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La pena moral de San Francisco

No ha querido irse. O no ha podido. Una grieta de al menos cinco centímetros de ancho atraviesa del techo al piso la pared de una habitación. También hay otras que parten la sala, y el suelo de la terraza tiene la forma de una ola a punto de romper contra la orilla y derribarlo todo, de una vez por todas. Pero Antonio Corrales no ha querido irse de aquella casona vieja en la calle de Los Fundadores, de San Francisco.

“Yo sigo aquí porque si hubiera salido estuviera igual que los demás, mendigando 200 mil pesos de un subsidio de arriendo irrisorio, que no alcanza para nada. (...) Salimos de aquí cuando se nos pague”, se explica para justificar que permanece en una de las pocas casas que sobrevivieron a la falla geológica del sector Las Lomas.

Antonio no se ha despedido de su casa, pero sí ha despedido para siempre y con dolor a varios de los vecinos del barrio al que llegó hace más de 25 años.

“Notablemente sufrieron un trauma psicológico que les fue afectando lentamente y los fue matando. Como le pasó a mi amigo Albeiro, a mi amigo lo mató el estrés, esperando y esperando, él era comerciante y su negocio se vino abajo (...) La gente se desespera de tanto esperar, hasta yo mismo me he enfermado de los riñones. El tejido social de aquí se dispersó totalmente”, cuenta.

En agosto de 2011, la tierra se movió en parte de este barrio de las faldas de La Popa, tan lento que a los ocupantes de las viviendas les dio tiempo de salir antes de que sus casas agrietadas se fueran al suelo, dejando a cercade 4 mil afectados. Y entonces comenzó la “batalla legal” de la que habla Antonio para hacer valer sus derechos. Y las protestas de los damnificados pidiendo pago de subsidios de arriendo, constantes año tras año. Y el dolor de la muerte que se ha llevado a varios, sin que pudieran recuperar lo que perdieron.

En la emergencia, no hubo víctimas mortales. Pero en San Francisco aseguran que los muertos han venido después. En el barrio se dice que la pena moral por perderlo todo, por saberse desprotegidos… esa desilusión al separarse de sus familias, enfermó y mató a más de un adulto mayor. Tal vez sí, tal vez no, lo cierto es que se han ido y con ellos han enterrado sus ilusiones de recuperar por lo menos algo de la vida que perdieron cuando todo se derrumbó. “Ya van 170 muertos de pena moral esperando que se les pagara su casa”, se leía en un cartel de una reciente protesta de damnificados en el Centro Histórico de Cartagena. Claro, no hay forma de comprobar la exactitud de la cantidad ni que la causa sea esa: pena moral. Aunque Antonio afirma que existe una lista donde tienen anotado cada caso.

***
“Emocionalmente se afectó, mi abuela pensaba mucho en cuándo se iba a ir de aquí y todavía es la hora y nosotros no hemos salido. Eso la fue afectando, la fue deteriorando, de tanto pensar, ya no tenía cómo obtener dinero. Hasta que llegó el punto que un día le dio un preinfarto, la hospitalizaron y duró un mes en UCI y ya. Murió de una isquemia cerebral. Tenía 78 años, pero se valía por sí sola”, recuerda Nevis Quintana.

Su abuela era Victoria Helena Julio de Payares. Por 20 años la cartagenera vivió en Venezuela. Iba y venía. Trabajaba duro un tiempo, ganaba dinero y lo invertía en construir su casita, en la calle de Los Fundadores, de San Francisco. Cuando finalmente la tuvo lista, regresó por completo a Colombia y no volvió más al país vecino. La vivienda aún está en pie, cerca a la de Antonio, pero también afectada, en riesgo y, lo que es peor, habitada.

“Yo trabajaba aquí mismo en la casa, vendía minutos, hacía fritos, a raíz de que se cayó todo eso, se acabó. Se le acabó a uno la tranquilidad. A raíz de esto mi abuela se vio afectada, casualmente el 23 de abril tuvo cuatro años de muerta, le afectó bastante, ella era la cabeza de la familia, ya la familia no es lo mismo. Nosotros queremos salir de aquí, pero cómo hago, yo soy sola con mis hijos y ese subsidio de arriendo no alcanza”, afirma Nevis.

Y recuerda: “El día que ocurrió la tragedia, la casa se nos llenó 50 centímetros de agua y nos tuvieron que sacar los bomberos de aquí a media noche, era como a la 1 de la madrugada, con mis dos hijos, mi abuela y yo. Nos llevaron para el Centro de Vida, luego pasamos mes y medio en un albergue en un colegio. Ella tenía susto, tenía temor, le pedía a Dios que le ayudara a salir de todo esto, pero no”.

Y así, un caso tras otro. “En esta, que era la calle de Los Fundadores, ya han fallecido varias personas, te puedo mencionar a María Mercedes Cassiani Vanegas, Luciana Vega de Toro, Sulma Cota de Julio, Isabel Padilla, Manuela Iriarte, Teresa Bermúdez, Argemira Múñoz Pinto, Carmen Correa Polo y Ana Flores, que era la lotera de la comunidad, entre muchos otros en toda la comunidad de las más de 500 y pico de casas que se derrumbaron. Muchos se enfermaron y sufrieron de depresión”, afirma Valentina Torres, otra líder y damnificada del barrio que aún sufre por aquel desastre inesperado.

En San Francisco dicen que a veces la pena no se ve, pero siempre mata.

Fallo Pendiente
La batalla legal no termina. Aunque una acción judicial fue fallada después de cuatro años de espera y condena al Distrito y al Ministerio de Vivienda a pagar los daños morales y materiales causados por la falla geológica, las víctimas creen en que la sentencia fue insuficiente y tiene falencias. Por esta razón apelaron y el caso pasó al Tribunal Superior Administrativo de Bolívar. “En el primer fallo la juez dejó por fuera a más de 3 mil personas. Somos 4.500 personas que estamos dentro de la demanda, da un total más o menos de 750 casas, que es lo que había aquí; 550 del Instituto de Vivienda y 156 en este corredor de la calle de los Fundadores. Además solo reconoció el daño moral a 1.669 personas y el daño material solo a 270 casas, donde son 750 casas”, dice Antonio Corrales.



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Comentarios

Respeto el dolor ajeno, sin

Respeto el dolor ajeno, sin embargo censuro la forma en que personas utilizan su condición para despertar lastima en los demás. No se puede seguir en el error de que otros deben solucionar nuestros errores. Existen barrios en esta misma condición y las campañas para desalojar, no invadir, no construir, no arrojar basuras por el tema de inundaciones son de conocimiento; en fin, no se aprende.

San Francisco

Buenos días, TYR. Esos terrenos no fueron invadidos, de hecho, la mayoría de las casas las costruyo el Instituto de Vivienda.