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La felicidad le llegó con Papá Noel

Las muchas vicisitudes a las que se debió enfrentar Jairo Arturo Mendoza Pérez durante buena parte de su vida le dieron la fuerza necesaria para tomar la decisión de ser feliz. Tarea nada fácil si se tiene en cuenta que son muchos los obstáculos que se encuentran quienes así lo quieren. Sin embargo, el decidió vivir una eterna Navidad. Por eso resolvió convertirse en un Papá Noel de carne y hueso, los 365 días del año.

Jairo Arturo es un barranquillero de nacimiento y un cartagenero de corazón que un día, tras superar muchos sinsabores, entre ellos un divorcio, se dijo que atrás quedarían sus sufrimientos.

Y fue un 25 de diciembre de hace seis años, en el municipio de Galapa (Atlántico) donde supo cuál sería el personaje que debía personificar para conseguir parte del propósito deseado. Y todo se dio, cuando pasaba por una casa donde había una buena cantidad de niños jugando con los regalos traídos por el Niño Dios. Se sintió tan emocionado, que cuando pasó por el frente de la residencia, sacó el rostro por la ventana del carro en que se transportaba y les soltó la socarrona risa que todos conocen del personaje de la Navidad que se ha tomado muchos países. La alegría que exteriorizaron los niños tras el “Ho ho hooo”, fue la gasolina que le impulsó a tomar la decisión de dejarse crecer la barba y el cabello y convertirse en un “Papá Noel de verdad, verdad”, para alegrarle la Navidad a muchos niños de escasos recursos económicos.

Tras superar algunas críticas de miembros de la familia, Jairo, al año siguiente, se convirtió en la figura natural del viejo bonachón, que vive en el Polo Norte, vestido de rojo y pelo y barba blanca, pero que "se mudó” a Cartagena. Su transformación es tan natural, que hasta la panza le creció como la del mítico personaje y contrario a muchas personas de su edad (63 años) ésta es sinónimo de orgullo. “Al principio usaba rellenos, hoy la tengo así”, dice tocándose entre risas la panza.

Su primera aparición fue en el Hogar Comunitario Santa Rita, de cuya junta era el tesorero. Ese año logró recolectar más de 400 juguetes para los niños de las faldas de la Popa. Su segunda aparición fue en la Casa del Niño, donde fue invitado por el médico ortopeda Sergio Hoyos y donde vivió una de las experiencias más enriquecedoras de su vida.

Todavía recuerda la sonrisa en los rostros pálidos de los niños cuando pasaba por los pabellones donde estos estaban hospitalizados, entregándoles los regalos. “Cuando pasé por la UCI, una médico me dijo que había unos tres niños que estaban despiertos y después de tomar las medidas de seguridad, ingresé. Me sorprendió una niña toda llena de tubos, en coma, con aparatos que medían sus pulsaciones, que eran muy débiles. Pregunté si podía acercarme y la doctora me dijo que sí. Lo hice y le tomé la manito e hice la siguiente oración: Señor, si es tu voluntad, regálale la salud a esta niña. Cuando estaba contemplándola, ella abrió los ojos y todos se sorprendieron. Al año siguiente regresé y cuando pregunté por la niña, me dijeron que se había sanado y la habían mandado para la casa. Ese fue un milagro de Navidad”, cuenta Jairo, un tanto emocionado.

Ahora sigue empeñado en su labor de alegrarles el corazón a los niños menos favorecidos económicamente, aunque todo el año esté en pos de arrancar risas de los rostros de las personas por donde camine. Por eso cualquier día puede vestirse de rojo y soltar su “ho, ho, hoo, buenos días…” en bancos y oficinas a donde llega. “Donde llego la gente me identifica y se ríen de mis locuras. Yo vivo una eterna Navidad y llevo esa alegría en cualquier época del año”.

Además de su labor de Papá Noel, Jairo Arturo Mendoza Pérez se convirtió en motivador, con charlas y seminarios, después de haber estudiado, ya adulto, licenciatura en pedagogía reeducativa con énfasis en ética y familia, de la Universidad Luis Amigó.

“Hoy me siento demasiado feliz. Creo en la objetividad y en el poder sanador del amor”, dice el hombre que encarnando el papel de Papá Noel les ha devuelto la sonrisa a muchos niños de Cartagena que siguen soñando con que ellos también tienen derechos a tener un juguete nuevo en Navidad.

Jairo también cree que los hombres todos los días deben vivir con sus hermanos el Evangelio de Jesús. “En dar está el secreto para ser feliz”, remata.



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