La vida y la muerte del buscapiés

12 de noviembre de 2017 12:35 AM

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El buscapiés marcó con un velo trágicamente incendiario a las Fiestas de la Independencia. El 13 de noviembre de 1923, una fatalidad explotó en la calle San Agustín, del Centro de Cartagena, porque una chispa se coló en la tanqueta de ‘guerra’ artesanal construida por unos jóvenes cartageneros.

Se dice que el objetivo del ‘tanque de guerra’ era lanzar buscapiés por unos cañones. Pero algo en la ‘ingeniería’ de los constructores falló y un buscapiés hizo estallar la tanqueta repleta de esos explosivos, matando a tres de sus ocupantes. Eran Hernando Román Del Castillo, Rafael Calvo Pasos e Isacc De La Cruz. El fuego tiñó de luto a las coloridas fiestas. 

Fue esa una de las veces que las festividades novembrinas se cancelaron. En 1899, la Guerra de los Mil Días obligó a suspenderlas durante cuatro años consecutivos. En 1918 el motivo fue la gripe asiática;  en 1943, el fallecimiento de Monseñor Pedro Adán Brioschi; en 1965, la explosión de un depósito de dinamita en el Mercado de Getsemaní; y en 2004, la agresiva temporada de lluvias con decenas de damnificados.

A número uno
El filósofo cartagenero Enrique Luis Muñoz Vélez recoge investigaciones sobre las festividades novembrinas en su libro ‘Cartagena festiva’ y menciona que el buscapiés “es un símbolo de la insurgencia cartagenera que nace con la Independencia”.

“La revuelta novembrina de 1811 produjo la independencia absoluta de Cartagena, marca un día cumbre porque se rompe la sumisión de más de 300 años de vasallaje. Las fiestas nacen dentro de un evento político y lo político produjo una confrontación bélica (…). El buscapiés surge como símbolo de ese fenómeno histórico”, comenta.

Existen registros sobre el ‘A número uno’, un tipo de buscapiés de mayor duración y tamaño, lanzado al mercado festivo en 1911, para la celebración del centenario de la Independencia.

“La prensa los promocionó mucho y tuvieron mucha acogida, los vendían en la calle Vélez Daníes, que se llamó calle Ventanas de Hierro. El artesano Martínez construía estos artefactos y los vendía. Eso está documentado en la Gaceta Cartagena de Indias. Para 1930 un orquestador bautizó su orquesta con el nombre de A número uno”, sostiene el investigador Muñoz.

El ‘gamberra’ era otro buscapiés. El significado de la palabra gamberra, según el diccionario de la Real Academia Española, es libertino, disoluto o que comete actos de grosería o incivilidad.

En este caso, el buscapiés gamberra era reconocido por su potencia. Por lo menos, así lo recuerda Ladislao Pastrana Mercado, un toricense que acostumbraba ‘batallar’ con guante de cuero en mano, en las ‘guerras’ de buscapiés del Centro Histórico en los años 70.

“Asistía desde el primer año que comenzó la guerrilla de buscapiés en la Plaza de La Aduana. Eso era una cosa que a cualquiera le daba miedo pero era sano. Era una guerrilla entre los poderosos, que eran los que estaban en los edificios y lanzaban buscapiés desde los balcones, contra el pueblo. Veníamos un grupo grande de Torices. Había en la plaza como 500 o 600 personas. Duraba horas, porque había quienes tenían para comprar miles de buscapiés. Uno se cansaba y sacaba los pañuelos blancos para terminar”, recuerda.

Eran tiempos en que las plazas de San Diego, Getsemaní y el Centro se llenaban de pólvora y grupos de jóvenes se lanzaban buscapiés y se ‘devolvían’ unos a otros, como parte de las Fiestas. “En esa época había respeto. La agresión de la sociedad violenta es la agresión de las fiestas. En el año 70 en adelante comenzaron a aparecer los símbolos de la agresión festiva”, reitera Muñoz.

Paredes derribadas

El mortífero estallido del carrotanque que enlutó a la sociedad cartagenera de los años 20, no ha sido el único cuyo origen es el buscapiés. Aunque sí ha sido el más recordado y mortal. Más recientemente, una colmena del Mercado de Bazurto se incendió por uno de estos artefactos en el año 2006.

El buscapiés, lanzado entre comerciantes, cayó en un depósito de elementos de plástico, en momentos en que un empleado vaciaba pegante de un recipiente a otro, y produjo el fuego sin víctimas que lamentar.

En 2012, las paredes de la casa de Sonia Herrera se fueron al suelo en el barrio República de Venezuela. El inquilino al que doña Sonia le arrendaba una habitación, almacenaba pólvora, al parecer, para fabricar buscapiés.

La madrugada del 28 de septiembre el explosivo estalló, la onda derribó toda la residencia, hogar de unas 18 personas. Ese mismo año, el pequeño *Brayan, un niño de siete años de Olaya Herrera, perdió una falange de un dedo al agarrar un buscapiés lanzado por un vecino.

Hay quienes han defendido a capa y espada  este artefacto como elemento festivo, pese a que su uso ya está prohibido por la ley, por los desórdenes y el peligro que genera. Hay quienes, pese a la prohibición, siguen lanzando buscapiés y tiritos.

Es decir, en teoría, no debería haber ni un buscapiés en las calles de Cartagena, pero en la práctica podríamos ver lo sucedido el jueves en el barrio Manga. La Policía intervino para detener una batalla campal de buscapiés, parecida a aquellas de los años 70.

***
Sin dudas, lo mejor que le ha dejado el buscapiés a las Fiestas de la Independencia tal vez sea aquella indestronable canción del arquitecto Hugo Bustillo, que dice: “Suena, suena, buscapiés…”, un himno que invita a gozarse noviembre. Pero el buscapiés que explota, que descanse en paz.

¿Transformarse?
El economista e investigador Alberto Abello Vives, director de la Biblioteca Luis Ángel Arango, nos explica que no es claro en qué momento de la historia aparece el buscapiés en las fiestas.

“Lo que se sabe es que desde la celebración del primer año de la Independencia de Cartagena, en 1812, a la par de celebraciones eclesiásticas y cívicas hubo también celebraciones festivas muy populares y algunos cronistas señalan que hubo ruidos y explotó pólvora”, señala.

“Yo lo que creo es que, frente a esto la academia y los innovadores, tienen que plantear una alternativa al viejo buscapiés. Así es como se van transformando viejas tradiciones, como van evolucionando muchos de los significados de las fiestas, el significado del buscapiés perfectamente podría ser transformado, sin que se afecte a la población”, concluye Abello Vives.

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