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La fiesta más antigua de Colombia va a empezar

Cartagena celebra 207 años de su Independencia, el 11 de noviembre, la fiesta de la historia más antigua del país, que se realiza con bandos, comparsas, desfiles, reinados y agenda cultural en barrios, colegios, universidades y plazas.

Cada cartagenero recuerda su fiesta como la ha vivido.

Los que tienen más de cincuenta años, la recuerdan con capuchones, buscapiés, tiradera de maicena, casetas bailables en los barrios, y bandas y orquestas de música tradicional del Caribe.

El profesor Alfonce Arce, que pasó el sexto piso de su escalera, y es una de las conciencias lúcidas del Comité de Revitalización que empezó en 2003, la recuerda con capuchones y buscapiés, pero aquellos buscapiés se deslizaban por el suelo como una culebrilla, nunca estallaban en el aire, siempre en el suelo, y para manipular pólvora había que usar guantes. Los buscapiés se degradaron cuando les torcieron el taco para que estallaran en el aire.

Para Alfonso Arce, cuatro palabras pueden definir las fiestas: color, movimiento, sabor y sonido. Y junto a ellas, el sentido histórico de que el 11 de noviembre no es una fecha más, sino la más importante de la ciudad, y la fiesta no es solo la fiesta de noviembre, sino la más grande celebración de la Independencia de Cartagena, y debería serlo del país.

Por eso, el cambio de nombre de Fiesta Novembrina por Fiesta de la Independencia, no es un capricho ni una arbitrariedad. Es un criterio colectivo surgido con más de trescientos actores festivos y ciudadanos, reunidos en mesas de trabajo puntuales desde 2003, con el aval de las autoridades y del sector privado y público. Y aún mucha gente cree que las fiestas son solo reinado, y en verdad, los reinados vinieron después, los privados como el Concurso Nacional de Belleza (CNB) y el público del Reinado de la Independencia.

La ciudad ha vivido durante los últimos veinte años diversas tensiones internas para conciliar una agenda ciudadana pública, sin que lo privado ni lo público, se vulneren. Para Boris García, la fiesta es evocación de canciones, y por ella pasa el porro La vaca vieja, que ya cumplió 80 años. Y la Estereofónica, que Boris ha vuelto a interpretar, luego de tantas versiones, evocando a Pedro Laza y sus Pelayeros, en una Fiesta de Gala para baile colectivo.

Para Gina Ruz, en los noventa, la fiesta era el recuerdo terrible de una bolsita empedrada en la espalda, hoy es una ventana en la que pueden verse y reflejarse todos los cartageneros. La Fiesta de la Independencia es un sello de identidad, creatividad, integración e independencia.

La conciliación por lo público ha sido una batalla. Después de muchos años sin gobernabilidad local, las fiestas, que habían avanzado hasta 2011, tuvieron un retroceso, y los logros de muchos años parecían destejerse por la discontinuidad de las iniciativas públicas.

El Comité de Revitalización amplió su irradiación, convocando a sectores de toda la sociedad cartagenera, universidades e instituciones educativas, gestores culturales y actores festivos, clubes sociales, entre otros, y logró vincular sectores públicos y privados como la Fundación Mamonal, la Fundación Surtigas y la Sociedad de Mejoras Públicas de Cartagena.

Al celebrar quince años de tareas, el Comité creó una línea de tiempo de 207 años de historia de las fiestas y 15 años de logros ciudadanos, y prosiguió con su propuesta de que las fiestas fueran incluidas en la lista del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Nación, y que su Plan de Salvaguarda, avanzara en su misión, no de manera coyuntural, sino como un proyecto estable de ciudad. Una de las figuras recuperadas como referente colectivo, hace quince años, fue la figura del Lancero y la Lancera de la Independencia, que además de proteger los ancestros musicales y folclóricos, rescata a su vez, la imagen del artesano que participó en la movilización de la Independencia en noviembre de 1811.

Se les enseña a las reinas de la Independencia el sentido histórico, y se les prepara para que conozcan los episodios y personajes que forjaron una tradición y abrieron de manera colectiva, el camino de la independencia. Se realiza un Festival Folclórico en memoria al gestor cultural Jorge García Usta, en el que participan escuelas y colegios del Distrito. 

Existe una Ruta de la Independencia que aún no ha sido activada, requiere de una señalización y nomenclatura cultural, y ha sido concebida no solo para el turismo sino para la ciudadanía. Hoy, hay lanceritos y lanceritas en las instituciones educativas, y el 11 de noviembre se celebra en pueblos vecinos de Cartagena, y en municipios de Bolívar e incluso en La Mojana.

Los colores de la fiesta

Alfonso Arce dice que toda la fiesta es puro color en las vestiduras, en los diseños de comparsas, en los turbantes de las mujeres, en los disfraces. Es movimiento porque es la sinfonía de las danzas tradicionales. Es sabor porque es la recuperación de los saberes y los sabores de la gastronomía local. Es sonido porque es la confluencia de las músicas regionales que han nombrado la fiesta que aluden a la Independencia de Cartagena. Hay porros y gaitas que solo se escuchan cuando llega noviembre. Pedro Laza, Rufo Garrido y Clímaco Sarmiento, son los reyes de esta época. Suenan y anuncian la fiesta. El concepto de “gozones”, que se pervirtió con la incitación a la embriaguez, se convirtió en Preludios, como augurio festivo, folclórico, musical y cultural de la agenda de noviembre.

Epílogo

Bajo las lentejuelas y las guirnaldas, aparece el capuchón guardado de generación en generación, y reaparece como un nuevo personaje de la contemporaneidad, la comparsa de las Cobras, y los nuevos disfraces que evocan personajes públicos y privados de la historia local y nacional. El Cabildo de Getsemaní, logró en treinta años multiplicarse en cabildos barriales.

Este año, lo hará en homenaje a Delia Zapata Olivella, la coreógrafa que sembró la pasión de las danzas ancestrales, y al músico Rufo Garrido, cuyo saxofón suena en el agua y en el entramado de los manglares, como un pájaro que nos despierta al amanecer, y nos recuerda que ha empezado la fiesta.



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