Indicadores económicos
2017-11-17

Dólar (TRM)
$3.015,79
Dólar, Venta
$2.845,00
Dólar, Compra
$2.675,00
Café (Libra)
US$1,44
Euro
$3.549,88
UVR, Ayer
$252,09
UVR, Hoy
$252,09
Petróleo
US$55,14

Estado del tiempo
2017-11-17

marea

Marea min.: -7 cms.

Hora: 19:38

Marea max.: 22 cms.

Hora: 10:39

Dirección viento: Suroeste

Intensidad viento: 15 a 40 kms/h

Temp. superficial del mar: 28 ºC

oleaje

Cartagena-Islas del Rosario: 1.0 a 1.7 metro(s) de altura

Estado

estado
Mín. 25 ºC
Máx. 30 ºC

Pico y placa
2017-11-17

Hoy no salen los vehículos con placa:

Vehículos Particulares

De lunes a viernes 7 a.m a 7 p.m

7 - 8
Taxis
7 - 8
Motos
0 - 2 - 4 - 6 - 8

La guardiana de las voces africanas

Es la única editora en Colombia que le publica a los escritores afrodescendientes e indígenas. Y ha publicado incluso a autores africanos y latinoamericanos. Es autora de 18 poemarios, pero ha sido editora de más de cien libros. Es Guiomar Cuesta Escobar (Medellín, 1950), quien fue homenajeada con el Libro de Oro en el Parlamento Internacional de Escritores de Cartagena, e invitada del Festival de Poesía Negra y Cantos Ancestrales.

Publicó dentro de Epidama Ediciones y en la colección de Literatura Africana, un libro sobre el genocidio de Ruanda, donde se cuenta cómo dos tribus hermanas se enfrentaron a muerte, y cuando llegó el momento del perdón y la reconciliación, hubo un pacto para no hablar más de eso, sino solo el día de la conmemoración de esa tragedia en la que habían participado originariamente los belgas que entregaron machetes para esa matanza en la que murieron más de ochocientas mil personas en cinco meses.

Uno de los incontables sueños de Guiomar es publicar una panorámica antología de mujeres poetas del Caribe colombiano, luego de publicar a las mujeres poetas del Pacífico. Los puentes entre el Caribe y el Pacífico se empiezan a fortalecer con la estadía de la poeta Mery Grueso en Cartagena, la homenajeada del Festival de Poesía Negra y Cantos Ancestrales.

Guiomar publicó la Antología de Mujeres poetas de Colombia, que abarca desde 1840 hasta 1949 en el primer tomo. Y publicó a las poetas del Perú.

Las otras Scherezades
Tiene un libro de poemas inéditos sobre Francisca Bautista de Bohórquez, una mujer que llegó disfrazada de hombre a América y se convirtió en la más grande terrateniente del Caribe en las tierras del Sinú. Descubrió ese personaje en “La historia doble de la Costa”, de Orlando Fals Borda. También quedó fascinada con Paula de Eguiluz, la bruja que la Inquisición en Cartagena iba a llevar a la hoguera, pero se convirtió en la Sherezade de la Colonia, por su belleza embrujadora y seductora y su poder verbal que paralizaba a los inquisidores, arzobispos y autoridades de la época. Todos terminaron consultándole a la bella y condenada mujer, que tenía los secretos del cuerpo y el alma.

Conocer la historia de Margarita Gamboa, iniciadora de la poesía erótica en el país en 1899, en Cali, fue una revelación para ella. Margarita navegó contra la corriente, “se adelantó a todo, rompió el canon prejuiciado sobre la mujer. Ella se igualaba al hombre, y sentía que nada le hacía perder la dignidad que ya estaba dentro de ella misma”.

Otro hallazgo espiritual fue el profundo misticismo de María Zambrano “que me llevó a la certidumbre de que todo poema es un gran secreto, y mientras no se escriba, ese poema no lo dejará a uno en paz. El poema es lo que estás entregando de todo lo que has recibido ancestralmente, es para lo que fuiste llamada, es una experiencia que transforma tu vida también”, me cuenta en la tregua del mediodía cartagenero.

En el Caribe colombiano conoció a la inolvidable poeta y ser humano Meira Delmar, “una poeta clásica de Colombia. Su perfección y finura del verso están en su ser también”.

La poeta Matilde Espinosa le deparó la sorpresa de una lírica sumergida en lo social. Fue la primera mujer abanderada de esta poesía.

La rebeldía ancestral
Algo de todas esas mujeres hay en Guiomar que contrarió con obstinada rebeldía a su madre Elvira cuando decidió ser poeta. La madre estaba aterrorizada cuando se enteró que su hija Guiomar estaba escribiendo poemas. Y le suplicó que no los hiciera públicos y menos que saliera a leerlos en público. Cuando la invitaron a leerlos en la Biblioteca Pública de Medellín, su madre entró en pánico y le dijo que “haría quedar mal a su distinguida familia antioqueña. Mi único atributo y mi futuro se reducían a permanecer como ella, en la casa, a la espera de un príncipe azul, y esto significaba ponerme una mordaza y permanecer encerrada padeciendo en silencio, como un verdadero suplicio”. La madre tenía el don de la palabra, pero era una época en que las mujeres tenían las palabras “ahogadas en la gargantas de nuestras madres, tías y abuelas. Ellas habían tragado entero, por generaciones y generaciones. Nada sabíamos por ellas ni de sus depresiones, dolores y maltratos, de sus desesperanzas y sufrimientos. El sino del dolor y la espera infructuosa de sus rostros, se vería reflejados en los nuestros”. Leían poemas y novelas casi en secreto, con una vocación reprimida.

“Los Escobar Restrepo traían un tatuaje de temor a escribir, a expresar y a publicar sus poemas, se había convertido en tabú, algo innombrable para ellos, sólo se podía conocer en la intimidad y entre los miembros de la familia”. La familia solía ir al Teatro Pablo Tobón Uribe a escuchar declamar poemas a Fausto Cabrera y a Víctor Mallarino.

Guiomar se resistió a ese destino convencional y tradicional de su familia. y siguió el destino que su padre, Héctor CuestaÁngel, eligió al bautizarla Guiomar, por un poema de Antonio Machado. El cartagenero Lácydes Moreno Blanco la descubrió en el suplemento El Siglo. En uno de sus poemas, Mujer América-América Mujer, la poeta invita a las mujeres a sacudir su propio sueño y a liberarse, recordando que “es la hora de América/hora del  amanecer /amanecer de mujer/que permanecía a la orilla/ sin compenetrarse con el mar/ con la ola fuerte y la voz de esta América nueva/ Sacúdete mujer/ surge y estalla por América”.

La siembra de poesía
Desde la aparición de su primer poema hasta hoy, han transcurrido más de cuatro décadas de escritura. Empezó en 1971. Escribió su primer poema “Nombre”, en 1973. Es la autora de los poemarios; “Mujer América” (1978); “Cábala: Círculo madre tierra” (1989); “Bosque de metáforas” (1991); “Desde nunca” (1995); “Ceremonia del amor” (1995); “Doble sonoro” (1996); “Amantes de la lluvia” (1996); “Maderadentro” (1997); “Jaramaga” (2001); “Fuego cruzado” (2002); “Huracán de luz” (2004); “Concierto de amor a dos voces” (2005), en colaboración con Alfredo Ocampo Zamorano.

Es Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe “Gabriela Mistral”. Licenciada en Ciencias de la Comunicación Social por la Universidad Javeriana de Bogotá en 1977.

Nada de su hazaña editorial fuera posible sin la complicidad de su esposo el poeta Alfredo Ocampo Zamorano, quien trabaja en Nigeria para sostener este sueño de Guiomar. Desde 1975 recorre África y conoce los secretos del baobab que florece por debajo de la tierra. Pero no deja de ir a África. La encuentra en las nuevas voces de la poesía que se teje en el Caribe y en el Pacífico y en los recónditos paisajes del país. Recoge las voces que navegan en la memoria de los africanos esclavizados en América.

“Soy una enferma de la depuración del poema. Y de la búsqueda perfeccionista. A lo largo de muchos años, mientras escribía poemas, sentía que había un verso que no debía estar en el poema, porque tenía una belleza única e independiente, y entonces decidí coleccionar versos sueltos que habían quedado por fuera del poema, pero que no deseaba cambiarles nada. Y así nació el libro Ánfora de luz. Son la síntesis poética. Guiomar presentó en Cartagena su poemario “Ánfora de luz” (2015) en el Parlamento de Escritores, y ha compartido recitales en el Festival de Poesía Negra y Cantos Ancestrales.

Epílogo
Se despierta temprano a trabajar y a depurar una metáfora que quedó pendiente del día anterior. No solo escribe y edita, sino que también pinta, una dualidad creativa que le permite mantenerse en pie, activa y aguerrida.

La independencia de Guiomar fluye entre sus venas. Su bisabuela paterna Lucrecia Cuesta de Cuesta, nacida en San Juan de Marmato en 1854 y fallecida en Riosucio en 1961, a sus 107 años, decidió fundar el mejor teatro del mundo en los años treinta: el Teatro Cuesta, con una herencia en las minas de oro de Marmato. “Estás loca”, le dijeron sus hijos Chucho y Ramón, pero ella sacó adelante su aventura, y de ese teatro surgieron más tarde las comparsas del diablo y la rica vida cultural de la región.
“Cuando conocí la historia de mi bisabuela, comprendí que no estaba sola”.



Ranking de noticias

DE INTERÉS

Exprese su opinión, participe enviando sus comentarios. Las opiniones aquí registradas pertenecen a los usuarios y no reflejan la opinión de www.eluniversal.com.co. Nos reservamos el derecho de eliminar aquellos que se consideren no pertinentes. Consulte los términos y condiciones de uso.

Para enviar comentarios Inicie sesión o regístrese