La guerra contra las minas

10 de septiembre de 2017 12:00 AM

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La finca Las Marías estuvo abandonada más de 12 años por el conflicto armado colombiano. Un día cualquiera, hace siete años, cuando sus dueños decidieron retornar, se encontraron con vestigios de la guerra, sepultados a poca profundidad. Amenazaban el azar de sus pasos con la muerte.

Cuando prendieron fuego al monte para comenzar otra vez a cultivar: ¡cataplum!, estalló una desagradable sorpresa. El mismo fuego detonó explosivos escondidos bajo tierra. Por fortuna, no hubo víctimas, pero los estallidos fueron una voz de alerta, bajo suelo podía (no: podían) haber más trampas mortales.

Entonces los militares, que antes empuñaban armas, comenzaron a revisar la tierra metro a metro para desactivar minas en esa finca de los Montes de María, donde poco a poco retoña la prosperidad. Es la Agrupación de Explosivos y Desminado de la Infantería de Marina (AEDIM), que hace un 'barrido' para dejar esta zona de Colombia libre de sospechas de artefactos que han cercenado vidas inocentes.

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Saquemos 'cuentas alegres'. Solo la finca Las Marías tiene 22 hectáreas, es decir, 0,22 km2. Un solo soldado desminador puede verificar entre 5 y 10 metros de terreno diario. Es decir, se necesitaría por los menos 22.000 hombres expertos trabajando al tiempo para desminar solo esa finca. Y los Montes de María tienen 2.677 km2.

Los uniformados del grupo de desminado, con detector de metales en mano, día tras día, revisan aquellos sectores que pueden ser considerados peligrosos. Es una labor de sumo cuidado, de riesgo, pero importante para que los campesinos regresen al campo tranquilos.

Lo hacen no solo con equipos especiales y a pie. Hace algunos meses, el grupo, cuya actividad vigila nada más y nada menos que la Organización de los Estados Americanos, tiene autorización de usar un barreminas DOK-ING modelo MV-4, de fabricación croata.
“El barreminas es parecido a un carrotanque. Tiene un rodillo frontal con cadenas de pesos. Lo que hace es arar la tierra a una profundidad mínima de 13 centímetros, los cuales quedan libres de sospechas de minas. En un día hace de 300 a 600 metros. Detrás del barreminas, pasa un grupo de desminadores terminando de revisar que el territorio esté 100% libre. Somos la primera y única organización de Colombia que puede trabajar con barreminas”, explica el teniente Juan Sebastián Noreña. El vehículo solo se usa en terrenos planos y donde no haya árboles.

- ¿Te has encontrado con víctimas de minas?, le pregunto al teniente Noreña.

-Nosotros tenemos contacto con personas que sufrieron alguna amputación. Tengo un conocido de Zambrano que perdió las dos piernas por una mina. Me impresionó mucho verlo trabajar en su tierra sin sus piernas, sus muñones son muy pequeños, no tiene rodillas, tira machete a ras del suelo como una persona común y corriente, mejor que usted y que yo.

- ¿Qué es lo más complicado?

- El calor. A veces tenemos que recorrer kilómetros a pie con todos los equipos de seguridad encima. Cuando comenzamos, lo hicimos a orillas de la carretera, pero ya estamos siete kilómetros adentro y a veces nos toca recorrer esos siete kilómetros a pie y a pleno sol. Hay zonas que son de muy difícil acceso.

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Volviendo a la finca Las Marías, tanto a esa, como a otras diez zonas donde trabaja el grupo de desminado en los Montes de María, llegan estos hombres con sus rastreadores de metales porque había indicios certeros de que en esas tierras podrían haber minas o explosivos.

“Una vez, estábamos caminando la montaña y nos encontramos la sorpresa en el pie de un árbol, un balón bomba. Entonces llamamos a las autoridades”, recuerda Luis García Luna, uno de los dueños de Las Marías, donde curiosamente las mujeres de tres generaciones llevan el nombre de María y los hombres se llaman Luis. La familia retornó, luego huir de delincuentes que alguna vez intentaron reclutar a uno de los suyos.

La finca, que ya fue revisada está en El Carmen de Bolívar, en una de la zonas identificadas como peligrosas, cerca de la vereda el Cocuelo, donde dos unidades del grupo de desminado tienen sus campamentos.

“Es una de las áreas peligrosas que tenemos. Aquí un paisa, que vino en épocas de conflicto, estaba con un GPS midiendo la finca que pensaba comprar y cayó a causa de una mina. En esa época una tanqueta intentó sacarlo del área pero murió. Es una zona donde un colombiano murió y en la que estamos trabajando. A uno se le eriza la piel cuando escucha de compañeros caídos por minas. Nuestro trabajo es ese, liberar la tierra", asegura Noreña.

El grupo de desminado tiene cinco pelotones que operan en municipios de Bolívar y de Sucre, desde 2014, cuando fue creado. Antes, el mismo Ejército apoyaba esa labor que en otros departamentos hacen otras organizaciones y que es vigilada por la OEA.

“Nuestra misión principal es erradicar las minas y artefactos explosivos producto del conflicto. Antes de ser desminadores humanitarios, éramos combatientes normales, hacíamos operaciones regulares, es una decisión de cada quien estar aquí. Me gusta servir a la comunidad. Este trabajo es sumamente importante y una forma de resarcir el daño que tuvieron en la época del conflicto con las agrupaciones al margen de la ley”, afirma el capitán Jorge Mario Melo Jiménez, quien comanda el grupo.

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