Indicadores económicos
2017-02-27

Dólar (TRM)
$2.886,52
Dólar, Venta
$2.848,00
Dólar, Compra
$2.680,00
Café (Libra)
US$1,66
Euro
$3.062,30
UVR, Ayer
$244,39
UVR, Hoy
$244,48
Petróleo
US$53,99

Estado del tiempo
2017-02-27

marea

Marea min.: -13 cms.

Hora: 18:20

Marea max.: 9 cms.

Hora: 11:30

Dirección viento: Norte

Intensidad viento: 33 a 42 kms/h

Temp. superficial del mar: 28 ºC

oleaje

Cartagena-Islas del Rosario: 2.0 a 2.8 metro(s) de altura

Estado

estado
Mín. 24 ºC
Máx. 32 ºC

Pico y placa
2017-02-27

Hoy no salen los vehículos con placa:

Vehículos Particulares

De lunes a viernes 7 a.m a 7 p.m

3 - 4
Taxis
7 - 8
Motos
0 - 2 - 4 - 6 - 8

La patrullera Kelly Mulford no se le arruga a nada

-A A +A
 

Entre la ternura y la fuerza hay una frágil línea. Ahí está Kelly Mulford.
¿Quién lo diría? Está detenida ahí, con su ternura, en el grupo de choque de la Policía Nacional en Cartagena, porque así lo quiso, así se soñó un día y lo hizo realidad.

El grupo de choque es una fuerza de apoyo que aparece ante cualquier “chicharrón” en la ciudad. Son los policías que llegan cuando ya el vándalo está alzado en tragos, cuando la pelea de pandillas está “caliente”...cuando en lugar de pájaros vuelan botellas. “Aquí en Cartagena, sobre todo, vuela mucha botella. Más que en otras partes” ––cuenta––.
Y lo dice porque en una de las tantas noches que ha estado de turno, la “bautizaron” con un “tramacazo” en la espalda, en una madrugada de esas oscuras, donde el alcohol hace de las suyas y el control se esfuma en algunos sectores de Cartagena.

Kelly lo recuerda como si lo estuviera viviendo. De Loma Fresca, en las faldas de La Popa, avisaron que un toque de picó se ponía color de hormiga. Ella llegó con sus compañeros del grupo. Requisó a los que notó sospechosos, evaluó el pasado judicial de algunos, pero no hubo a quién llevarse. Lo que sí hubo fue un cruel botellazo en su espalda, porque al acabar la diligencia ella fue la última en subirse a la moto de patrullaje. Solo se escuchó el golpe seco de la botella y los incontables los trozos de vidrio que cayeron en el suelo, y a Kelly le quedó algo más: el dolor por el hematoma que le sacó el desgraciado totazo. Dice que la botella era de un litro. Usaba chaleco antibalas y casco, por eso la cosa no pasó a mayores.

En los barrios que visitan ––San Francisco, Fredonia, toda la Vía Perimetral y otros–– son más los enemigos que los amigos. Gracias al cielo ––dice Kelly–– siempre encuentran al menos una persona que ayuda. “Se metieron por aquí, la olla de vicio está allá, escondieron la pistola en la casa de no sé quién. Hay personas que colaboran con ese tipo de información, pero la mayoría de veces no”.

Situaciones así las vive a diario, pero ella va “pa’ las que sean”. Es la única mujer de los 32 del grupo de Cartagena. Sabe actuar con dulzura y delicadeza, pero también con el carácter que amerita cada situación.

“La gente a veces me llora y me cuenta su triste historia. A mí se me ablanda el corazón. No le puedo negar que por ese lado me falta malicia. Me conduelo de muchos”, ––cuenta––.
Hay estímulos para los policías por cada captura. Les dan regalos o días de descanso adicionales por encontrar un arma de fuego o por dar con delincuentes muy buscados.
Aunque no niega que le gustan los estímulos, Kelly asegura que trabaja para el beneficio de la gente. Cumple además con labores de protección en las afueras de los bancos, hace las veces de escolta y acompaña en cualquier suceso diario que se requiera.

“En el grupo de choque contribuimos a que se haga justicia. Hemos visto, por ejemplo, a una madre llorar por su hijo porque un ladrón se lo mató o al niño que le mataron al papá. Eso nos motiva a luchar para encontrar a los malos y que paguen por sus crímenes”, manifiesta tajante.

***

La ternura de Kelly no es gratuita. Quienes “pagaron” el precio por su dulzura fueron sus papás, Olga y Roberto. La criaron en un hogar cariñoso, donde nunca faltó nada y siempre se enseñó el valor de la familia. Kelly es la única hija mujer. Tiene dos hermanos. El balde de agua fría cayó, más en Olga que en Roberto, al enterarse de los planes de su hija de ser policía. Nunca le dijeron que no, al fin y al cabo, era su sueño. Un sueño respetable.

“Mi mamá, como toda madre, me dijo: ‘mija, ser policía es peligroso’. Mi papá me ayudó en el proceso para aplicar a la Policía y bueno, llevo dos años en la institución, los últimos ocho meses en el grupo de choque”.

El metro cuarenta y tres centímetros que mide le fue suficiente para ser aceptada en la institución y comenzar a prestar servicio a la comunidad. Ah, porque entre otras cosas, hace diez años, a las mujeres en la Policía no las aceptaban si no medían más de un metro con cincuenta centímetros.

El camino que le espera es largo y escabroso, en esencia, por sus objetivos. Quiere que la llamen comisaria. El último rango en su proceso de ascenso. Es patrullera, pero desea ser algún día subintendente, intendente, intendente jefe, sub comisaria y comisaria.

Dios y una licra, franelilla, camisa manga larga, pantalón dril, chaleco antibalas, casco y botas largas, son sus acompañantes cada mañana al salir a la calle. La vestimenta es apta para guerrear. Puede corretear, saltar o moverse con facilidad por si toca salir “embalada”.

Para entender los sacrificios que hace la patrullera Kelly, hay que vivirlos. Es meritorio el simple hecho de exponer su vida por otros, de dejar a su familia, su pueblo (Soledad, Atlántico) y a su pareja, por un sueño común: pelear por la seguridad de una nación.

Y sí, no voy a tapar con un dedo los abusos policiales que ocurren, que hay policías que están siendo procesados por operaciones ilegales. Pero debo admitir que es el organismo estatal que nos protege y en él hay personas que han dedicado su vida a ayudar a otros. Es un infortunio que se haya “inventado” la violencia y que alguien tenga que contrarrestarla.
Para combatirla, nacieron mujeres como Kelly. Mujeres de sol a sol, que abrazan una causa y no la sueltan hasta que se cumpla el objetivo. Que les mueve la necesidad de un niño, de una madre, de una mujer. Y les ayudan.

¿Con qué actitud sales de tu casa todos los días, sabiendo que de pronto te toca oler (ver) la tragedia, o, tal vez, vivirla? –– pregunto––.
-Nunca pienso en que lo malo pasará. Mi actitud es siempre positiva. Confío en que Dios me cuida. Y bastante –– contesta ––.

Vive en un mundo de navajas, cuchillos caseros, armas de fuego. Lo bueno es que en ese mundo también encontró, entre otras bonitas sorpresas, a un niño cuyo sueño era darle un beso a una mujer policía. Cierto día, ella estaba en la Vía Perimetral, controlando una pelea de pandillas en el barrio La Candelaria y en un momento de calma se encontró con el pequeño Kylie, que no tuvo reparos en manifestar su sueño, transparente y puro. Ese beso, ese segundo de inocencia, bastó a Kelly para ratificar lo que sabe hace dos años: vale la pena luchar por Colombia.

Notas recomendadas
2411 fotos
67649 seguidores
Exprese su opinión, participe enviando sus comentarios. Las opiniones aquí registradas pertenecen a los usuarios y no reflejan la opinión de www.eluniversal.com.co. Nos reservamos el derecho de eliminar aquellos que se consideren no pertinentes. Consulte los términos y condiciones de uso.

Para enviar comentarios Inicie sesión o regístrese