“La gente del pueblo” se puso de moda

02 de diciembre de 2018 12:00 AM

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¿A qué pueblerino no han tratado de corroncho? A mí, quizá, nunca me lo dijeron directamente, pero recuerdo que, siendo pequeña, cuando venía a pasar vacaciones a Cartagena, los otros niños, además de asombrarse con el nombre de mi pueblo (Soplaviento), cada vez que me presentaban hacían énfasis en que yo vivía y era “del pueblo”, sin más ni menos.

Nunca me sentí excluida o discriminada por ello, pero sí notaba que muchas veces se reían por una u otra palabra “extraña” que pronunciaba y con el tiempo entendí que algunas de mis frases no hacían parte del “distinguido” dialecto de mis nuevos amigos citadinos.

Desde hace ya varios días, un video que la actriz Aida Bossa grabó a orillas del Canal del Dique, en el puerto (no en las compuertas) de San Estanislao de Kostka (Arenal), ha tenido gran acogida por la naturalidad y jovialidad con la que ella le envía un saludo de cumpleaños a su primo ‘Roberto Fernando’, pero de todo lo que dijo, específicamente la frase: “la gente, la gente ‘el pueblo”, que de inmediato remata con el particular saludo provinciano “juei”, fue lo que más caló entre una multitud que, por un lado, se mostraba orgullosa porque una famosa compartía su mismo arraigo cultural, y otra que, asombrada, simplemente le pareció divertida y graciosa la manera como se expresaba la artista.

Ser de pueblo está de moda. Al menos eso parecía al ver tantas parodias sobre ese hecho, inundando las redes sociales. Y qué bueno -pensaba- que muchas personas se identifiquen con la gente del pueblo o no les apene gritar a los cuatro vientos que nacieron en la provincia.

Mi ilusión duró muy poco. Un colega, pueblerino como yo, me contó extrañado que días atrás pecó con preguntarle a una joven si era de San Onofre (Sucre). Con un tono de ofendida, la chica le respondió: “¡Noooo!, yo no soy de allá, yo soy de aquí, de Cartagena”, como si el haber nacido en un pueblo le pudiera quitar estatus. Y no es para menos, a lo largo de la historia, así como en el interior del país nos tildan de corronchos a los costeños, entre nosotros mismos también lo hemos hecho para referirnos a quienes nacieron en el campo.

Hernán ‘El Corroncho’ Villa, compositor y creador de la Fundación Cultural Corronchismo, cuya esencia es dignificar al hombre caribe, explica que el término “corroncho”, definido en el diccionario de la Real Academia Española como “un pez con caparazón duro de color marrón oscuro, escamoso y áspero al tacto”, se ha empleado para referirse despectivamente a los habitantes de la Costa, en general, o a las personas de origen rural en el Caribe colombiano y que en ambos casos denota “tosquedad, ordinariez, falta de cultura y otros descalificativos”.

“En la década de los 30 y los 40, los jóvenes del Bolívar Grande y el Magdalena Grande que estudiaban en Bogotá, parrandeaban los fines de semana, hacían su bulla, y por eso nos empezaron a decir corronchos, haciendo referencia a ser ásperos, ordinarios. Pero la palabra fue tomando una denominación tan grande y tan fuerte que llegó acá a la Costa y muchos encopetados también nos estigmatizaron”, dice Villa.

Y agrega, incluso, que han surgido otras connotaciones para la palabra “corroncho”, como alguien que, simplemente, desconoce algo. La fundación que preside, se pronunció ante la RAE para que al vocablo “corroncho” se le agregue una nueva acepción acorde con la realidad caribeña: “natural, original, directo, sencillo y folclórico; en contravía de las etiquetas y de las posturas suntuosas”, y argumentan que el “corronchismo” es “una expresión cultural, un estado del alma, algo inherente a nuestras expresiones culturales como nuestra música, nuestros cantos, nuestras danzas, nuestra literatura, nuestra forma de vivir”.

Tal vez cuando eso se logre, aquella muchacha cartagenera no volverá a sentirse ofendida ni muchas otras personas ocultarán sus raíces y sus orígenes para evitar burlas o ser tratados como incultos.

Guillermo Valencia Hernández, músico e investigador cultural del folclor del Caribe, escritor del libro ‘Obituarios negros’, que relata historias muy propias de nuestra región, asegura que todavía existen muchas personas a las que les da pena decir que son de pueblo, “por ese vacío existencial de querer estar al grito de la moda, al nivel de la alta tecnología o al nivel del mundo, a sabiendas que los muchachos de las ciudades tampoco lo están”. Dice que eso ocurre por falta de identidad y se refiere a la acogida del video de Bossa.

“Lo que ocurre con eso no es un fenómeno nuevo, eso se viene presentando desde hace tiempo atrás con Carlos Vives, un muchacho de Santa Marta, de plata, que decidió ponerse un pantaloncito y sombrerito y la gente comienza a despertarse y a cantar la música tradicional. Pero antes comienza cuando las reinas de belleza empiezan a usar el sombrero vueltiao, una prenda de campesinos, que en un tiempo a los mismos hijos de los campesinos les daba pena ponérsela en la ciudad... o cuando Álvaro Uribe comienza a usarlo cuando para venir a Córdoba y entonces todo el mundo comienza a sentirse orgulloso. Lo mismo pasó con García Márquez, que se llevó a Estocolmo, en el año 81, un liquiliqui, vestido del abuelo, para recibir el Nobel. Se llevó a Totó La Momposina para que cantara el bullerengue, a los hermanos Zuleta y a Rafael Escalona para que cantaran la música del pueblo, el vallenato”.

Valencia añade que una persona con conocimientos “nunca va a negar la tierra donde nació y que le dio la vida, el ser, su naturaleza, su cultura. Pero si no tiene una identidad y no sabe quién es, hay un proceso de desculturización, porque va a tratar de heredar lo urbano porque piensa que lo que está en su pueblo es malo y lo bueno es lo que está en la ciudad, porque muchos piensan que lo bueno es lo que está de moda, lo que está a la par de Europa o Norteamérica, pero resulta que eso es falso. Lo verdadero es lo tuyo, tu aldea, tu patio”.

Yo soy de pueblo a mucho honor, y no por moda. “Corroncha”, como mi mismo nacimiento: en la casa de una vecina, con dos parteras (mi bisabuela era una de ellas) y mi mamá pujando y pariéndome en un taburete hecho de madera y cuero de chivo. Más pueblerina que las calles polvorientas o llenas de barro de mi Soplaviento, o que la mojarra lora que le traen a los cartageneros desde la ciénaga de Capote. Y a ti, ¿qué te enorgullece de tu pueblo?

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