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La vida bajo una extorsión

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Parece que me hubiera caído un balde agua fría encima. En ese papel decía que habían investigado quién era yo, quiénes eran mis hijos y qué hacían... sabían todo sobre mí.

Adolfo* empieza a narrar uno de los episodios más terribles en sus 63 años. Hace quince, este comerciante vivió en carne propia el flagelo de la extorsión.
Un día, como lo hacía siempre, se despertó temprano para abrir su negocio. A las cinco de la mañana, al abrir la puerta de su local, encontró un panfleto. Ese papel anónimo, amenazante y descarado se robó su tranquilidad.

Lo asediaba la angustia y lo peor estaba apenas por comenzar. Fueron varias horas de miedo, de incertidumbre, de confusión. A las diez de la mañana sonó el teléfono fijo. Eran ellos, esos delincuentes que no saben cómo se trabaja con sacrificio y honradez para sacar adelante a una familia. Le exigieron diez millones de pesos.

“Entonces me advirtieron que ya sabía lo que debía hacer. Me cayó un estrés, algo raro, yo andaba pero no coordinaba las cosas, estaba confundido con eso, pero lo más traumático para mí fueron las constantes llamadas de intimidación. Ese teléfono timbraba cada dos horas y me ponía muy nervioso. Esa primera noche no dormí”, relata Adolfo.

Pese a su desasosiego, no dudó en contactar a las autoridades. Su esposa, a quien le reconoce el coraje que quizá él no tuvo, se encargó de poner la denuncia y seguir cada paso para el operativo. Fueron tres largos días, los minutos corrían como las horas y las horas como los días. Cada llamada significaba para Adolfo un cambio en su semblante, una sensación de calor que le recorría el cuerpo de manera fugaz y un sabor extraño, o más bien sinsabor, en su paladar.

Los bandidos cada vez pedían menos dinero, de diez millones bajaron a 500 mil pesos. No pertenecían a ningún grupo al margen de la ley, eran unos aprovechados que vieron en Adolfo la oportunidad de conseguir dinero rápido.

El día del operativo llegó y concluyó después de varios cambios de hora y de lugar. Fueron tres de los extorsionistas y la Policía capturó a uno. “Después supimos que entre ellos había una muchacha, que era una de mis clientas, todos los días me compraba y hasta le fiaba. Ella se las daba de enamorada de uno de mis hijos y lo invitaba a salir, pero por fortuna él nunca le prestó atención. Seguro lo iban a usar para sus planes. Gracias a Dios todo pasó, aunque estuve durante dos o tres meses con miedo a que tomaran represalias”, añadió.

El sector más afectado por el delito de la extorsión, de acuerdo con el Grupo Antisecuestro y Antiextorsión de la Policía Nacional en Cartagena (Gaula), es el de los comerciantes con un 41%, seguido de empleados, con 21%; profesionales de diferentes áreas, con 14%; y amas de casa, con un 10%.

Dentro de ese 41% está Belén*, una mujer que, junto a su esposo, montó su negocio con esfuerzo, dedicación y paciencia. En 2014, en noviembre, recibieron la primera llamada y, días después, la primera visita. “Dijeron que eran de la banda ‘Los Paisas’, fijaron una cuota. Ese mismo día fuimos al Gaula pero ellos (los criminales) no regresaron. Cuando creímos que no volverían, en enero del año siguiente, aparecieron otra vez y pidieron diez millones de pesos. Dijeron que si no entregábamos esa suma iban a atentar contra algún miembro de la familia. Eso me tensionó bastante. No puedo lo explicar. Pensamos que podía pasar como en noviembre, pero empezaron a llegar los panfletos y con ellos el miedo y la intranquilidad”.

Con poca confianza informaron nuevamente el Gaula. Cierto día, llegaron seis desconocidos preguntado por los “patrones”. Belén no se identificó y les dijo que no se encontraban en ese instante. “Me pasaron un celular y me dijeron que hablara, que me iban a dar una razón. Otro hombre, en la línea, me preguntó: ¿pensaron que no los iba a buscar más? Y me pidió los diez millones de pesos. Me llevé el celular hacia el monitor de las cámaras, le marqué a los del Gaula y cayeron”.

Cuando creían que todo estaba resuelto, dejaron otro celular. El mismo hombre de la llamada pedía, ya no diez, sino veinte millones de pesos porque debía pagar el abogado para sacar a los muchachos de la cárcel. Pasó una semana sin saber de ellos hasta que vieron a un hombre motorizado que se paseaba frente a su negocio. Belén entró y enseguida se escucharon disparos. Dos clientes resultaron heridos.

“Lloré mucho porque empezaron a amenazarme con matar a mi hijo, que apenas tenía un añito. No teníamos tranquilidad, no podíamos dormir. Tanto fue el miedo que dejamos todo y nos fuimos. A los tres meses regresamos, cuando todo se había solucionado. Pero definitivamente la mejor decisión que pudimos tomar fue denunciar, porque si no es así no te vas a librar de ellos. Acaban con tu tranquilidad, con tu negocio y, si les fallas en algún momento, con algún miembro de tu familia”, cuenta Belén.

Adolfo ya dejó su negocio y cree que no existe la mínima posibilidad de experimentar otra vez esa situación incómoda y martirizante. Belén, aunque siempre está atenta, ahora está tranquila. Ambos tienen claro que la extorsión es como una grave enfermedad, que no se cura sin medicamentos. Y el mejor remedio es denunciar.

La información es la clave
“En un 90% de los casos conocidos por el Gaula, los victimarios aseguraron pertenecer a estructuras criminales, pero al hacer las verificaciones encontramos que se trata de delincuencia común. Lo hacen para generar temor e intimidar a las víctimas. En Cartagena no hay estructuras de crimen organizado dedicadas a la extorsión, son fenómenos que van surgiendo de acuerdo a la oportunidad que van generando las personas cuando no tienen la cultura de autoprotección de la información y la recomendación que damos, sobre todo a comerciantes, es no hacer comentarios acerca de sus éxitos o negocios. Se debe ser prudente en el manejo de esa información”, señaló el Mayor Óscar Eduardo Acosta, comandante del Gaula de la Policía Metropolitana de Cartagena.

DATOS

En lo corrido de 2016, en Cartagena, el Gaula de la Policía Metropolitana ha recibido 88 denuncias por extorsión. Para el mismo mes en 2015, eran 129 y al finalizar diciembre se cerró con 138 denuncias. La reducción de casos este año fue del 32%.

A la fecha se han realizado 112 capturas por el delito de extorsión, mientras que en octubre del año pasado fueron 108.

RECOMEDACIONES
1. Denunciar de inmediato.
2. Recibir las llamadas y tomar toda la información posible (números, fechas y horas de las llamadas, identificación de los extorsionistas).
3. No hacer negociaciones con los extorsionistas sin el acompañamiento y la asesoría del Gaula.
4. No suministrar ni confirmar información a los delincuentes.
5. No comentar a personas allegadas (vecinos o amigos) sobre el caso.

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Comentarios

Necesitamos otro alcalde

Este alcalde sirve para lo que sirven las tetas de los hombres, PARA NADA. En 9 meses no ha hecho nada. Se la pasa pensando en pendejadas, en estatuas, en balleneras, en el bando, en vez de pensar en soluciones a los problemas de la ciudad. Seguro que en diciembre se va para Miami a descansar porque esta mamao de tanto trabajar. Hay que revocarlo, La solución es la revocatoria. LA REVOCATORIA VA