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La sorpresa mal empacada

¿Quién regalaría un despertador el Día de la Madre? En algún lugar recóndito de Bolívar, a Karen* se le ocurrió hace varios años sorprender con ese particular detalle a su mamá.

El reloj era cuadrado y azul, más desabrido que una concha de papa. Ella ahorró semanas completas para comprarlo, quién sabe cuántos dulces y bolis dejó de comerse para reunir los diez mil pesos que le costó. ¡Cuántos recreos “limpia”! Bueno, lo cierto es que ese domingo especial llegó emocionada donde una tía política suya, ella la ayudaría a envolverlo, a poner el toque final. La señora lo empacaría en papel celofán. El celofán, años atrás, era protagonista en el Día de la Madre, sobre todo en los pueblos. En las misceláneas abundaba en todos los colores: rojo, verde, azul, amarillo.

A Karen ni siquiera le alcanzó para la tarjeta, así que el envoltorio debía quedar hermoso...y quedó. Solo un pequeño detalle opacó al papel celofán: un comentario de la tía. “Ajá, ¿y tú para qué le vas a regalar un despertador a tu mamá? ¿Para que se levante más temprano a hacer los oficios?”, dijo. La muchachita solo pudo sonreír tímidamente. Le dio tanta pena que se puso roja como un tomate, pero al fin y al cabo le llevó el regalo a su mamá. La señora lo recibió contenta, de todas formas era un regalo.

Quién no recuerda las tarjetas con mensajes, algunas sonaban al abrirlas, por lo general con la bagatela Para Elisa, de Beethoven, o la melodía de la popular Lambada, pero a Karen le pareció más original el despertador.

Hay regalos que parecen más bien una bofetada machista o manifestaciones de pésimo gusto: juegos de ollas en diferentes tamaños que organizaban a manera de pirámide, vajillas, vasos, jarras, pocillos y cuanto utensilio se pudiera necesitar en la cocina. También había cosméticos: talcos Ámame u otros económicos con motas para aplicar, perfumes, cremas corporales, productos para el cabello y, por qué no, desodorantes y jabones de tocador.

Pero... ¿qué opinan las madres?
“Para toda mamá los regalos de los hijos son lindos”, dice Mirtha*, madre de una sola hija. Sin embargo, no falta el “pero”. Ella considera que “los peores son los que le sugieren a las mujeres que tienen que hacer oficios caseros”, por ejemplo: planchas, licuadoras, lavadoras y otros de ese tipo, que en los almacenes de electrodomésticos ofrecen con supuestas promociones y bajo la algarabía de locutores, como si se tratara de un “Todo a $500”.

Virginia* reside en el barrio Olaya Herrera, al pie de la Ciénaga de La Virgen. Su casa es muy humilde. Allí vive con su marido, dos hijos y tres hijastros. Su sueldo como empleada doméstica y lo que gana su marido vendiendo pescado en el mercado de Bazurto no les alcanza para comprar lujos, da apenas para comer.

A ella, aunque se inclina por un regalo para ella y no para la casa (como los electrodomésticos), le parece que una lavadora es buen regalo, pues, a falta de una, le toca lavar a mano. Ni lo uno ni lo otro, solo recibió un juego de vasos que le dio su hijo mayor, de unos 17 años. Ella, por supuesto, aprecia el gesto.

En el mismo barrio, pero en mejores condiciones económicas está Eucaris. Vive en una calle pavimentada, su vivienda es de dos pisos y tiene buenos acabados. No es que sea rica, sin embargo, tiene lo necesario para vivir. Contrario a Virginia, no le hace falta una lavadora, una plancha o una licuadora. Ella afirma sin titubear que el Día de la Madre los hijos deben obsequiar otro tipo de detalles.

Un reloj, una pulsera, aretes, bolsos, ropa, zapatos, algo que de verdad sea para ellas. Señala que si no tuviera lavadora, no le gustaría una como regalo en el Día de la Madre.

“A mi mamá una vez le regalé ropa interior y para ella fue una ofensa”, comentó José*. Así que descarte esta opción si la tiene en mente. La señora pensó que su hijo sobrepasó los límites de lo íntimo.

Para el Día de la Madre siempre se escucha a la gente preguntar qué regalar. Algunos “tiran la casa por la ventana” y se lucen con buenos regalos. Otros son más modestos. Cada quien regala de acuerdo a su poder adquisitivo, lo importante es pensar en ellas y hacerlo de corazón, en eso coinciden todas las fuentes de esta página.

El único consejo que se le ocurre a José es el siguiente: “asegúrate de que si le vas a regalar un viaje no sea para ella sola; si le vas a dar cremas, que no sean para las arrugas; si le vas a comprar ropa, bolsos o zapatos, que sea del gusto de ella y no del tuyo, y nunca le obsequies un electrodoméstico a menos que ella te lo pida”.

*Nombres cambiados

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