Los "fantasmas" de nuestro Caribe

15 de enero de 2017 12:00 AM

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Es media noche. El pueblo está muy tranquilo. Todos duermen cuando, de repente, empiezan a caer piedras sobre los techos de las casas. La gente se levanta despavorida a ver qué ocurre. No encuentran nada, solo las piedras que han dejado huecos e imperfectos en sus viviendas.

La agitada noche por fin termina y es lo único que se comenta durante el día. Llega otra noche y se repite el suceso. Vuelven a buscar y no hay nada, solo piedras. Lo mismo ocurre por tercera vez. Ya la gente especula sobre una “bruja” que quiere atemorizarlos.

Este caso ocurrió hace varios años en el barrio Las Playas, en Soplaviento (Bolívar). La noticia no trascendió a los medios de comunicación, pero sí conmocionó al pueblo. Al final, descubrieron que un joven se subía sobre un escaparate, rodaba una teja de su techo y desde allí lanzaba las piedras. Por eso nadie lo veía.
Algo similar pasó hace varios días en Pasacaballos, corregimiento de Cartagena. En esta población la gente afirma que un “duende o una criatura extraña” los ataca con piedras por las noches, desde el 31 de diciembre, y nos los deja dormir. Han pasado 15 días y aún no se ha resuelto el misterio. Lo cierto es que muchos creen que “el tal duende sí existe”, mientras algunos se aprovechan de la situación para ganar dinero con supuestas soluciones. Otros se ríen y no se explican cómo es posible que en pleno siglo XXI existan personas que crean en esas historias fantásticas que solían contar los abuelos, como la del Hombre Caimán, La Llorona, La Mano Pelúa, Los Negritos, La Pata Sola... O el Duende que menciona Juancho Polo Valencia, compositor de Alicia Adorada, en una de sus canciones:

Yo cargo un duende, duende maligno
yo cargo un duende, duende maligno
ese no duerme, ni me da el camino
ese no duerme, ni me da el camino.

De sombras y espantos
No es solo el Duende que no deja quietos a los pasacaballeros...el Caribe ha visto -si es que existen- nacer sombras espantosas, demonios enfurecidos...Si nos ponemos a buscar en nuestros archivos, encontramos historias más pintorescas que escalofriantes…

En 2011, en el colegio de la vereda La Ceibita, en Cereté (Córdoba), los pobladores contaron que “una niña de 12 años vio la figura de un niño encadenado de pies y manos, luego se convirtió en un hombre con cachos y con ojos rojos, a los pocos minutos y ante la visita de alumnos y profesores era un perro negro, también con ojos rojos, y finalmente se convirtió en una serpiente de gran tamaño que se deslizó por la pared hacia la parte de afuera. Por lo menos 30 personas se desmayaron al ver una extraña criatura que adoptaba diferentes formas”. El titular de la noticia: Vieron al diablo y se desmayaron.

En Lorica, Córdoba, en 2012, también causó revuelo el caso de un recién nacido “poseído por un maligno espíritu”. Su mamá, Ana Feria, decía que el bebé caminaba y se reía como una persona mayor, y que, además, lanzaba miradas intimidantes. Incluso, que lo dejaba en la cama y lo encontraba en la lavadora, en una maleta o en la nevera. El menor tenía quemaduras en sus extremidades, “situación por la que fue advertida de maltrato cuando llevó a su hijo a un puesto de salud porque el cuerpo médico no dio crédito a su novelada versión”, decía la noticia.

Cerca de la plaza del municipio de Santo Tomás, Atlántico, un tendero abandonó el lugar donde funcionaba su negocio porque “las botellas de gaseosa se partían y los productos se movían”. En una de las paredes de la tienda apareció el mensaje: ‘Déjenme en paz’. Algunas personas del pueblo no dieron crédito a lo ocurrido y creen que el hombre inventó esa historia porque debía varios meses de arriendo.

Explicaciones mágicas
“Todo eso hace parte del folclor popular, sobre todo en poblaciones pequeñas. Se generan narrativas o historias que tratan de dar explicaciones a eventos que, de manera lógica, no se entienden en primera instancia o que muchas veces la gente tampoco intenta entender. Entonces, es más fácil explicarlas a partir de esa imaginación mágico-religiosa de lo bueno, lo malo, lo sagrado, lo profano, lo demoníaco”, opina el sociólogo Daniel Aguilar.

El comunicador y cronista Juan Carlos Guardela, que ha investigado sobre las supersticiones y la brujería en el Caribe colombiano, añade que los milagros y las apariciones demuestran que aún está vigente un viejo orden, uno que imperó decenas de siglos y que no fue destruido por el desarrollo de la ciencia de Occidente.

“Gente seria como Piaget, James George Frazer, Carl Jung, Freud y otros consideraron que el fenómeno es más complejo. Jung estimaba que abandonar ese orden de mundo supersticioso fue una pérdida para el ser humano y explica así muchos de nuestros malestares de hoy. El duende de Pasacaballos, así como las brujas de Betulia, y otros casos conocidos, nos sirven para entender las mentalidades de dichas comunidades. No para decir que todos están deschavetados, sino para atisbar que hay aspectos fundamentales del pensamiento y de los seres que no han sido abordados, aspectos que hunden sus raíces en esa gran psiquis comunal, y que van más allá de las necesidades básicas de nuestros pueblos. El caso de las brujas de Salem sirvió al escritor Arthur Miller para hacer un alegato contra la intolerancia y mostrar cómo los puritanos de Massachusetts sufrieron un período de alucinaciones masivas e histeria provocadas por la religión y por la misoginia. Pero hay que hacer una diferencia.

No me refiero a los fenómenos que tienen que ver con brujos embaucadores. Me refiero a situaciones específicas de las comunidades. Eventos de relieve que aparentemente son vistos, escuchados, o sentidos por cientos de personas, como es el caso del duende. Aunque de eso no hay ningún registro”.

Guardela explica que estos hechos ocurren con más fuerza en la Costa Caribe “porque hay una combinación fascinante de varias cosas: una fuerte tradición de este pensamiento que surge de ancestrales herencias del África, Europa y América, unos escenarios históricos en donde habitaron y condenaron a brujas, entornos fascinantes en los cuales aún se escuchan los ‘aparatos’ del monte, y, lo más preponderante, profundos temores que se mantienen latentes en el inconsciente colectivo del hombre Caribe, legado de largas eras de dolor y de malaventura”.

               ***
Esa criatura se aparece en las noches, tiene orejas de vampiro, y tiene patas de cabra. Nos ataca a piedras y cuando le respondemos se va, parece humano, pero no es, porque no se deja ver bien la cara.
¿Cree usted en los espantos?

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