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La eterna procesión de Pompeyo Paz

Esta Faceta es un milagrazo.

La semana comenzó regular: el personaje que había pensado entrevistar nunca me confirmó. El miércoles en la noche, cabizbaja y un poquito indignada, fui a contarle mis tristes penas a Carlos, un compañero diseñador gráfico, ¡gracias al cielo!

-El sábado es el Día de la Virgen del Carmen...¡te lo tengo!

Carlos comenzó a buscar en nuestro archivo fotos de procesiones de la Virgen del Carmen y de La Candelaria...y en todas se repetía un rostro moreno, el mismo señor cargando cada estatua.

-Creo, si no estoy mal, se llama Rafael Pérez y es dueño de una empresa de “chivas”.

El señor Google me ayudó a conseguir los teléfonos de dicha empresa y el jueves en la mañana llamé. Luego de contar mis “facetudas” intenciones a la recepcionista de la empresa de chivas, me dijeron que Rafael murió. ¿Qué? Sí, falleció en 2003.

-Pero te tengo otra persona, muy devota, incluso más que Rafael- me dijo la señorita-.

Me dio el teléfono del señor Pompeyo.

-¡Alóóóó!

-Sí, buenos días. ¿El señor Pompeyo?

-Sííí...¿cómo está?¿Cómo le ha ido? -responde, como si me conociera de toda la vida-.

-Bien, señor Pompeyo, me presento: soy Laura Anaya, periodista de El Universal. Me han hablado de usted. Me han dicho que es un hombre devoto...quiero conocerlo.

-Claaaaaro, yo trabajo en Bocagrande hasta las seis de la tarde. Venga.

Llegué a Bocagrande a las 4:30 de la tarde, después de sortear la tormenta de esa tarde y un trancón monumental. La cita era en la iglesia católica. Esperé en la entrada, mientras terminaban de oficiar la misa de un difunto. Y de pronto apareció Pompeyo. Y resulta que Pompeyo sí es el señor de las fotos de nuestro archivo...por eso lo reconocí enseguida y sonreí. Por eso esta página es un milagrazo.

En sus palabras
Me dicen El Pompeyo, pero mi nombre completo es Pompeyo Paz Cervantes. Tengo 58 años. Nací en el Hospital Santa Clara, el 30 de octubre de 1957. Mi infancia la pasé en Manga, ya siendo adolescente me mudé para Blas de Lezo y de ahí para El Toril.

Soy hijo único. Soy huérfano. Mi papá, que también se llamaba Pompeyo, murió cuando yo tenía apenas 13 años. ¿Sabe?, le gustaba tomar mucho “guaro”, se complicó y murió el 16 de diciembre de 1973. No lo voy a olvidar nunca, era muy querido para mí, aunque cuando me veía me decía: “ahí viene el loco”, pero no importa.

A Carmen Rosa, mi madre, la recuerdo todavía más. Ella era lo más bonito de mi vida. Cuando mi papá murió, ella comenzó a dejarse morir...no quería comer y pasaba llorando. Todas las noches la escuchaba llamarlo, le pedía que se la llevara, que no quería estar viva sin él. Y se la llevó. Ella murió el 10 de enero del 76, tres años después que mi papá.

Nunca congenié mucho con mi familia, así que me terminaron de criar los amigos de mi papá, que trabajaron con él en la Aduana. Estudié hasta quinto de primaria y empecé a “trabajar” en la Aduana, haciendo mandados. En ese tiempo me pagaban con la plata que sobraba, dieciséis pesos mensuales.

La devoción la heredé de mi papá, que era navegante y se aferraba mucho a la Virgen del Carmen. Siempre tenía una estampa de la santa en su cuarto. Él tenía una embarcación de dos motores, pero uno se dañó y a él no le importaba. Así se iba para La Guajira o Turbo (Antioquia) y decomisaba contrabando contrabando de ron, otras veces bicicletas, encomendado a la virgen.

Así que a los 13 años comencé cargando la virgen en las procesiones por Manga y lo hice durante once años. Me mudé a Blas de Lezo y fui un solo año a la caminata de allá a cargar a la santa, pero no me gustó, se armó una pelea. Dije que no iba más y no he ido. De ahí cogí para el Centro Histórico. Tengo 45 años de cargar a la virgen de La Catedral y lo haré mientras tenga fuerzas, hasta que muera.

Cargo a la Virgen del Carmen, La Candelaria, Sagrado Corazón de Jesús, San Pedro Claver, San Roque y Santo Domingo. Cuando voy en una procesión siento cambio, alegría. Jamás me he cansado.

He pagado dos mandas. La primera, la ofreció mi mamá. Ella me decía que cuando yo estaba chiquito (de año y medio) me dio sarampión por dentro. Ella me arropó en una toalla y me llevó a San Benito Abad (Córdoba), le rogó al Cristo Milagroso de La Villa que me salvara y él me sanó. Por eso voy todos los años allá, antes de Semana Santa.

Vea, los milagros sí existen. Allá, en San Benito, yo vi a un paralítico que se levantó de su silla de ruedas lentamente mientras veía concentrado al Cristo de La Villa.

En mi vida hay milagros. No recuerdo el día, pero sé que fue en 1985. Yo iba viajando con un compañero entre Corozal y Sincelejo, el carro se salió de la vía. Mi compañero alcanzó a tirarse del carro, pero yo no. Dije: “Virgen del Carmen, no me vayas a llevar todavía”, y me acurruqué al lado de la caja de cambios. El carro cayó por una loma y quedó destrozado, vuelto nada. La gente pensó que me había muerto, pero no me pasó nada.

Todos los días, a las cuatro de la mañana, cuando me despierto pido por mí, por mi mujer y mis cinco hijos. Después barro la terraza de mi casa. Soy mensajero. ¿Ya le dije que estudié hasta quinto de primaria? Si hubiera podido estudiar sería mecánico diesel...pero ya estoy muy viejo.

Creo en los milagros y uno siempre necesita milagros. Ahora necesito uno. Estoy pasando por una crisis...mi hijo menor, el único que se animó a estudiar una carrera universitaria (administración de empresas), se va a quedar sin estudiar este semestre porque no he conseguido la plata. Necesito un milagro porque son 800 mil pesos y no sé de dónde los voy a sacar, hasta me dan ganas de llorar porque no quiero que se atrase en el último semestre.

Nadie quiere prestar plata, porque la cosa está mala, así que la única que me puede hacer el milagro es esa. Yo sigo comprando mi chancecito todos los días a ver si me lo gano. Reconozco que ese es mi vicio...la lotería. Y mi mayor virtud es la fe.

Epílogo
Cuando me despedí de Pompeyo le pregunté por el 16 de julio, me dijo que es la fecha más especial, que para este año ya estaba listo.

“Ya estoy listo para ir al Centro a cargar a mi santa. Ya le dije a mi patrón que el sábado -ayer- después de mediodía no trabajo. Me voy con mis amigos a hacer lo que me gusta, a sentir que estoy vivo”.
Pompeyo dice que todos necesitamos un milagro. ¿Cuál es su milagro?

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