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Lo mío fue el boxeo desde pelao: Caraballo

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A Bernardo Caraballo se le veía todos los días - al igual que a Pambelé, al Baba Jiménez y los hermanos Cardona- trabajando como lustrabotas en el Parque Centenario. Quién podría imaginar que estos jóvenes más tarde se convertirían en las glorias más importantes del boxeo colombiano.

Eran muy unidos, andaban juntos la mayor parte del tiempo, se interesaron por el boxeo y fueron cosechando sus triunfos.

Caraballo hoy a sus 70 años nos cuenta que se decidió a practicar este deporte cuando tenía 16 años y la razón primordial de esto fue que para ese tiempo sólo existían dos disciplinas con las que se podía salir de la pobreza y eran precisamente el béisbol y el boxeo.

El boxeo me gustó desde ‘pelao’ porque era el deporte favorito en la ciudad, junto al béisbol, pero es que el boxeo tenía más salida para la gente humilde y resultaba más económico practicarlo, uno nada más tenía que llevar las botas, la pantaloneta y las vendas”, expresó Caraballo.

Explica que en cambio el béisbol implicaba más gastos para ellos por los accesorios que había que conseguir como las zapatillas, el guante y la manilla.

Cuenta que era muy humilde y sólo hasta que realizó sus primeras peleas pudo mejorar su calidad de vida y darse los gustos que jamás imaginó como cenar en los mejores restaurantes del país y llegar a conocer Francia, Filipinas, Tailandia, Japón, , Italia, México, Ecuador, entre otros lugares.

Pero sin lugar a dudas la que más disfrutó de todos esos viajes fue su esposa Zunilda Contreras Ortiz. A ella la conoció en Chambacú y desde el primer momento en la que vio sintió que había una conexión especial que no iba a desaprovechar.

“El papá de Zunilda trabajaba en el Mercado y ella pasaba todos los días con una bolsa de comida, cuando ella pasaba yo le cargaba la bolsa hasta el puente de Chambacú. Hasta que una vez, siendo novios, me pregunta por mi mamá y me dice que la lleve a conocerla, se quedó allá y no quería venirse, ya no podía hacer nada, así eran las salidas de antes, en ese momento se convirtió en mi mujer”, dice, entre risas.

Mientras cuenta cómo se comprometió con el amor de su vida, con quien tuvo cinco hijos, se levanta y toma uno de los cuadros que tiene colgado en la pared. Es una fotografía de Zunilda cuando era más joven, me dice que era una morena muy hermosa y que eso lo impactó desde el primer momento que la vio.

Junto a ese cuadro hay por lo menos otros 20 más, uno pegado al lado del otro, son fotos muy antiguas, placas de reconocimientos que recibió, algunas se ven opacas y a otras ya no se le ven las letras, pero a leguas se nota que son el tesoro más valioso que conserva en su casa.

Vive en Torices en una casa muy sencilla, las paredes son de color naranja y desde la sala se puede visualizar el patio, parece una pequeña finca a lo lejos, hay gallos, gallinas y pollitos que entran todo el tiempo al interior de la vivienda.

A Bernardo Caraballo Rodríguez, le encanta revivir el pasado, cuando se le pregunta por sus inicios en el boxeo baja el tono de voz y narra los acontecimientos con un suspenso como si se tratara de un cuento. Cuenta que de todos los combates que hizo el que más recuerda fue el que enfrentó en Filipinas con Charttchai Chionoi, un tailandés al que le ganó por decisión.

“Después que gané me dijeron que le diera la revancha, pero me golpeó muy fuerte, le dije a mi entrenador que nos regresábamos para Colombia, que yo no iba a dar nada”.

El motivo de no querer darle la revancha a su contrincante se resumía en que fue una pelea dura, golpeó y lo golpearon tan fuerte que por una semana la esposa de Bernardo tuvo que darle la comida, pues el ex boxeador quedó con los brazos tan hinchados y maltratados que no podía  lograr levantarlos.

Sin embargo su triunfo más importante no fue ese, fue cuando le ganó al venezolano Ramón Arias el 2 de diciembre de 1961 en Cartagena. Luego de esa victoria y otras que tenía acumuladas, fue tenido en cuenta por la National Boxing Asociation -NBA- para ser clasificado.

Dice, con una sonrisa amplia en sus labios, que gracias a este combate fue clasificado en el ranking mundial de la NBA, convirtiéndose en el primer boxeador colombiano en figurar en un escalafón universal dentro de los 10 primeros.



Olvidó el nombre del presidente

Fueron muchas las anécdotas que le dejó este oficio, la más peculiar de todas sucedió en el año 1963 en la Plaza de Toros de esta ciudad. En esa ocasión estaba de presidente el doctor Guillermo León Valencia y Caraballo, queriendo dedicarle su pelea al mandatario, cometió un error que todavía le está costando.

“Antes de iniciar el combate tomé el micrófono para dedicarle la pelea al presidente León Valencia y dije: ‘esta pelea se la dedico al presidente de la República’ y, ‘erda’ se me olvida el nombre, y expresé: ‘ese man que está sentado ahí’”, dijo riéndose Caraballo.

“Me salvé porque man significa hombre en inglés y de ahí fue que me agarré, ay pero eso fue un escándalo”, agrega.

Tiene muy buen sentido del humor, siempre se le ve sonriente y con una energía poco común en personas de su edad. También es muy bueno con las fechas, recuerda sin la menor dificultad los datos exactos de cada una de sus peleas y el contexto histórico en el que se dio cada una de ellas.



Reconocimiento

Gracias al boxeo, Caraballo logró ser reconocido, a donde iba la gente lo saludaba y a él le encantaba quedarse hablando con desconocidos que admiraban su carrera, Hoy considera que su humildad contribuyó a que las personas lo quisieran tanto y todavía lo recuerden como un gran boxeador pero ante todo como una buena persona.

“A donde yo iba la gente me conocía, cuando les decían quién era yo, me pedían autógrafos, esa era una cosa señorita que yo nunca pensé ver en mi vida. Pero yo era muy familiar, no era creído, yo atendía a todo el mundo, los humos nunca se me subieron a la cabeza”, comenta Bernardo.



Cuando ganó lo suficiente se dedicó a ayudar a su familia y le compró una casa a su hermano Humberto Caraballo, otra de las personas que lo motivó a decidirse por el boxeo.

  “En 1962 le regalé una casa a mi hermano, me costó mucha plata, $5.500, eso era un poco de plata en aquella época”, explica.

Se retiró del boxeo cuando tenía 32 años, dice que ya había cumplido un ciclo y necesitaba aprender otras cosas y fue cuando ingresó a trabajar a la empresa  Puertos de Colombia.

La situación ha cambiado un poco con los años, hoy Bernardo pasa casi todo el tiempo en su casa junto a Zunilda, la misma mujer de hace 50 años, esa que lo flechó con su color de piel y su estilo al caminar.

Ya no se levanta a hacer ejercicio, ahora se despierta temprano para prepararle el café a su esposa y llevárselo a la cama: “es que la mal acostumbré, yo antes salía a correr, ahora tengo que hacer el café todos los días, y llevárselo a la cama, ya llevamos 40 años en ese son”. Y espera a que sea la tarde para preparar un kilo y medio de arroz sin sal, pues según él, los japoneses, que él llama chinos, son tan fuertes porque no comen sal.

“Ellos (sus nietos y esposa) no quieren creer que la sal es un veneno, por eso es que esos chinos son tan fuertes y duran tanto”, precisa.

A Zunilda le toca esperar que Bernardo se distraiga para poder agregarle algo de sal al arroz porque sino sus nietos no se comen la comida con ganas, todos los días es la misma rutina.

Caraballo ya es un señor de edad, pero es muy divertido, nadie se podría aburrir conversando con él y escuchando el sinnúmero de historias que vivió mientras boxeaba y le daba grandes triunfos al país como ser el primer colombiano en aparecer en el ranking mundial y el primero en disputar un título mundial.

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