Las 5 mentiras más frecuentes que les dicen a los turistas

15 de octubre de 2017 09:37 AM

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El acento, los vestidos y el color de piel: todo me delata. Tengo una facha de turista que se nota a kilómetros. Estoy convencida de que los locales pueden saber, por la textura de mi bloqueador, cuánto me gano y cuánto conozco a Cartagena.

Todo eso para decir que he sido mártir de todo tipo de mentiras, algunas de ellas en más de una ocasión. Pero vine a salvar el mundo, esta es la definitiva. Que mi experiencia les sirva a otros turistas en sus viajes a Cartagena, porque a Cartagena hay que ir un millón de veces, con bloqueador, con ganas, tiempo y sombrero.

Por eso les traigo este top de mentiras que me han dicho, todo salido de la experiencia, para que no vivan lo que yo he vivido. De gratis.

1.  Lo gratis

Las narconovelas deberían habernos enseñado a todos los colombianos que nada es gratis, ni siquiera las muestras gratis. Pero no, no hemos aprendido la lección y en las playas de Cartagena sí que menos. “Prueba esta ostra, te la regalo”, “te hago un masaje en el pie, a ver si te gusta”, “ponte la manilla y verás que te queda divina”, todas me las han dicho y hecho. La masajista en La Boquilla ni se alcanzó a dar cuenta de que no me gusta que me toquen los pies, y ya me estaba haciendo un masaje despejador de chakras y aliviador de males, aunque yo no paraba de decirle que no más. En este tipo de mentira tristemente a veces solo funciona ponerse bravo o pararse y largarse para siempre de ahí, porque después de que empiece el masaje o te comas la ostra regalada solo te quedará un camino: pagar. Pagar según el marrano. (Al parecer, me creen un marrano con plata).

2. El taxi

Uno pensaría que la carrera en taxi vale lo que vale, pero no. Tampoco es la estafa bogotana de adulterar el taxímetro y que la máquina termine mostrando que uno tiene que pagar el doble de lo que vale la carrera. Aquí la mentira es de frente: el taxi vale un precio si lo preguntas antes de subirte y vale otro precio, más alto, si te subes sin preguntar, y además vale distinto si lo preguntas en costeñol o en cachacoñol.

Después de pagar carreras de 15.000 pesos para llevarme del Centro a Bocagrande (para el que no conoce, es un recorrido de unos 10 minutos) aprendí que hay que preguntar ¿cuánto a Bocagrande?, así, sin saludar para que no crean que uno está recién llegado. Y a cualquier precio que le digan responder que le están cobrando mucha plata, para que le bajen y cobren casi lo que debería costar esa carrera. La carrera mínima en Bogotá cuesta 4.400 pesos y aquí nunca baja de 7.000 pesos para cachacos; sin taxímetro ni aplicaciones, se basa en un medidor incrustado en el cerebro del taxista. ¿La tabla de precios? Escondida lo mejor posible.

Y más de los amarillos: le pedí al taxista que me llevara al Muelle de la Bodeguita, un sábado temprano, y él entendió que iba para alguna isla, así que empezó a ofrecerme tours: que a islas del Rosario, que a Barú, que con almuerzo y sin almuerzo, que con careteo o sin careteo, con visita al acuario, con barra libre… Primero pidió 60.000 pesos por persona por ir a Barú, pero como no le aceptaba la propuesta la bajó a 50.000 y estaba dispuesto a dejarla en 45.000 pesos. El bajonazo en el cobro me despertó todas las sospechas y decidí no comprarle nada, además porque si el tour era mentira o no me gustaba, ¿a quién le iba a reclamar? Después, en la taquilla del Muelle me recomendaron no comprar nada fuera de taquillas, porque casi siempre son estafas.

3.  El Castillo sin guía

Creo que es la primera vez en mi vida que entro a un castillo sin señalización. Con todo lo hermoso que es el Castillo de San Felipe me pareció casi muy costoso que la entrada para colombianos valga 20.000 pesos, pero los pagué porque entiendo que mantenerlo en pie cuesta mucho dinero. Lo que sí me pareció una locura es que no tenga señalización adentro, para saber a cuántos mataron en ese túnel o que desde aquel baluarte veían llegar a no sé cuáles enemigos. Cuando uno compra la entrada no le dicen que el guía es inevitable, por supuesto, pero después de 15 minutos de caminar por la fortificación se hace evidente porque uno no entiende nada de lo que está viendo. Una mentira más para la colección.

4. Barú

Es imposible saber cuál es la empresa más seria estando ya en taquilla. Es abrumadora la cantidad de gente que está ofreciendo algo al mismo tiempo, entonces uno termina comprándole al vendedor que le cae mejor o que más se apropia de tu espacio vital. La mujer, de lo más amable, me dijo que Barú siempre estaba lleno, que por eso me llevaban a un espacio exclusivo donde no había nadie más, solo los de la lancha. Que podía quedarme en el restaurante todo el día y ahí mismo almorzar, tomar el sol, disfrutar del mar. El almuerzo con bebida estaba incluido, así como el transporte: ida a las 8 a. m. y regreso a las 4 p. m., para llegar a Cartagena a las 5.

Y aquí van las mentiras: aunque el tour costaba 60.000 pesos terminó costando 75.000, porque en la taquilla me di cuenta de que había que pagar un impuesto, no incluido en el precio original. La lancha no salió a las 8, sino a las 8:40 a. m. No era un espacio privado, era la misma isla de Barú llena de gente. En el restaurante sí me podía quedar, pero pagando un adicional de 25.000 pesos por silla. Y el almuerzo me lo sirvieron, pescado a medio fritar, y me ofrecían gaseosa y cerveza, por un costo adicional de 5.000 pesos. Cuando terminé de comer entonces sí me sirvieron la bebida incluida. Y el regreso fue a las 3 p. m., después me di cuenta de que por norma es así, pero el tour me lo dijo de tal forma que se diera para la doble interpretación: “el regreso es a las 4”, yo asumí que a las 4 nos montábamos para regresar, pero en realidad era que a las 4 ya estábamos en Cartagena.

5.  “Es por el tamaño del pescado”

Sí, los precios de la comida están regulados en La Boquilla y sí, uno puede pedir que le den la lista de precios y que se apeguen a lo que dice ahí. Pero el turista rara vez lo sabe y cuando no lo sabe se aprovechan. Fue así como terminé pagando en un restaurante al aire libre un pescado por 45.000 pesos, y éramos dos personas entonces la cuenta fue de 90.000, más las cervezas que nos habíamos tomado. Por más que discutí con el tipo, después de haberme comido el almuerzo, que ese precio era como de restaurante de mantel, él insistió que el tamaño del precio regulado es inferior, y que mi pescado valía más.

¿Y qué hace un turista cuando le pasan estas cosas?

Llamé a Corpoturismo para que opinara y desde la dirección de la entidad me aseguraron que solo promocionan la ciudad, pero no se encargan de sancionar ni de evitar este tipo de situaciones, y me recomendaron hablar con la Superintendencia de Industria y Comercio, con la Escuela de Gobierno o con la Alcaldía de la Localidad 1.

Por eso fui a la Casa del Consumidor a denunciar como cualquier ciudadano lo que me ocurrió más recientemente, el felizmente desastroso paseo a Barú. Este tipo de reclamos pueden ser virtuales, por teléfono o físicamente, en este caso frente al Teatro Heredia.

Con todas esas mentiras, imprecisiones, omisiones de la verdad, al final la sensación más espantosa es esa de que me quieren mandar de regreso a mi casa sin un centavo, exprimir cada parte de mi ser y de mi billetera a como dé lugar. Yo siempre regresaré a Cartagena, con las lecciones aprendidas se disfruta más la ciudad, pero siempre que me pasa alguna de estas cosas me pregunto si hay gente que la visita una vez y, por mentiras así, no vuelve jamás. Yo creo que sí.

LOS CASOS MÁS RECORDADOS DE ESTAFA A TURISTAS:

Los franceses

Dominique y René Torá, turistas franceses, son el caso más reciente de estafa registrado. El 5 de mayo de 2017 recibieron una cuenta de 850.000 pesos por dos bandejas de pescado con mariscos, una limonada de coco, tres cervezas y dos botellas de agua. Decidieron pagar 100.000 pesos, pero antes de que pudieran salir de la playa los atracaron y les quitaron todo lo que llevaban. (Lea:Turistas franceses no pagan $850.000 por una bandeja de pescados y los atracan

Los recién casados

Una pareja de recién casados, un norteamericano y una colombiana, tomó un coche en el centro para que les hicieran un estudio fotográfico. Al final del recorrido los cocheros les pidieron 400.000 pesos. (Lea:¿400 mil pesos por un paseo en coche?

El taxi de 100.000 pesos

A un turista brasileño le cobraron 100.000 pesos por llevarlo del Aeropuerto Rafael Núñez a Manga, el pasado 7 de julio de 2017.  (Lea:100 mil pesos le cobraron a brasilero por llevarlo del aeropuerto a Manga

Tres sancochos por 200.000

Turistas caleños denunciaron que en La Boquilla les cobraron 200.000 pesos por tres sancochos, dos cervezas y una gaseosa. Esto pasó en mayo de 2015.

KARINA FERNÁNDEZ REAL
Esta turista mexicana, junto a su amiga Alma Nelly Fernández, fueron víctimas también de varias mentiras. La que ella más recuerda es que afuera del Castillo de San Felipe le ofrecieron un tour en chiva para conocer 8 espacios históricos de Cartagena. Les cobraron 90.000 pesos por persona, pero como se les hizo muy caro se los dejaron en 65.000 pesos. Al final del día solo la llevaron a cuatro lugares, incluidos los Zapatos Viejos y la Torre del Reloj. Aunque les habían prometido dejarlas de regreso en el Castillo, en realidad las dejaron en cualquier lugar en el centro histórico y gran parte del recorrido estaba enfocado en llevarlas a las bóvedas a comprar esmeraldas. En su viaje a Barú también se sintieron engañadas.

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