Las cosechas de Olaya para el mundo

18 de noviembre de 2018 12:04 AM

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A orillas de la Vía Perimetral, en ese cordón de pobreza que rodea a Cartagena, está la pequeña casa de Yarlis Ortiz Morales.

Retazos de baldosas coloridas adornan los pisos, hay paredes azules y anaranjadas, un fresco y sabroso aroma a albahaca cítrica se cuela por doquier, hay muchas plantas. El verde predomina y oxigena el panorama desde el jardín hasta el último rincón del patio.

La señora, de 39 años, llegó a Cartagena desde Luruaco (Atlántico) siendo solo una niña. A los 11 años ya trabajaba cuidando niños “en casas de familias” y, mucho después, empezó su vida como empleada doméstica, se casó y tuvo dos hijos. No pudo estudiar en el colegio y, sigue en ese oficio, labora medio tiempo para una familia de la Urbanización Costalinda, cercana al estadio de fútbol Jaime Morón.

Cada día, cuando regresa a su hogar, en Olaya Herrera, da rienda suelta a su verdadera pasión, las labores del “campo”, ese que ha podido construir en su propiedad, en trojas donde cultiva albahaca, hierbabuena, mizuna, orégano, espinacas, tatsoi, col, mostaza, rúgula y otras plantas.

“¡Todo natural!”, exclama Yarlis, para aclarar que no usa pesticidas ni químicos y sus productos son orgánicos. Acaricia sus plantas, les limpia las hojas secas y hasta las consiente para que “crezcan bonitas”. Esas plantas medicinales y condimentarias tienen como destino final los más prestigiosos y reconocidos restaurantes y hoteles de Cartagena. Sí, en Olaya Herrera, en este sector de La Heroica, se cosechan hortalizas, productos orgánicos prémium y, además, se produce un delicioso pesto, una vinagreta de cilantro y una variedad de tés, todos de alta calidad. “Los chefs, los prefieren porque son productos frescos, recién cortados y naturales. Mire, para mañana tengo listos tres kilos de albahaca”, me dice.

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Agricultura urbana, eso es lo que hace Yarlis. En 2005, los Patios Productivos tenían el objetivo de cumplir con algo que llaman seguridad alimentaria, es decir, garantizar que la gente tuviera comida, que cultivara sus propios alimentos en sus casas. “Pero desde 2010 en adelante se ha convertido en un proyecto comercial que además de comida para la casa, genera ingresos para las familias más vulnerables de la ciudad de Cartagena”, comenta Fernán Castaño Álvarez. Él hace parte de la Fundación Granitos de Paz y dirige el Proyecto de Patios Productivos, que empezaron en esa organización en 2005, se extendieron a otras zonas de Cartagena y ahora “evolucionaron”, por decirlo de algún modo. En todos estos años, el proyecto ha llegado a sectores como Manzanillo del Mar, Tierrabomba, Puerto Rey, La Esperanza, La María y San Francisco. “En la actualidad, 85 familias están comercializando sus productos a través nuestro”, agrega Castaño.

Yarlis es, desde hace 7 años junto a su familia, una de esas agricultoras urbanas de Olaya Herrera que se dedica a esto. “Este era todo mi patio, pero mi hijo salió con su ‘domingo siete’ (embarazó a la novia), y para que no esté por ahí, le cedí ese pedazo. Está parando, haciendo su apartamentico”, me dice para explicarme que dejó a un lado parte de sus cultivos, quitando varios de las trojas, para que su primogénito construyera su casa. Aun así, su casa sigue estando repleta de plantas.

Mientras su esposo repara las trojas, que son una especie de huertas elevadas en mesones, hechas con estibas, donde se cosechan los productos, ella y sus hijos atienden, riegan y recolectan los cultivos. Y, como sucede en el campo, y aunque tienen agua para regar, tienen que rogar por la clemencia del clima y luchar contra las plagas. “Empecé con una troja, pero vi que el proyecto era bueno y seguí creciendo. Con el ingreso hemos mejorado en muchas cosas, contamos con un dinero que no había y, ajá, a mi me gusta la siembra. Trabajo medio tiempo, el resto se lo dedico a mi patio, en estos momentos estamos tristes porque está lloviendo mucho y eso daña las plantas, pero ajá, ¿cómo peleamos con Dios?. Mi esposo me ayuda, y mis hijos también (...) Matarratón y orégano, cuando tenemos plagas eso es lo que utilizamos para fumigar, solo productos naturales”, se explica.

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Muy cerca de la casa de Yarlis, a una cuadra, está la granja de la Fundación Granitos de Paz. Es un lugar amplio, de esplendoroso verdor y con un mar de aromas. Es atendido hace varios años por Rodolfo Ángulo Berrío, de 70 años, y su esposa Adalgiza Palacios, de 56. No solo se cultiva, también funciona como centro de acopio para que los productores urbanos lleven sus cosechas. “La demanda por productos sanos y productos frescos es grande. Somos los únicos productores en la ciudad que ofrecemos albahaca morada y la albahaca cítrica, con la genovesa competimos con otras ciudades, pero la calidad de nosotros es muy buena por la frescura”, me explica Fernán. Entre Olaya y otro sectores de la ciudad, año tras años, cosechan entre 2,5 y 3 toneladas de productos. Este año la producción va por 3,3 toneladas.

“Hemos incursionado en la mizuna roja y verde, son lechugas de origen asiático que hacen parte de lo que se conoce en el mercado gourmet como mix asiático, estamos incursionando en otros productos como tatsoi y los berros”, sostiene. Son 90 clientes, la mitad restaurantes, pizzerías y hoteles,  la otra mitad son personas del común que adquieren kits. Estos kits contienen salsa de pesto, vinagreta de cilantro, 5 productos frescos por 120 gramos cada uno y tés, entre una variedad, que son maquilados por madres cabeza de hogar. Algunos de los productos comenzaron a ser comercializados en Bogotá.

“Los mejores restaurante en la última revista que salió de gastronomía son nuestro clientes, el primer lugar lo ocupó Carmen, el segundo Bohemian, son clientes. También lo son la Cevichería, Crepes & Waffles es un cliente muy bueno para la albahacas, el hotel Las Américas, está el grupo Sultán, Pizzerías Margarita, Delmar, que nos compra mucha rúgula, hay una gran cantidad de clientes. Hay un nicho de mercado muy interesante. Por el tamaño de nuestras hojas el chef tiene un mayor rendimiento por plato”, precisa Fernán. 

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El 60 % de los agricultores urbanos del proyecto son adultos mayores. Varios de ellos, desplazados del campo de zonas como los Montes de María que, en cierta forma, han vuelto a sus labores pero ahora dentro de sus patios.

A los agricultores urbanos también les enseñan culinaria para que usen sus productos en sus hogares. El proyecto tiene un alto contenido medioambiental y recientemente ganó un premio de valor social, entregado por una empresa de energía española, que les otorgó 12 mil euros para seguir financiándolo.

Yarlis Ortiz dice sentirse agradecida porque, además de hacer parte de los patios productivos, la misma fundación le construyó su vivienda, así como a otras 60 familias de su zona. “Esto era de tablas, no teníamos baños no teníamos nada. Por eso yo la mantengo así, cuidada”, afirma.

Los patios de Olaya Herrera y de otras zonas de Cartagena se están transformado y están cambiando las vidas de sus dueños. 

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