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Miércoles 23 Mayo de 2012 Ediciones anteriores |
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Esta imagen de un hombre fue captada por unos turistas ecuatorianos que tomaban fotos a los objetos de Museo.
Hay un fantasma que empuja en las escaleras.
Gonzalo Zúñiga.
FOTOS ZENIA VALDELAMAR/EL UNIVERSAL/
La Ciudad Amurallada es rica en historias sobre fantasmas, pero los relatos más impresionantes sobre actividades paranormales se encuentran en el Museo Naval del Caribe, donde las apariciones son una constante del día a día.
Y suena incluso lógico para todos los que saben que en ese mismo edificio funcionó el ‘Hospital San Juan de Dios’, lugar que en la época del cólera atendió a muchas personas que posteriormente murieron a causa de esa enfermedad.
“En los patios se pueden encontrar huesos humanos, porque esto era anteriormente un hospital y en la época del cólera las personas pensaban que si tenían contacto con algún cadáver podrían contraer la enfermedad, entonces el patio era el lugar en el que se enterraban los muertos”, cuenta Gonzalo Zúñiga, curador del Museo.
Justo frente del patio principal cuentan que aparece un negro con turbante en la cabeza que se queda mirando fijamente a las personas. Se dice que siempre está en el mismo lugar.
“Varios funcionarios que trabajan en el museo lo han visto y pueden dar fe de eso. Las personas que nos visitan se acercan y nos dicen que se metió un indigente, pero nosotros ya sabemos de que se trata...”, relata el curador, que lleva en total 15 años trabajando en el sitio.
El espíritu de la escalera
También comenta que hay un fantasma que empuja a las personas por una de las escaleras. Zúñiga dice que él presenció el momento en que una señora extranjera, de contextura gruesa, y con un bebé en sus brazos, cayó de rodillas por la escalera.
“De todos los que he visto caer por esa escalera, recuerdo mucho a esta señora porque se lastimó fuertemente las rodillas. La mujer en su idioma aseguraba que alguien la había empujado y que por más que lo intentó perdió el equilibrio totalmente y se dejó caer sobre sus rodillas para proteger a la criatura que llevaba en brazos”, dice Zúñiga.
Relata que a raíz de eso, en la última temporada se dieron a la tarea de hacer un monitoreo y en un solo día, seis personas se cayeron de la misma escalera, lo que Zúñiga señala como algo anormal.
Un fantasma con foto
Pero sin lugar a dudas uno de los hechos más escalofriantes que han sucedido en el Museo, le ocurrió a una pareja de ecuatorianos que buscando refugio una noche, mientras llovía, entraron a una de las salas y aprovecharon la oportunidad para tomar fotos a todas las piezas. Una de ellas llamó la atención de uno de los turistas, se trata de un castillo antiguo.
“Cuando el hombre tomó la fotografía, con su cámara muy sencilla, dio el primer disparo con flash y no la consiguió; luego quitó el flash y tomó la fotografía por segunda vez y para su sorpresa en esta última aparecía claramente la imagen de un hombre de rasgos muy marcados”, narra haciendo muchas pausas, el curador.
“Esa historia es aún más verídica porque tiene como prueba la fotografía que nosotros conservamos aquí en el Museo. Eso salió en varios medios locales y nacionales, porque era un fantasma con foto”, afirma Zúñiga.
Otra prueba es la cámara de seguridad que también capturó el momento en que un hombre toma la foto con flash, luego sin éste y sale corriendo hacia su amigo a mostrarle la imagen de la fotografía.
El timón
Otro hecho que sucedió en el Museo se remonta a 1998, cuando les tocó quedarse hasta altas horas de la madrugada preparando todo para un evento. Cuenta Zúñiga que mientras los trabajadores estaban ultimando los detalles de la actividad, el timón que se encuentra en el segundo piso empezó a girar a una velocidad impresionante, de derecha a izquierda y en sentido contrario.
“Los trabajadores salieron corriendo del lugar y haciendo alaridos, yo al escuchar los gritos hice lo mismo. Cuando estabamos acá afuera llegó el almirante de aquel entonces, que siempre pasaba revista, y le contamos lo que pasó”, dice Gonzalo.
“En últimas nadie quería volver a entrar y el almirante delegó a un infante de la armada para que inspeccionara el sitio. El infante entró armado y con voz temblorosa aseguró que todo había vuelto a la normalidad”, agregó.
“Falsos positivos”
Pero no sólo el patio está lleno de huesos humanos, también se han encontrado nichos dentro en las paredes cuando se hacen excavaciones en el museo.
“En una ocasión pusieron un aire acondicionado y los obreros que picaron el patio hallaron huesos que fueron apilando. El capitán Ordóñez, director del museo en ese momento, dijo en broma que se deshicieran de esos huesos, que lo podían acusar por ‘falsos positivos’”.
Zúñiga afirma que pese a ser el último que sale del museo nunca le ha pasado directamente nada. Si embargo, las historias que ha escuchado y presenciado son interminables.
“No creer es una tontería; es una forma de querer cerrar los ojos ante esas cosas que se muestran como real. A mí todavía no me ha pasado un caso que me afecte, pero he sido testigo de eso”, dice Gonzalo.
“Decir que este tipo de fenómenos paranormales no existe es como querer condenar de estar locos a todas las personas que hemos sido testigos de estos hechos”, concluyó el curador del Museo Naval.