La vida de Rafael Pérez es una décima

02 de diciembre de 2018 12:00 AM
La vida de Rafael Pérez es una décima
Rafael Pérez García compuso la canción ‘Un fuego de sangre pura’, con la que los Gaiteros de San Jacinto ganaron un Latin Grammy. //Foto: Julio Castaño.

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1. Aquel día, ese muchacho veinteañero llegó listo para cantar. Dijo: “Aquí estoy, soy Rafael Pérez”, pero en el Club de Leones, en El Carmen de Bolívar, no le creían. Estaba allí invitado por la periodista Soraya Bayuelo para un conversatorio, pero ella misma, quien no lo había visto en persona antes, dudó sobre la identidad de aquel campesino, al que solo conocía a través de las décimas que enviaba a un programa radial. Por su voz señorial y sus canciones, todos pensaban que Rafael era mayor, uno de esos juglares del folclor de San Jacinto y no un joven de 20 años. “Soraya dijo por radio: ‘Se le invita al maestro Rafael Pérez, de San Jacinto, a que se haga presente’. Primíparo en la cosa, fui y me le presenté. Ella dijo: ‘¡Noooo!, pero yo quiero es a tu papá, el que hace las décimas’. Yo le respondí: ‘Pero mi papá nunca ni chifló, el que hace las décimas soy yo’. A ella nunca se le pasó por la mente que había un joven del campo que hacía décimas”, recuerda. Y es que, a sus 20 años, ya Rafael era un maestro del folclor.

2. En su casa del barrio San Francisco, como en muchas otras de San Jacinto, la verja era de cardón, una especie de cactus, materia prima para hacer las gaitas. Al cardón le quitan las espinas para luego convertirlo en la parte cilíndrica y hueca de la gaita, ella emite ese sonido tan característico de este instrumento musical caribeño. Abundaba el cardón en aquel entonces y, desde pequeño, Rafael Pérez García aprendió a fabricar gaitas, también tambores y a tejer hamacas de la mano de su mamá, Alejandría García. En una extensa familia, décimo de once hermanos, recuerda que es el único heredero de esa vena artística. “Toda esa parte musical nació conmigo”, dice y canta parte de una de sus más de 500 décimas: “Se despoja un cardón de su vestido espinoso y con la palma del corozo se le saca el corazón”, inspirada en el arte de hacer gaitas. Tiene un talento innato y quizá no sea casualidad que el décimo de once hermanos, sea el decimero de la familia.

3. Benito García era decimero. Es uno de los más recordados de San Jacinto. Un día, arreando vacas, tuvo la mala suerte de azotar a uno de los animales con una vara que se rompió y acabó por golpearle un ojo. El golpe lo dejó tuerto y al tiempo también perdió la visión en el otro ojo. Pero siguió componiendo y cantando. Entonces le dictaba las décimas a su sobrino, Rafael Pérez García, quien lo ayudaba pasándolas al papel y buscando algunas palabras en un viejo diccionario. Rafael se convirtió en la mano derecha del tío ‘Beno’, en su guía y, además de ayudarle a componer las décimas, lo acompañaba a presentaciones. “De mi tío cogí bastante. Le transcribí las décimas a mi tío ‘Beno’, él quedó ciego mucho antes de que yo naciera. Mandábamos las décimas a Radio Libertad, en Barranquilla, y salían en el programa ‘Quiero amanecer’, uno se alegraba cuando nos mencionaban en la radio”. Beno murió y Rafael se convirtió en su sucesor.

4. “¿Ves esa foto que está ahí?, es Toño García, mi otro tío. Yo le llamo ‘el Cacique de la gaita colombiana’, ya tiene 88 años, desde ya le informo que el 16 de enero cumplirá 89, vamos a celebrarlo y queremos que todos se vinculen. Es un maestro de la gaita, ya de los últimos juglares de los Gaiteros de San Jacinto, de él saqué la parte esta de la música”, narra Rafael, para indicarme el origen de su talento. “A los 14 años compuse mi primera canción, se llama ‘La unigénita’. Comencé en un grupo de música de acordeón, tocaba la caja y cantaba. Yo tenía la idea de componer siempre desde pelao, me gustaba el verso y esas cosas, improvisaba y eso gustaba. Comencé a beber ron, quién sabe si por andar en esa vaina fue que me retiré de los estudios y terminé el bachillerato ya mayor”, me explica. A medida que componía, comenzó a enviar sus décimas a las emisoras de la región y a los programas, como aquel de Soraya Bayuelo, quien lo invitó a El Carmen de Bolívar.

5. Para Rafael Pérez la inspiración le llegaba como un susurro del viento en el campo, mientras cultivaba junto a su padre, Luis Carlos Pérez Navarro. Sembraba de todo, “por aquí, en Pie de Cuesta, por Las Palmas, coseché tabaco con versos, pero también he hecho décimas de cómo se hace una décima y todo ese cuento”. Recuerda mucho aquella composición sobre las hamacas de su madre o la que hizo para el Festival de Gaitas de Ovejas, en la que habla del festival como si se tratara de una mujer. “Los momentos más buenos para esa cuestión (para componer) son cuando uno se va para el monte en su burrito y comienza hablar con uno mismo”, sostiene. Él tiene un cuaderno en su mente y allí va escribiendo las canciones.

6. -¿Cómo es su nombre completo?, le pregunto. - Yo soy Héctor Rafael Pérez García, pero ese Héctor casi no me lo mencionan, creo que ese Héctor me lo puso fue el cura. Salí de mi casa como Rafael y, en el bautizo, el cura en la iglesia dijo: ‘Vamos a ponerle otro nombre, vamos a ponerle Héctor Rafael’, pero ese Héctor nunca lo he usado. Soy más conocido como Rafael Pérez, soy de San Jacinto, Bolívar, soy modelo 63, a mucho honor. (...) Cuando tenía como seis u ocho años, velaban a los muertos en las casas y la gente iba a rezarle a los santos. Y esas velaciones las animaban con gaitas. Me crié en ese ambiente, siempre tuve esa relación de la música, con estas tradiciones, siempre fui amigo de todos los viejos. Lo único que no me gusta viejo son las mujeres”, relata y ríe.

7. ¿Qué es la décima? Según el diccionario de la Real Academia Española, es la “combinación métrica de diez versos octosílabos, de los cuales, por regla general, rima el primero con el cuarto y el quinto; el segundo, con el tercero; el sexto, con el séptimo y el último, y el octavo, con el noveno”. Para Rafael, la décima lo es todo, como ya hemos dicho, tiene 500 en su haber y más de 30 canciones. Aquí, en esta sala donde estamos hoy, resplandece un Grammy. “Ven y te cuento la historia de este premio. Entre todas las canciones con los Gaiteros de San Jacinto, con los que estuve largo tiempo, se nos dio la oportunidad para inscribirnos para un Latin Grammy. Y fue así como se dio el Grammy en 2007, con una canción de mi autoría, que se llama ‘Un fuego de sangre pura’. Esa canción nació en 1995 y se trata del recorrido que yo he hecho en 20 años en los festivales, cuando los Gaiteros la grabaron, escogieron un verso de la canción para ponerle el nombre. Quedé muy contento y satisfecho”.

8. Hoy, en la misma casa del barrio San Francisco donde creció rodeado de cardón, hay cardón desnudo por todas partes, esperando ser transformado por Rafael García. Él amasa firme sobre un tablón la cera con carbón para armar la gaita, despoja a una pluma de sus barbas para convertirla en un tubo. Hay tambores, llamadores y hasta un universitario bogotano que llegó hace 6 meses para investigar sobre las gaitas. Y hay varios niños que tocan y cantan décimas: “Que viva mi población // que aquí en mi pecho palpita // con sus mujeres bonitas que llegan al corazón // que siga dando el cardón sus bonitas melodías // que el festival sea la guía del folclor sanjacintero // como el canto decimero de Rafael Pérez García”, se le escucha cantar a David, uno de los pequeños.

9. “Estuve unos 15 años con los Gaiteros de San Jacinto, como cantante, verseador, compositor y luego estuve en mi grupo, Tagamachuela, que se deshizo cuando todos nos casamos”, me cuenta Rafael sobre su recorrido musical, aunque también conformó otras agrupaciones y participó en festivales como el Autóctono de Gaitas de San Jacinto, el Festival Tabacalero del Acordeón en El Carmen de Bolívar, el Festival Folclórico de Sahagún, y Festival Nacional de Gaitas de Ovejas, entre otros. Ahora se dedica a sembrar en las almas de los niños ese saber folclórico. Cultiva en ellos la música, las décimas, el canto, los tambores. Les enseña a templar el cuero del tambor, a hacer la gaita y cantar con el alma.

10. Su casa sigue rodeada de música. Creó ahí, hace año y medio, la Fundación Mi Gaita y la Escuela de Música Rafael Pérez. “Yo me siento bien con lo que estoy haciendo. Les enseño a los niños la rima, la métrica, los versos y nada es escrito, todo se lo aprenden de memoria. Espero que esto no se quede solo en una satisfacción mía, espero que se convierta en una escuela de música tradicional de gaitas, donde los niños y jóvenes puedan ser como los Gaiteros de San Jacinto”, me dice. Eso es lo que hace y lo llena de orgullo. Al fin y al cabo, Rafael Pérez siempre ha sido un gran maestro.

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