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Las Gaviotas y una calle que nunca duerme

La entrada principal de Las Gaviotas despierta cuando se mete el sol. Suena entre luces titilantes, y huele a comida rápida y “orejita de puerco”. También huele a alcohol, a baile y a la emoción de un nuevo encuentro sexual.

Esta calle es … tantas cosas, incluyendo risas y mucho ruido.

Miércoles
De los puestos de comida rápida dispuestos los fines de semana a lado y lado de la calle principal de Las Gaviotas, se ven sólo tres, pero hay varias personas en cada lugar.
José Luis Buelvas es de San Juan Nepomuceno, y  tiene desde hace más de 20 años, uno de estos espacios con su carro ambulante. La pizza es su producto estrella.
Amasa con destreza una bola de harina suave para luego desplegarla sobre la mesa. Hace todo tan  mecánico que en un abrir y cerrar de ojos pasa de amasar, a poner todos los ingredientes sobre su mezcla y luego a meter todo al horno. Tiene las manos empolvadas y habla con propiedad sobre lo que ve en la calle.
Antes, los puestos quedaban más cerca de la Avenida Pedro de Heredia, pero con la construcción de Transcaribe a algunos los indemnizaron y ahora trabajan en otros puntos de la ciudad.

“Esto antes era más sano, no había tantas peleas. Nos quieren reubicar y ya yo no me opongo, antes sí, pero ya no, por ahí estaban recogiendo firmas”, dice. “Vente un fin de semana para que veas el movimiento”.

Pero antes hay que visitar a Fabio Martínez. Es uno de los responsables del local donde la “orejita de puerco”  es la especialidad.
“¿Eso es verdad la oreja del cerdo?”, pregunto. “Claarro”, responde él, divertido por el interrogante. Los comensales están sentados, unos frente a su negocio, y otros del otro lado de la calle, en un restaurante de su propiedad. Es lo más popular que tiene esta calle.

Cuando solo era comida lo que se vendía no había problema. “Ahora viene más gente pero a beber”, explica contando unos billetes. En una moto llega un joven cargando una palangana con unos 10 kilos de yuca cocida.

“Nosotros fuimos los fundadores, en especial yo. Muchos piensan que somos el problema pero no. La gente viene a comer, no a buscar pelas en nuestros locales. Nosotros dejamos esto limpio, tenemos quien nos barra. Eso sí, ahora hay muchos bares gay y han puesto muchos negocios de bebedera”, advierte. Huele a carne asada, pernil de cerdo y sobrebarriga.

“Hubo un tiempo en el que nos quitaron de este lugar y esto era una soledad. La gente tenia que esperar a sus hijos,  hermanos, acá cerca a avenida porque esto era una soledad”.

Suenan taladros neumáticos y se oye cómo el metal atraviesa pavimento y tierra. Del otro lado de la calle, a plenas diez de la noche, hay obreros trabajando en una construcción frente al puesto de Fabio. Parece que van a construir más sitios de ocio.

El comerciante continúa. “Por aquí comienzan a desfilar muchos gays de allá para acá. Con bandas como de reinado, todos vestidos. Los fines de semana comienzan desde las 12 de la noche. Ellos y las mujeres lesbianas. La verdad ellos pasan en su grupo, no se meten con uno y eso sí, son buena paga”.

Viernes
Cuento con los dedos de la mano las discotecas repartidas a lado y lado de esta calle. El “bum bum” se oye en todo el barrio. Son más de las 11 de la noche. Cerca al semáforo, dos chicas de unos veinte años miran de un lado a otro mientras se arreglan el pelo. En short y blusa de tirantes muestran su juventud. Dos tipos de unos treinta años llegan a su encuentro. El saludo se da entre abrazos y golpecitos en el hombro.

Se escuchan en simultáneo unas diez canciones. Hay salsa, reguetón, vallenato, más reguetón, pero en la primera mesa de comidas rápidas de Las Gaviotas, en la parte más próxima a la Avenida Pedro de Heredia, suena una balada de Ricardo Montaner. La calle ya está despierta a las 11 de la noche.
De nuevo, se reúnen los clientes. Pero hoy Fabio no está. Los vendedores se dividen en la semana para trabajar con sus respectivos puestos. 

El “popular” Carvallo es el ídolo de este lugar. Le ponen una salsa. El sujeto se levanta de la silla. Cuando se asegura que todos lo miran empieza a bailar. Sus zapatos toman vida propia entre piruetas y movimientos acompasados. Lentamente el ritmo se adueña de su cuerpo y los aplausos y gritos aparecen. ¡Qué personaje! Son unos diez minutos en los que todo en él se mueve menos su cara, que permanece inexpresiva, como altiva, debido a que sabe que todos admiran su talento. 
La canción acaba. Entonces se quita el sombrero estampado en flores y empieza a recoger los frutos que deja su pequeño show. Está vestido con pantalón amarillo y una camisa negra, ambas piezas de tela brillante, inmune a las arrugas.

“Mis videos están en YouTube, puedes buscarme”, dice. Es de mediana estatura, piel oscura y modales elegantes.  “La otra semana me voy para Nueva York, un gringo me invitó. Me va a pagar todo... le encantó cómo bailo”.

Celebran que esta noche esté aquí, por eso algunos otros clientes lo retan en una competencia. Sacan sus mejores pasos mientras Carvallo se sacude el hombro como muestra de despreocupación. Todos ríen hasta que vuelve a sentarse.

Aquí hasta el que no quiere se acostumbra al ruido de la noche. Las bocinas de los taxis y de los carros particulares crean una sinfonía desastrosa.

No hay quejas por el espacio... pero

Según la Policía Metropolitana de Cartagena,  aunque la entrada a Las Gaviotas colinda con barrios como República de Venezuela, no hay registros constantes de peleas de pandillas ni delitos mayores. Dado que ya se convirtió en “una zona rosa” por el auge de concurridas discotecas, las rondas policiales se hacen con frecuencia en este sector.

Asimismo, pese a que los vendedores de esta área aseguran que se recogen firmas para movilizarlos del lugar, la gerente de Espacio Público, Carolina Lenes, asegura no conocer de ninguna gestión que se haga desde su oficina, para adelantar un proceso de compensación o reubicación de ventas ambulantes en la entrada de Las Gaviotas.  

“Durante esta administración no hemos tenido acercamiento con ellos. De hecho, a raíz del informe de “Cartagena cómo vamos”, donde se conoció que más del 55  por ciento del empleo en Cartagena es informal y que la mayoría de estas personas están en espacio público, nos preocupa que este fenómeno se esté dando y precisamente trabajamos para mirar realmente cuál es la población de ventas informales y de personas que no tienen empleo en la ciudad”.

La funcionaria asegura que el problema radica en las políticas de empleo y desemboca en este fenómeno que se toma las calles de La Heroica.“Hasta ahora sólo hay registros de Bocagrande, Bazurto y el Centro Histórico, pero vamos a extenderlos a toda la ciudad”, explica Carolina.
Y ¿hay quejas? No. Los habitantes de este barrio han acogido sin problema a estos moradores nocturnos que los suplen de alimento y compañía a diario.

Por otro lado, con el ruido del lugar es algo diferente.

Hace poco, según información suministrada a El Universal por el Establecimiento Público Ambiental, EPA, se interpuso una queja en contra de la discoteca “El baúl de los recuerdos”, que está en la calle principal y otra allí mismo en Las Gaviotas, en contra del sitio “Antojitos”, cerca a El Edén.

Para muchos, un paraíso nocturno, para otros, una rutina de la que no pueden escapar.

 

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