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La odisea de criar cuatrillizos

Ana María Machacón recuerda el día que sus cuatro pequeños enfermaron al tiempo. A todos los llevó a la misma clínica. Ella no podía dividirse “en dos, en tres y menos en cuatro, imposible. Pero me dijeron que no los podían recibir a todos ahí ¡imagínate! Que tenía que mandar a dos para otro hospital. ¿Yo cómo hacía? Dos hijos acá y dos por allá. Al final insistí, convencí a la gente de la clínica y los recibieron en un cuarto a todos. Esto no ha sido fácil”, comenta.

Tan inesperada como única ha sido su experiencia de mamá. En una primera ecografía, vino la alegría hace ocho años: tres corazones latían con fuerza en su vientre.“Llamé enseguida a mi mamá y no me quería creer, mi familia tampoco. Mi esposo estaba sorprendido”.

En una segunda ecografía... ¡Sorpresa! “El médico llamó a la secretaria, le dijo: ‘ven a ver esto’, yo me asusté, pensé que era algo malo, era otro corazón. En mi casa menos creían que iba a tener cuatrillizos. Yo estaba feliz, mi esposo se quería privar. ¡Cuatro niños!”. Entonces, a los siete meses, el 7 de noviembre de 2009, vino el parto.

“Fui a la cita de control, y tenía la presión alta, el médico me dijo que debía dar a luz porque era peligroso para mí, me podía dar un paro o un derrame, yo respondí que no, no estaba preparada para eso. A la mañana siguiente rompí fuente y me hicieron la cesárea”. La noticia del parto dio la vuelta a Colombia. La clínica Crecer se llenó de cámaras, periodistas y hasta cuatro honorables padrinos llegaron al tiempo que muchas promesas de la Alcaldía Distrital.

“ ‘A los niños no les faltará nada’, nos dijeron, y les prometieron hasta universidad. Con tanta cosa yo estaba como aturdida, no podía ver a mis hijos porque me enfermaba, no los asimilaba, me desmayaba cuando los veía así chiquiticos, me los entregaron como a los 18 días. Nacieron con las orejitas pegadas y a todos los operaron de los ojos. Ana Sofía tenía desprendimiento de retina, es la que usa gafas ahora. Nació de 1.100 gramos y llegó a pesar 800 gramos”, recuerda.

Y señala a Ana Sofía, que se esconde un poco tímida bajo una silla, y en ese momento, su hermano Julián se arregla unas gafas de sol estilo renegado; la otra hermana, Ana María, salta de un lado al otro y sonríe. Julio, el cuarto de los hermanos, juega con un balón de fútbol. Todos ahí, en la misma sala.

Tan pronto como pasaron los días, se esfumaron los padrinos honorables, fueron rompiéndose las promesas de la Alcaldía de ayudar a aquella familia humilde con los cuatro bebés.

“Cuando ya los teníamos en la casa, mi mamá, mi papá, mi hermano y una tía se vinieron de Santa Rosa y teníamos una vecina que era la que lavaba toda la ropa, porque a nosotros no nos daba tiempo ni de comer. Mi marido se iba sin comida para el trabajo y mi mamá se puso flaquita, se enfermó del cansancio. Los alimentábamos de a dos a la vez. Casi no se dormía. Eso era un caos total, porque todos los días teníamos que salir al médico, el primer año pasábamos en el neurólogo”, comenta.

Entonces vivían arrendados en un segundo piso de San Fernando. Lo que se ganaba a diario su esposo, Julio César Pérez, no les alcanzaba para comprar un solo ‘pote’ de suplemento alimenticio y, ante las promesas incumplidas, acudieron a la ley colombiana para darle de comer a sus criaturas.
“Mi esposo tenía una compañera que es abogada, instalamos una tutela y duró tres meses para que saliera a nuestro favor. Hoy la EPS sigue respondiendo por medicamentos, nos enviaron 30 potes mensuales de los alimentos que recetaba el doctor, hasta que los niños cumplieron tres años. La EPS responde por otras cosas como las gafas para Ana María, se las tiene que cambiar cada seis meses, y por medicamentos especiales”, refiere la mamá de los niños.

La familia de los cuatrillizos vive ahora en Villa Zuldany, una urbanización de casas de interés social, en el sur de Cartagena. Llegaron ahí beneficiados por un subsidio de vivienda de una caja de compensación familiar y un préstamo que aún pagan al banco. En la pequeña vivienda, la madre de los niños montó un modesto salón de belleza, para ayudar a su esposo con los gastos del hogar y la abuela de los menores sigue ayudando a criarlos.

“Siempre nos hicimos la pregunta, ¿en qué quedaron los padrinos que mandó la Alcaldía? Hasta dijeron que firmarían un acta para garantizarles educación superior. Hubo un tiempo que pusimos una tutela en la Alcaldía, preguntando en qué habían quedado esas promesas, pero no obtuvimos respuesta. Con la educación, fui a la misma Alcaldía, dijeron que no podían ayudarme. Después, duré dos semanas yendo a la Secretaría de Educación, y ahí fue que me colaboraron con unas becas para que estudiaran en el CDA que está aquí cerca. Ahí cursan cuarto grado. Las dos niñas ocuparon los primeros lugares, son muy inteligentes, les enseñaron a leer a sus dos hermanitos”, explica Ana María.

“Ahora hay que saber sobrellevarlos. Cada uno tiene su personalidad. El más difícil de todos es Julián, tiene un carácter fuerte, Ana María es un poco más tímida y amorosa, Julio y Ana Sofía son bastante inquietos, pero también amorosos, juguetones como todo niño. A medida que crecen las cosas son menos difíciles. Lo bueno de todo es que son cuatro tareas igualitas del colegio, así que cuando toca hacer las tareas, se hace una sola para todos cuatro”, dice, entre risas, la mamá de los pequeños de 7 años.

“Por la mañana, cuando se levanta uno, se levantan todos, así también a veces se enferman todos al tiempo. Es una experiencia bonita porque es un milagro y es una bendición, pienso yo, y cuando los veo, me enorgullezco, hubo obstáculos pero siempre salimos adelante. A veces me preguntan, ¿cómo haces con cuatro niños? Yo digo, todo lo mando a Dios, y Dios todos los días nos manda una prueba, para ver si la soportamos”.

CUMPLEAÑOS POR CUATRO
“El primer cumpleaños se los celebré en grande, todo fue regalado. El segundo también, pero ya después, los demás cumpleaños les he comprado su torta y comparten con los amiguitos. Pero todo el año ellos están muy pendientes que llegue el 7 de noviembre”, cuenta Ana María sobre la fecha más feliz de todo el año en su casa, el cumpleaños del pequeño regalo multiplicado por cuatro que la vida les regaló.

Madre de tiempo completo
“Tenía tres años con mi esposo y yo no había podido quedar embarazada, entonces fui donde un médico especialista en el Centro, me hicieron unos exámenes normales, de rutina, salió que tenía la prolactina alta. Al mes quedé embarazada, no alcancé a hacerme un tratamiento como tal”, refiere María sobre su embarazo. Después de que se enteró que tendría cuatrillizos se retiró de su trabajo de asesora de ventas para dedicarse de lleno a sus niños.



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