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Liuba María, sentimientos inevitables

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No se trata de sacarle partido a la melancolía para obtener réditos ni de simular sentimientos contradictorios y absurdos para cultivar cierto público.



Los poetas y cantantes como la trovadora cubana Liuba María Hevia son remisos ante ese panorama obvio y previsible, precisamente porque son dados a una melancolía que emerge de la sensibilidad artística de una realidad siempre llena de matices, renuncias, exilios y alegrías acumuladas.

Ayer partió a su natal Cuba, luego de dejar la estela de su música en memorables presentaciones ofrecidas en Bogotá, Medellín, y especialmente en la realizada en Cartagena.

La Plaza de la Trinidad de Getsemaní se convirtió el pasado 26 de enero en una dimensión flexible donde sus canciones evocaron sentimientos inevitables, caminos y preguntas.

No en vano es considerada por críticos y expertos de la canción como uno de los grandes referentes actuales de la cultura cubana, de esa que combina con sutil elocuencia versos capaces de redefinir la muerte y el tiempo en la poesía, que a veces toma la forma de la canción de autor.

Un arte que aprendió recibiendo la sombra de artistas consagrados y mitos vivientes como Silvio Rodríguez, Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina, a quienes conoce y le profesan por igual admiración.

Pero antes de que Liuba María se marchase, y tras lograr una complicidad particular con esta ciudad, hizo, por fortuna, una escala en las oficinas de El Universal, pese a advertir que se encontraba agotada, “con un sueño terrible pero feliz y agradecida”.

Sin embargo, lejos de ser una entrevista, la charla sostenida derivó en una aproximación a un auterretrato para asistir con los ojos bien abiertos a una mujer nostálgica, despistada y “silviana”.

¿De qué están hechas las mejores canciones?

- Pienso que de amores intensos, aunque yo no creo en las cantidades sino en las calidades, las mejores canciones están hechas de encuentros y desencuentros.

Una persona que no te conozca descubre o redescubre en ti la huella de trovadores como Silvio Rodríguez y Pablo Milanés...

- Soy muy “silviana”, lo digo porque hay colegas a los que les cuesta mucho aceptar ese punto, y es que es tan simple... eso además es un honor porque Silvio es la raíz, el tronco y las hojas nosotros somos sombras (risas).

¿Te consideras una poetisa metida a cantante o una cantante indagando en la poesía?

- No me considero poeta pese a que se va a sacar un libro en Cuba con mi obra, mis canciones pueden tener algún tipo de viento con el mundo de la poesía, es más yo soy una deslumbrada por la poesía pero admiro más la línea de Silvio Rodríguez de Pablo Milanés, de Joan Manuel Serrat que son personas muy comprometidas con la poesía que no sólo creaban la suya sino que musicalizaban las de otras autores.

¿Cuál es esa relación tan profunda entre la melancolía y la canción de autor?

- Me considero proclive a la melancolía, mis amigos dicen que soy tanguera... quizá sea porque los trovadores somos melodramáticos, muy diferentes a ese otro artista que canta solamente por patrones para ser aceptado por las multitudes.

El trovador se sumerge más en los charcos... En las sociedades, en la vida, en la realidad, en el andar una ciudad a pie, esa es la diferencia entre un trovador y un cantante formal, excelente y limpio.

¿Qué es la melancolía?

- La melancolía es un encantamiento amoroso, yo lo veo así... incluso cuando se pierde la melancolía en una pareja puede que se esté perdiendo el amor.

¿Qué es la fama?

- Es un foco de luz que se pone encima de ti. Es hacer parte de un entorno que te guste o no te toca, la palabra no me gusta mucho, es una palabra un tanto odiosa. Pero hay también un cariño en la fama que nace a partir del público y tú lo sientes, es como una corriente que viene del público al artista que a veces es más fuerte que la que el artista transmite.

¿Qué es lo peor de la fama?

- Lo pero de la fama es la misma fama, es la falta de privacidad, es no poder ser irreverente como a veces te da el deseo de serlo... como lo puede ser también otro.

Pero también tiene encantos, es ver en los ojos a una gente de pueblo que dice: ‘yo no sé de música pero me encantó tal canción’. Y uno se queda pensando y determina que tiene razón, por algo lo dijo, porque lo que más vale de lo que ha dicho es que no sabe, que no es ni un critico ni un especialista. Creo más en los ojos de un campesino que en la crítica.

¿Qué tal llevas la crítica?

- Creo que la llevo bastante bien, porque yo soy la más critica ante mi trabajo.

¿Qué te llevas de este periplo por Colombia?

- Me llevo las ganas de volver, me llevo la imagen de la memoria popular colombiana.

Hay gente que me ha pedido canciones puntuales que están en mis discos y que algunos discos de esos no se vendieron aquí y ahí es donde te das cuenta...

He visto millones de cosas que me quiero llevar, me han dado muchos regalos, la verdad soy feliz en Colombia prefiero estar aquí que en Europa.

¿Crees que podría nacer una canción de este viaje?

- Creo que sí. De pronto... si me atormenta tanto una idea o me gusta tanto un recuerdo la canción puede salir. Quizá sentada en el aeropuerto.

¿Quién es tu cantante favorito?

Sabes que he tenido la oportunidad de homenajear como yo llamo a las tres “eses”, es decir a Silvio, Serrat y Sabina.

No te puedo decir uno. Serrat... y Silvio, la voz de Silvio me fascina, yo creo que es la voz que necesita ese tipo de poesía, ese tipo de canción. También me gusta la voz ‘rasgosa’ de Sabina para poder decir las barbaridades que dice.

Soy una enamorada de los tres. Si me preguntas una voz te puedo decir que la de Charles Aznavour.

¿Te gusta tu voz?

-Estoy aprendiendo a reconocerla... la voz que yo escucho cuando hablo y cuando canto es una voz que me cuesta trabajo reconocerla. He sufrido durante años pero no me ha quedado mas remedio que conciliarme con lo que oigo, la voz que yo escucho cuando canto no se parece a la que uso, es otra voz, es un dialogo con tus resonadores.

¿Qué canción no puedes dejar de escuchar?

-‘Te doy una canción’ de Silvio Rodríguez, y no lo digo porque sea cubano, aunque sea de Hong Kong lo adoraría.

La escuche en mi adolescencia, es una canción que me mata desde principio a fin.

La puedes escuchar mil veces y mil veces te gusta, es como que la oyes 4 años después y dices: ‘pero coño cómo no me di cuenta que en esta parte de la canción dijo esto’.

Es como descubrir un castillo y vas con un mechero tratando de ver. Eso tiene la buena poesía que siempre te está diciendo algo nuevo.

Para mí esa canción es lo más grande, nada mas arrancar diciendo: ¡cómo gasto papeles recordándote’.

¿Cómo es un día cotidiano?

-Escucho mucha música, soy una mujer solitaria, mis hermanos viven fuera, aunque me siento acompañado todo el tiempo por mi mamá.

Siempre agarro la guitarra y me paso el día tocando cualquier cosa, tengo un local de ensayo donde puedo ir cualquier día y voy a desconectarme un poco.

¿Qué otra faceta, además de la melancolía, tienes?

-Estás hablando con la mujer mas despistada, ese es un rasgo mío, el despiste. Y así me consideran mis amigos.

Es decir que ha trascendido...

- (Risas). Soy muy despistada, pero la gente que quiero y las cosas que me mueven en el alma no se me olvidan, esa es la prueba de amor más grande que puede dar un despistado.

¿Cómo recuerdas tu niñez?

-Yo quería ser adulta, era mejor imaginar ser adulto que ser adultos.

Fui una niña introvertida, de poco hablar. Recuerdo mucho un instante. Tenía 6 años, iba en un bus a ver a mi abuela, ese día fue la primera vez que vi a todo color una guitarra en un parque. Yo sabía que eso lo iba a tocar, fue una sensación que a lo mejor tenía que ver con el despiste.

¿Cómo recuerda a la gente de Cartagena?

-Se han comportado con un nivel de complicidad e incluso hasta de culpa me dicen: cómo no te conocíamos, imagínate tu si yo no vengo nunca aquí pero mas agradecida no puedo estar.

¿Quedan paraísos?

-Sí. Paraísos quizá no como espacios físicos sino como las sensaciones que te puede generar cualquier cosa, un patio de una casa, la mecedora de un abuelo, esos son paraísos bastante personales.

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