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La niña de verde que grita en el atentado de Kabul se llama Tarana

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La niña afgana vestida de verde que aparece gritando entre las víctimas de un atentado antichiita en Kabul en una fotografía que recorrió el mundo se llama Tarana, tiene 12 años y se recupera de heridas leves en casa de sus padres.



Tarana ('melodía' en persa) fue ligeramente herida en una pierna en el atentado cometido por un suicida el pasado 6 de diciembre, y que dejó un saldo de 80 muertos. 

Siete personas de su familia murieron, incluido su hermano pequeño Shoaib, de siete años. Sus hermanas Sunita, de 15 años, y Sweeta, de cuatro, resultaron gravemente heridas y se encuentran hospitalizadas. 

El padre de Tarana, Ahmad Shah Akbari, de 37 años y vendedor de hortalizas, no estaba en el lugar el día del atentado, pero su madre, Bibi Hava, aún tiene esquirlas en los brazos y piernas. 

Como todas las niñas, a Tarana le gusta jugar al escondite con sus amigas o con canicas, pero ahora se queda con la mirada fija en el techo, bajo enormes frazadas en una habitación donde el frío se combate a duras penas con una pequeña estufa eléctrica. Vive en el barrio de Murad Khani, en las afueras de Kabul. 

Dice que sueña con ser maestra, aunque en Afganistán entre 1996 y 2001 los talibanes prohibían a las mujeres trabajar, y las niñas ni siquiera podían ir a la escuela. 

Tarana recuerda el día en que fue con otros 16 familiares a ver las manifestaciones del Ashura, una de las fiestas sagradas chiitas, culto que profesa su familia. La joven recordó que se puso su mejor vestido, de un verde brillante, para participar en las fiestas, porque es el color del Islam

Pero el terrible estallido transformó la fiesta en una tragedia. Tras la explosión “cuando pude levantarme, vi a todos alrededor de mí, tirados en el suelo, cubiertos de sangre. Estaba muy, muy aterrorizada”, relató a AFP, que logró localizarla. 

El fotógrafo Masud Hoseini, de la oficina de la AFP en Kabul, llegó instantes después del estallido y captó la foto de la niña, vestida de verde, gritando de terror con la ropa manchada de sangre y las manos abiertas en señal de impotencia y desesperación. Estaba rodeada de montones de cuerpos. 

Entre los muertos y heridos que rodean a la joven se encontraban su hermano Shoaib, su primo Abas, dos otros primos lejanos, Hasan y Sohail, de 3 y 4 años, así como sus tías Nasreen, de 65, Malalai, de 45, y la joven Nazira, de 30. 

“Poco a poco, comencé a reconocerlos, y me puse a gritar, porque vi que estaban muertos o se estaban muriendo”, contó. 

“Ahora mi corazón está roto, mi familia nunca más se reunirá y eso me entristece. Odio este país donde la gente no hace otra cosa que morirse”, dijo. 

En la casa de Tarana también está Khan Akbari, de 27 años y padre del pequeño Abas, muerto en el atentado. Vino a traer algo de té y comida a los padres de Tarana. “Ya nada me importa. Me gustaría que venga otro suicida y me mate”, confesó. 

Zabi Azimi, un familiar suyo, no entiende qué quería el suicida. “Un verdadero musulmán no haría jamás eso, sea sunita o chiita. Había muchas mujeres y niños, inocentes que no tienen nada que ver con la política o la guerra”. 

El fotógrafo Hosaini contó que el suicida hizo estallar los explosivos muy cerca de donde se encontraba haciendo fotos. “Cuando me levanté y se disipó el humo, vi que estaba en el medio de un círculo de cadáveres. Sólo atiné a llorar y a sacar fotos a mi alrededor”. 

En un instante, “me giré hacia la derecha y vi a esa niña, vestida de verde. Cuando ella vio lo que había ocurrido a sus hermanos, primos y familiares, todos a su alrededor, se puso a gritar”.

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