esa idea de Estado es una idea democrática y apegada a la legalidad. Cuando comenzamos a hacer críticas y él comenzó a tratarnos de terroristas a los que no estábamos de acuerdo con él. Me pareció que era necesario hacer un perfil de quién era Uribe. De modo que comencé a investigar el asunto y a encontrar cosas realmente aterradoras y escribí el libro A las puertas de El Ubérrimo. Después hice otro debate en el Congreso sobre algunos episodios que me parecían también muy graves y escribí el libro Por las sendas de El Ubérrimo.

Cuando Uribe fue electo senador consideré que era necesario que se hiciera el debate que acabo de realizar y no creo que es un hecho que lo motive, sino múltiples. Parte del asunto que intenté mostrar es que no se trata de uno, dos o tres episodios, sino de una carrera política en la cual, en los distintos momentos, se plasman relaciones que son realmente muy peligrosas y que le han hecho daño al país.

Su padre fue asesinado al igual que el de Uribe, pero ambos asimilaron ese hecho de forma distinta, ¿qué piensa de la venganza, el perdón y la reconciliación?

- Con relación a la venganza, pienso que es una tentación devolver, con la misma fuerza y con el mismo odio con el que se nos ha inflingido, una ofensa, una herida o una pérdida a otro semejante. Pero cuando hay algo más que esos sentimientos, cuando la persona tiene una visión política, ética de sí mismo, del país donde vive, pues, la venganza y el odio se subordinan a ideales, a principios, a valores. Y esos sentimientos se intentan transformar en algo distinto: en una fuerza que construya, que genere una realidad diferente.

La gran mayoría de víctimas son constructoras de paz en Colombia. ¿Te imaginas si las 6 millones ochocientas mil víctimas hubieran tomado el camino de devolver ojo por ojo la violencia que se les ha inflingido? Tendríamos movimientos armados gigantescos. Pero la gente lo que quiere es que se acabe la guerra, y ese es el camino que yo he recorrido también. No sabría exactamente cuál es el de Álvaro Uribe. Lo que he podido observar es que Uribe ha sido tributario del odio y su proyecto de país no está construido sobre el ideal de la paz, sino sobre el ideal de la guerra. Lo que uno ha podido observar y vivir de práctica política es que nuestro país no puede salir de la violencia y que hay una necesidad de tener un enorme aparato militar, que el único sentimiento que mueve a la gente es el miedo a la inseguridad. Eso es que lo que él ha infundido en la gente.

Cree que una vez culminados los diálogos en La Habana y los guerrilleros estén en la vida civil, ¿los paramilitares no existirán?
- Ese es un tema fundamental. Creo que no es posible pensar que vamos a llegar a ese estado en el cual se acaba la guerrilla, si existe el paramilitarismo. Éste debe desaparecer con un proceso de paz. El proceso de paz debe ser integral. Y no sólo el paramilitarismo, también hay que hacer un proceso de paz con el ELN y hay que ver todos los factores de violencia de manera integral. Todos tienen una solución distinta. Pero si queremos llegar a una paz estable y duradera, es necesario que haya una solución para todos.

¿Qué opina de que algunos digan que usted es contacto de las Farc?
- Después del debate sabía que iban a haber consecuencias. La primera de ellas es que el senador Uribe vino a descubrir que en los computadores de Reyes, que tienen seis años, estoy mencionado. Es decir, el senador Uribe descubrió el día del debate que soy un aliado de las Farc. Bueno, ¿y por qué no hizo esas denuncias hace seis años en el momento en que debió hacerlas? La explicación es muy obvia: eso lo está utilizando para tapar o intentar diluir la seriedad de lo que yo he dicho.
Todo eso es absurdo y todo eso rememora el episodio del espionaje contra la Corte Suprema de Justicia, la persecución contra el magistrado Iván Velásquez, contra el magistrado Valencia Copete.

Es el método que tiene Uribe cuando alguien osa decir algo que está bien fundamentado en su contra, inmediatamente aparece un montaje judicial para desprestigiarlo. Ahora, también, por supuesto, atacar a mi padre, a mi familia, e intentar mostrarme como el origen del mal en Colombia.

¿Qué cree que pervive de su padre en usted?
- Creo que heredé varias de sus características: un sentido muy claro de cuál es mi papel como ser humano y la necesidad de ser muy coherente, muy fiel a uno mismo. La perseverancia. No renuncio a lo que creo o pienso. Un sentimiento muy fuerte del deber. Una sensibilidad hacia el dolor de los demás, especialmente, hacia la gente que tiene menos posibilidades, que está más indefensa. Esas son cosas que heredé de mi padre. Ahora, también he heredado sus defectos. Por ejemplo, la perseverancia a veces se puede tornar en una obsesión y he intentando varias veces vacunarme muy bien contra ese tipo de situaciones.

Una persona que se arriesga a decir la verdad como usted, ¿a qué le teme?
- A no hacer bien lo que hago. Mi mayor temor es no cumplir con lo que me propongo y traicionar esas convicciones. No le temo a personas o a grupos. Pero como ser humano tengo bastante miedos vergonzosos.

¿Usted es amargado?
- ¡Nooooooooooo! Todo el tiempo me gusta mamar gallo. Lo que pasa es que regularmente estoy en situaciones en las cuales predomina el enfrentamiento, se me acusa, y eso da una imagen que no corresponde de lo que soy.

¿Cómo es un día de Iván Cepeda?
- Muy agitado, muy lleno de trabajo y de ocupaciones, lo cual podría parecer una carga, pero me gusta porque lo vivo de una manera muy intensa. Y siempre hay cosas que me apasionan mucho, especialmente la posibilidad de estar desde un lugar como el Congreso que ofrece la oportunidad de una acción política grande, uno puede ser útil a mucha gente. También me gusta y disfruto el trabajo con las víctimas, el trabajo con el proceso de paz, los asuntos del Polo Democrático, de izquierda. Ahí se me va buena parte del tiempo. Es más, no me alcanza para poder cumplir con todo lo que quisiera.

¿Qué cosas que le causen nostalgia ha dejado de hacer desde que está en la política?
- Me gustaría descansar más, relajarme y tener una vida un poquito más normal. Pero para mí eso tampoco es una tragedia. Quizá dedicarle más tiempo a mi familia y a mis amigos.

¿Qué lugar le da una paz infinita?
- El mar. Tengo una debilidad por el Caribe porque mi madre era costeña y realmente siento que cuando estoy en el mar experimento una sensación de mucho sosiego y paz.

¿Cuáles han sido los grandes líderes de Colombia que han transformado la historia?
- Jorge Eliécer Gaitán, Bolívar, Nariño, Manuelita Sáenz, Policarpa Salavarrieta, María Cano. De los más recientes todos aquellos líderes, tanto hombres como mujeres, que perecieron en el genocidio de este movimiento político. También escritores como Gabriel García Márquez. Colombia tiene una galería de figuras de gran dimensión y a veces no conocemos sus vidas y realización.

¿Cuál de esos líderes asesinados pudo ser un buen presidente de la República?
- Casi todos ellos. Si Colombia hubiera tenido un presidente como Gaitán o como Luis Carlos Galán, tal vez la historia que estamos viviendo, sería otra. Además, lo que pasa es que en Colombia han asesinado no sólo personas, sino a generaciones enteras de líderes políticos.

¿Cuál es la obra literaria o el libro político que más lo ha impactado?
- Me han impactado muchas obras: Crimen y castigo, Cien años de soledad, Los miserables. Podría hacer una larga lista.

¿A qué ritmo le gusta vivir?
- Siendo consecuente con mis raíces, me gusta la salsa. Vivo de manera intensa, a veces demasiado. Me gusta mucho hacer lo que hago. Soy una persona que, aunque vive en condiciones a veces difíciles, es feliz.

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