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¿Libertad?

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Petrona* vive entre armatostes viejos. Su casa es un cuartucho de concreto al que arrimó gracias a su única hermana, con quien vive en Olaya Herrera.

No hay comedor, ni muebles...Y a veces tampoco hay comida. Tienen una cocina improvisada, con unos cuantos corotos desgastados. Hay dos platos y dos vasos de peltre, oxidados, traídos hace veinte años de su natal Sahagún, Córdoba.

Petrona duerme en un colchón que le regalaron. El mugre parece tenerlo a él armado. Hay una mesa de noche de cuatro patas, dos de ellas acuñadas con unas piedras amarillentas que tomó de una construcción vecina. Hay un perfume, un talco y un rimero de pastillas. El patio está repleto de pasto biche y corre una brisa suave que trae el olor a caño revuelto.

Es que vive al pie de la ciénaga de la Virgen, en una calle angostísima donde se puede entrar en carro de frente y se tiene que salir en reversa porque no hay manera de voltear. No hay alcantarillado. El agua mezclada con mierda pasa por las terrazas de las 200 casuchas que conté, provocando entre los niños y adultos infecciones.

Ella, de 40 años, es alta, de piel trigueña, pelo rizado y en su cara lleva el lastre de la suciedad en la que vive. Tiene un hongo en su mejilla izquierda, con cuatro círculos blancos inocultables en su cara. 

No tiene padres (murieron hace diez años), ni hijos. Decidió ser “solterona” el resto de su vida porque, según ella, el deseo hacia un hombre (o mujer) jamás se despertó, y tampoco quiere que emerja. Dice que ve a las vecinas que se casan sufrir por las “perrerías” de sus maridos.

Aquella valentía que contribuyó a su decisión de ser soltera y de vivir en el contexto más hostil y sucio de esta ciudad, admite, le faltó cuando empezó a trabajar como empleada doméstica en una casa de familia.

¿Esclavitud en el siglo XXI?

Petrona salía de Olaya todos los domingos para Bocagrande y regresaba cada sábado para descansar veinticuatro horas. A veces ni volvía.

Empezó a laborar y vio en eso la oportunidad para salir del lugar donde vivía. En su trabajo lo tenía “todo”, en cuanto a calidad de vida se refiere. Claro, salir de un barrio donde no hay nada y pasar a una casa donde la nevera siempre está llena es un buen cambio.

Pero...¿y qué si ese “beneficio” se lo cobran caro?

“Vea seño, yo le digo la verdá, ¿pa’ que le voy a mentí, si no tengo por qué hacélo? Yo me despertaba a las cuatro de la mañana a alistá a los niños pa’ la escuela, toda la mañana lavaba pisos y lavaba ropa. Hacía de todo y esperaba que volvieran del ‘colesho’ (así pronuncia colegio) para darles su comida.

“A mis patrones también los esperaba pa’ servirles. Pero yo no podía hablar y tampoco tocar a la patrona. Ella es blanca, mona, alta, como de ‘las’ Europa, pero hablaba golpeao. Tenía un carácter fuerte. Odiaba encontrar algo sucio cuando llegaba. Si veía algo mal puesto, me gritaba y hacía que lo recogiera”, relata la mujer.

Petrona se acostumbró a ese trato. En seis años que vivió en la casa “de cristal” no dejó de ser la aya. “Creo que nunca se aprendieron mi nombre”, dice. Al terminar sus labores, tipo nueve de la noche, era que se acostaba. Diecisiete horas de trabajo, ¿quién puede vivir así?

Los familiares y vecinos con los que hablé en Olaya comentan que ella es generosa, que quizá por eso dejó que el tiempo pasara sin siquiera decir que algo de su trabajo le incomodaba entre sus seres queridos.

En sus seis años como empleada doméstica nunca acudió al médico. Había días que amanecía con dolor en la espalda, unos más que otros, pero no prestaba atención. No tenía seguridad social.

Con el tiempo se fueron agudizando los dolores, había días que ni siquiera podía levantar el cuerpo. Sus empleadores eran médicos ¡qué ironía! La mandaban a inyectarse y el dolor mermaba un tanto, pero llegó un momento en que nada calmaba su malestar.

Sin carnet de salud, la mujer se aventuró con su inclemente dolor y diligenció su Sisbén. Afiliada a una EPS le diagnosticaron hernia discal. “Estas son muy dolorosas y suelen producirse en la región lumbar. El dolor normalmente se describe como profundo y agudo y empeora a medida que baja por la pierna afectada”, explica el médico Germán Tejeda.

Y así lo describe Petrona: “Un dolor desgraciado. De día y de noche”.

En vista de que la mujer estaba tan mal de salud, sus jefes la echaron. No fueron “tan malos” -dice Petrona-. “Le entregaron un miserable millón de pesos para que se fuera contenta por los seis años que trabajó con ellos. Ni siquiera tuvieron en cuenta el sufrimiento de ella”, cuenta la hermana de Petrona.

***

El historiador Aníbal Jiménez considera que aunque la esclavitud como forma de trabajo legal fue abolida en todo el mundo, eso no implicó su desaparición: la esclavitud es una realidad que existe hoy.
La vemos en Petrona y la vemos en todas las relaciones de poder.

“La de ella es una labor tildada de ‘legal’, pero que carece de todo tacto y respeto hacia la vida humana”, precisa Jiménez.

“Salarios míseros, deudas, falta de pago, extensas horas de trabajo, posturas corporales perjudiciales para la salud, grandes esfuerzos físicos, tratos inhumanos, ausencia de descansos, trabas o simple prohibición de abandonar el empleo es la manifestación más clara de que hay maneras de esclavizar y el servicio doméstico que no se presta bajo un marco legal se llama esclavitud”, explica.

Hace seis meses, Petrona fue sometida a una cirugía de hernia discal, de la que no salió tan bien librada.
Estudios científicos dicen que menos del 40% de los pacientes que se operan obtienen resultados satisfactorios, y desafortunadamente, la mujer forma parte de esta lista. Tras la cirugía, su pierna derecha quedó inmóvil, sus nervios del pie están casi muertos. Va todos los días a terapias, gracias a las que ha vuelto a caminar, pero no del todo bien.

Guarda la esperanza de retomar sus pasos, y volver a ganarse el pan con más dignidad. Hay que ver quién se atreve a contratarla, esta vez a sus 40 años. Entre tanto, se concentra, lidia con la pierna derecha que rabia con la puesta del sol y el frío de la noche; y de madrugada se alivia el dolor con el arrume de pastillas que guarda en su vieja mesa de noche. 

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Comentarios

BUENA NOTA

SEGUN LA LEY , A LAS EMPLEADAS Y EMPLEADOS QUE EJERCEN LABORES DOMESTICAS HAY QUE PAGARLES EL SALARIO MINIMO LEGAL , ADEMAS DE PRESTACIONES SOCIALES COMO CESANTIA E INTERESES DE CESANTIA . LOS PATRONES TIENEN QUE PAGAR TAMBIEN LA CONTRIBUCION A PENSION , SALUD , ARL Y CAJA DE COMPESACION . LOS PATRONES QUE NO LO HAGAN SE EXPONEN A UNA DEMANDA Y LES SALE CARISIMO EL PROBLEMA . LO MAS BARATO ES CUMPLIR CON LA LEY Y PAGAR LO JUSTO A LOS SERVIDORES DOMESTICOS