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Lecciones de amor para incrédulos

En la foto, Roberto Paternina carga a su hijo Maylon de 11 meses y posa con sus otros dos hijos, Sebastián y José Manuel, frente a la casa que les arrendaron en Arroz Barato. Son las 10 de la mañana y no tiene ni un peso en el bolsillo, no sabe con qué esperará a los niños para comer cuando vuelvan del colegio en la noche, pero se da tiempo de sentir la felicidad que ellos y su esposa le inspiran. Su vida nos enseña cuatro lecciones que no aprendimos en la escuela.

1. Matemáticas
Tras 12 horas de andar por la ciudad buscando qué hacer, Roberto llega a su casa en Arroz Barato con las cuentas precisas para gastar los $6.000 que reunió.

“$1.000 fueron mi almuerzo, una sopa y un arroz; un rollito de espaguetis, la cebolla, el aceite, de pronto un pedacito de menudencia... y algunos $2.000 para un desayuno de pan con café”, calcula y vuelve a contar con los dedos las monedas que guarda en uno de sus bolsillos.

Dentro del pequeño apartamento, su esposa Leonela aplica la resta al darse cuenta de que la comida no alcanzará para los cinco que componen la familia y decide dividirla entre Sebastián, José Manuel y Maylon, los niños de la casa.

2. Proyecto de vida
“Yo puedo dormir una noche con hambre, pero un doctor y un uniformado no pueden dejar de comer ni un día”, bromea Roberto sentándose en la sala, sobre una mecedora destartalada.

Sebastián tiene 9 años y quiere ser policía, porque su papá prestó el servicio en esa institución; José Manuel tiene 8 y será médico. Cursan 4° y 3° en la Institución Educativa San Francisco de Asís, respectivamente. “Los dos quieren sacarnos de aquí”, comenta Leonela, con Maylon en brazos.

Aunque sus condiciones podrían dar cientos de excusas para justificar que sus hijos no estudien, eso ni siquiera es una opción para Roberto. “El colegio es gratis, les dan el almuerzo y queda cerca. No veo por qué no puedan ir a la escuela”, dice lleno de seguridad. 

José Manuel es el mejor de su clase, en cada entrega de calificaciones, lo felicitan. Sebastián es más artista, para conseguir sus objetivos tiene que esforzarse mucho. “Casi siempre se van sin la merienda, pero ellos no protestan. Saben cómo estamos y nos tranquilizan cuando nos ven preocupados”, explica Leonela.

3. Geografía e historia
Sebastián y José Manuel corren descalzos en la plantilla húmeda de la pequeña casa, mientras la imaginación de Roberto vuela hasta Maicao, donde una vez le dijeron que vive su mamá.

“Yo tengo una historia muy larga, que hace que una parte de mi corazón esté vacío. Nací en Montería, al mes de nacido mi mamá me dejó donde mis abuelos y no volvió. Yo estaba muy enfermo y ellos me salvaron la vida, pero nunca me dieron el amor que uno debería sentir en un hogar...”, el tintineo de la luz de la sala le hace volver al presente, contempla un momento la oscuridad y decide levantarse para arreglarlo.

El ‘interruptor’ del bombillo está compuesto por dos cables semidescubiertos que Roberto une para que vuelva la luz. Tras la peligrosa maniobra, él mira a su esposa y los dos se ríen a carcajadas de su cotidianidad.

“Desde chiquito mis tíos me decían que buscara a mi mamá, que yo tenía que buscar a mi verdadera familia, por eso salí desde los 12 y me pasé por varias ciudades pero nunca las encontré, ni a ella ni a mis hermanas mayores”.

Cesar, Córdoba, Magdalena y Santander fueron algunos de los departamentos que recorrió, hasta que encontró a la que hoy es su esposa. Esperaban a su primer hijo cuando tuvieron que desplazarse por amenazas del ELN y llegaron a Cartagena porque aquí vive una hermana de Leonela, pero por los pocos recursos que tenían, solo pudieron arrendar la casita donde todavía viven, aunque están atrasados con el pago de tres meses.

Su vida sigue siendo un caminar, pero ahora recorre los barrios de la ciudad buscando algo en qué ganar dinero. “Yo salgo por aquí, atravieso Henequén y llego a El Campestre, de ahí lo que me encuentre. A veces cuido carros en Bocagrande, también si me encuentro señores carretilleros les digo que les ayudo, que me den alguna moneda”, muchos a los que Roberto les pide trabajo piensan que el dinero es para drogarse, pero eso nunca ha estado contemplado en su vida.

4. Ética y valores

Para entrar a casa de los Paternina Quintero hay que bajar una rampa, el hogar está a casi un metro por debajo del nivel de la calle y a su lado hay una bodega donde guardan herramientas de construcción. El apartamento está compuesto de una pequeña sala, un cuarto y la cocina. En la sala hay una camacuna, el televisor y un minicomponente, dos mesas y un espejo, además de las dos mecedoras semidestruidas que Roberto ofrece con cariño a sus visitantes.

Detrás está el patio, un poco más alto que el piso de la casa. “Esto se llena cuando llueve duro, por eso la plantilla pasa así y también por eso no bajo a Maylon para que gatee”, dice Leonela desde la cocina.

Sentado a la entrada de su casa, Roberto mira a una cámara fijamente. Alguien le pregunta qué mensaje quiere mandar a quien lo esté viendo. Las lágrimas se asoman en sus ojos, como cuando contó que sus padres lo abandonaron, como cuando dijo que en casa lo maltrataban, como cuando lo desplazaron y como cuando se quedó sin el trabajo de vigilante que los tuvo estables por unos meses en Cartagena.

Sebastián y José Manuel siguen corriendo por todo el lugar, Maylon llora y se estira como queriendo ir a los brazos de Roberto. Él lo mira y sonríe, se seca las lágrimas y vuelve a la entrevista: “lo que yo tengo por decirles a los padres que quieren dejar a sus hijos, que las deudas los tienen pensando en matarse… lo que yo les digo es que no se rindan, que no los dejen solos porque cualquier moneda que usted se gane y que sirva para alimentarlos, cualquier plato de comida que usted pueda llevar a su casa, sin importar el esfuerzo, cualquier sacrificio vale con tal de verlos así, corriendo y soñando con un futuro, con una vida mejor que la que a uno le dieron”.



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Comentarios

ESTO SI ES PADRE

La vida le dio duras lecciones, pero el aprendio a dar lo mejor a pesar de esa situacion y a no desfallecer y uno que la vida lo ha tratado mucho mejor, a veces reniega de ella, aprendamos de este señor que si es un excelente padre y un excelente ser humano

Que buen ejemplo

Excelente ejemplo, no rendirse ante la adversidad, Dios permita que algun empresario pudiera leer este reportaje y ofrecerle un empleo y que muchos si pudieran colocar donde contactarlo pudieramos darle la mano