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La hermana Eloísa: una monja vanguardista

Si de algo está orgullosa la hermana Eloísa Marrugo Llamas es de haber formado en valores a generaciones enteras de mujeres durante su larga vida académica en el Colegio Biffi, una institución educativa que mantiene vivos, a pesar de los años, los principios franciscanos.

También la mantiene reconfortada y viva el “orgullo biffeño” que suele acompañar a las exalumnas de uno de los planteles educativos femeninos más tradicionales de la ciudad, el mismo que fue fundado por santa María Bernanda Bütler, la monja suiza que llegó a estas tierras en su misión de peregrina-educadora y que hoy está en los altares exaltada como santa de la Iglesia Católica.
Los que conocen de cerca a la hermana Eloísa saben que es una monja vanguardista, emprendedora, que entendió tan bien a las alumnas del Biffi mientras estuvo al frente del colegio que se puede decir que en muchas ocasiones hasta les alcahueteaba las travesuras y les acolitaba sus proyectos.

Y decimos “entendió” porque por cuestiones de salud dejó la rectoría del colegio Biffi después de muchos años de estar al frente de ese plantel educativo. Hoy, para usar un término militar, puede decirse que está en “uso de buen retiro”.

DESDE VILLANUEVA

Eloísa Marrugo Llamas nació en el municipio de Villanueva, Bolívar, en un hogar donde nacieron 18 hermanos, de los cuales se criaron 14. Ella es la número 17. Su primaria la hizo en su pueblo natal, pero cuando le llegó la época de ingresar al bachillerato fue enviada a estudiar al Colegio Biffi, por allá en el año 60. Después de un corto paso por el colegio Soledad Acosta de Samper regresó al Biffi, donde se graduó como maestra. Para la época se permitía que los colegios graduaran en magisterio, comercio y bachillerato.

Dice que lo que más le impresionó fue la orientación y la pedagogía de mucha exigencia de la comunidad de las hermanas Franciscanas Misioneras de María Auxiliadora, congregación fundada por la madre Bernarda. “Todas las épocas las he vivido a plenitud. De niña fui emprendedora, inquieta, vivía metida en muchas actividades. Ya cuando me iba a graduar de maestra decidí que quería ser religiosa. Me gustó el estado de vida de entrega y servicio de las hermanas”.

Después de superar escollos familiares partió hacia Medellín, de donde llegó como novicia al Biffi. Corría 1970. Se quedó como profesora de catequesis hasta 1976, para irse a Palmar de Varela. De allí fue comisionada por la superiora de su comunidad al colegio Sagrado Corazón de Mompox, con órdenes de cerrarlo por la situación económica. Solo que cuando llegó comenzó a trabajar con la comunidad educativa y sacó a flote al plantel, que dejó de ser femenino para convertirse en mixto hasta hoy.

Al Colegio Biffi regresó en el 82, ya como superiora de la fraternidad. Fue directora del centro nocturno Madre Bernarda, que funcionaba en las mismas instalaciones del Biffi, pero dirigido a hombres y mujeres trabajadores, con la misma orientación franciscana. En el año 2000 la nombraron rectora del Biffi, donde estuvo hasta diciembre del año pasado.

“Fueron 15 años de muchos desafíos. Estuve frente a una niñez muy convulsionada. Fueron como tres etapas: la del 2000 al 2006 eran niñas dóciles; de 2006 a 2013 la familia tuvo nuevos retos, todo cambió con la tecnología. Fueron años muy fuertes tanto en lo educativo como en lo familiar; y de 2013 a 2015 fueron años más exigentes porque las niñas fueron cambiantes por las redes sociales y la tecnología. Y fueron los años del auge del celular, que también se nos convirtió en un reto porque siempre pensamos en la seguridad de las niñas al  portar aparatos de alta gama, además de convertirse en elemento distractor de las clases en salones de 40 alumnas. Eso lo planteamos a los padres de familia y ellos estuvieron de acuerdo. Por eso en el Biffi está prohibido que las alumnas lleven celulares. Tenemos líneas disponibles por si acaso algunas necesitan llamar. Conseguir eso fue otro desafío que supimos afrontar”.

“Sin embargo, no es que estuviéramos de espaldas a la tecnología, porque esta existe en todos los salones con asignaturas con plataformas”. Dice que Dios le dio la gracia se ser una persona futurista, emprendedora, que no le tiene miedo a los cambios.

Dejó el colegio acreditado en el modelo de excelencia y calidad EFQM, nivel 3; durante nueve años consecutivos lo mantuvo en nivel Muy Superior en Pruebas Saber (antes Icfes) y con entre 1350 a 1400 alumnas. También presidió todos los actos de canonización de la Madre Bernarda, con todas las reformas que eso implicó, como la de convertir la capilla en un santuario, así como construir el Museo Madre Bernarda, elaborado con las técnicas más modernas del mundo.

“Hoy pienso que debemos estar haciendo las cosas bien porque muchas alumnas son hijas de exalumnas. También porque la alumna biffeña se distingue donde quiera que esté y eso no lo digo yo. Nuestras exalumnas tienen un perfil diferente, son líderes capaces de transformar la sociedad”, dice con una sonrisa de orgullo.

Piensa que el contacto con tantas jóvenes es lo que hizo que se mantuviera con un espíritu juvenil. “Muchas personas me decían la monja de los ‘inventos’, porque no sé quedarme quieta y no le tengo miedo a ningún desafío”. Tal vez por eso fue que un día se atrevió a organizar en el colegio un concierto, nada más y nada menos que con Silvestre Dangond, entre otros artistas, para recoger fondos para el coliseo. También fue la artífice de una banda de paz músico marcial integrada por las alumnas, que en sus días era notable por los ritmos escogidos y el espectáculo presentado.

También la llena de satisfacción el trabajo ambiental, siguiendo la doctrina franciscana que por años desarrolló, así como el fervor patrio que despertó entre las alumnas con el proyecto de afrocolombianidad.

Hoy está en la casa de descanso  Betania, una institución para personas adultas y religiosas “retiradas”. Sin embargo, pese a sus quebrantos de salud,  está al frente de un proyecto para ampliar el hogar, donde piensan construir un centro de espiritualidad.

“¿Qué si me siento satisfecha del deber cumplido? Claro que sí, y por eso le doy gracias a Dios todos los días. No sabes cuánto disfruté el formar a muchas mujeres de esta sociedad porque sé que donde quiera que vayan se sienten orgullosas de ser exalumnas biffeñas. Lástima que el tiempo no sea suficiente, pero sé que todas conservan la excelencia académica, la sensibilidad y proyección social, así como el liderazgo, que son los ejes del colegio”.
 

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