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Jairo Camargo quiere ser Ricardo III

Se levanta a las 4 y 30 de la madrugada. Lee un poco. Espera que la luz malva del amanecer, se vuelva tenue y delgada, y sale a hacer gimnasia para proteger su corazón. Amanece siempre silbando una canción. A veces, un bolero, una salsa, una sinfonía clásica, un vallenato.

Es el actor Jairo Camargo (Barrancabermeja, 1954), Premio Víctor Nieto Núñez a toda una vida, por casi medio siglo como actor. Su rostro ha encarnado personajes inolvidables del teatro, la televisión y el cine. Nadie puede olvidar papeles suyos como el de Pipe Socarrás en la serie de Escalona, por el que ganó el premio ‘A Mejor Actor’, en 1992; Mejor actor de reparto en La maldición del paraíso, en 1994; Mejor actor protagónico de telenovela, en Dios se lo pague, en 1999; nominado a Mejor actor de reparto en El auténtico Rodrigo Leal, en 2004; y nominado a Mejor actor de reparto en la serie En los tacones de Eva, en 2007; Anacreonte, en el filme Edipo Alcalde, de Jorge Alí Triana.

Está en la memoria de los colombianos por medio centenar de personajes, desde la serie Kundry (1979), protagonizada por Amparo Grisales y Sergio Cabrera. La serie La mala hierba’ (1982), Flor de invierno, Herencia maldita, El Bogotazo (1984), Revivamos nuestra historia, Policarpa Salavarrieta, El Chinche, Calamar (1989), Escalona (1992), La maldición del Paraíso (1993), Candela (1996), Juliana, qué mala eres (1998), Dios se lo pague (1998), Julius (1999), Pedro el escamoso (2001), La puerta falsa (2001), El reino de los cielos (2003), El auténtico Rodrigo Leal (2003), La saga negocio de familia (2005), Los Reyes (2006), Juan sin miedo (2006), Amas de casa desesperadas (2006), En los tacones de Eva (2006), Bailando por un sueño (2006), Tiempo final (2008), Kdabra (2009), Verano en Venecia (2009), A mano limpia (2010) y Primera Dama (2011), entre otros.

Tanto en teatro, cine y televisión ha encarnado personajes bondadosos, amorosos, implacables, perversos, cómicos, tragicómicos. Inolvidables sus personajes en  los largometrajes La estrategia del caracol (1993) de Sergio Cabrera, Edipo alcalde (1996) de Jorge Alí Triana,  Siniestro (2001) de Ernesto McCausland, Bolívar soy yo (2002) de Jorge Alí Triana, Como el gato y el ratón (2002) de Rodrigo Triana, Perder es cuestión de método (2004) de Sergio Cabrera, y  Gordo, calvo y bajito (2012) de Carlos Osuna.

¿Cuáles personajes de la literatura de Colombia o del mundo quisiera encarnar?
-Acabo de leer la novela La transparencia del tiempo, del cubano Leonardo Padura, y me encantaría hacer el detective Mario Conde, que es un personaje común y corriente y distinto a la vez, porque tiene una máscara de malo, de duro, pero es una pobre güeva, porque lo sentimental lo hace blando y lo traiciona continuamente. Tiene una doble vida. Es un policía que hace bien su oficio, le gusta la buena vida, las mujeres, los amigos, su país, se hace matar por Támara, le gusta la literatura, la comida.  De Colombia, me gustaría hacer el personaje del coronel Aureliano Buendía, de García Márquez. O cualquier personaje de las novelas de Tomás González, que es para mí, un maravilloso escritor. También me gusta el japonés Murakami. Pero yo moriría tranquilo el día que haga a Ricardo III, de Shakespeare.

¿Cuál es el personaje que más se parece a Jairo Camargo?
-El personaje que más satisfacciones me ha dado es Pipe Socarrás, en la serie Escalona. Yo me encuentro con espectadores de tres generaciones que siguen viendo la serie, y siempre se sorprenden con Pipe Socarrás. Pero el país que aparece en Escalona, ya no existe. Ese país de gente generosa, desprevenida, apacible, de buen humor, ese país que se moría de viejo o de risa o de un accidente de carretera al volcarse un carro en el río, ese país ya no existe porque se puteó con el narcotráfico y con la guerra. Todavía hace veinte años, uno encontraba gente inocente y desprevenida. Pero el país cambió. Mejor no hablemos de la desfachatez o de la podredumbre en la que se volvió el país.

¿Ha desechado algunos personajes que le han propuesto?
- La oferta no es numerosa, así que es difícil desechar posibilidades de actuación en la televisión, el teatro o el cine. He realizado papeles de personajes que también detesto, como Alirio, ese tipo hijueputa, cagatintas, tinterillo, trepador, poco honrado. O personajes como Mario Díaz, bueno en esencia, que un día tiene que tomar una decisión y volverse malo y tomar la justicia por mano propia, para defenderse, utilizando las armas del enemigo.

¿Qué siente al recibir el Premio Víctor Nieto a toda una vida en Ficci?
- Quedé atónito. Cuando recibí la primera llamada de Cartagena, pensé que era para un conversatorio, pero jamás imaginé que me darían un premio consagratorio. Lo conté a mi esposa Patricia y a mi hija Bianca Paulina, y me dije que creí que me darían ese premio a los 80 años, cuando ya estuviera recogido en Barichara viendo crecer las matas del patio, alejado de la actuación. Pero después me dije que era un premio a una carrera bien llevada, construida y diseñada, porque actuar ha sido mi deseo desde  que empecé con el Teatro Popular de Bogotá. Llegué a esa cumbre y logré mi cometido en un arte  que he trabajado con los cojones, con ímpetu, con honradez.

Volvamos a su infancia. ¿Hubo algún ambiente familiar que estimulara su vocación?
-No. Mi padre Gerardo Camargo Moros, era un hombre muy trabajador, silencioso, huraño, ausente por razones de trabajo. Se pasó la vida camellando, pero de él heredé la honradez, la honestidad, la responsabilidad para alimentar ocho hijos. Era tan correcto que se hacía cargo de sus aciertos y sus cagadas. De Lucila Fajardo, que repartía pan en bicicleta, heredé el sentido del límite. El único que tuvo alguna cercanía con el arte, fue mi abuelo paterno, Luis Fernando Camargo Plata, que tocaba el tiple.
Yo me crié en Zapatoca, y desde niño, era el escogido para recitar en actos especiales como la llegada del obispo al pueblo.

¿Qué libros lo han impactado?
- Hace diez años recuperé el hábito de la lectura, y volví a releer recientemente Cien años de soledad, de García Márquez; y Pantaleón y las visitadoras, de Vargas Llosa. Siempre me llevo un libro para leer en las treguas de la filmación. El que me tiene maravillado es el cubano Leonardo Padura.

¿Cómo ha sido la relación con los directores de teatro, cine o televisión?
- La relación ha sido de camaradería, de diálogo, a veces de acuerdos o desacuerdos. El director diseña el escenario y los personajes, pero eso no quiere decir que el actor esté negado a pensar o recrear su papel. No es un pelele. Tiene decisiones.

¿Cuál es el lugar donde ha sido absolutamente feliz?
- En el regazo de Patricia, mi mujer.

Epílogo
Jairo Camargo dice que ha perdido siete kilos en este año 2018, porque está sometido a una dieta especial, desde que en enero de 2017 sufrió un infarto. Dice que le hizo la batalla al azúcar y a la sal y a las harinas y solo toma una taza de café al día. No permite ser gordo, no solo por asuntos de salud, sino por vanidad estética. “Si engordo, también engorda mi cara”, dice con desparpajo. No cree en Dios y mucho menos en los políticos.

“Soy muy terrenal y escasamente me conozco a mí mismo”, dice riéndose.



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