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Los Héroes no pierden la batalla

Luis Miguel Parra, Edwin de Jesús Barandica y Luis Alberto Miranda son tres jóvenes Infantes de Marina, quienes no tenía en sus planes, al menos no tan pronto, dejar un pedazo de sus vidas en el campo de combate.

Todos eran conscientes que como héroes de la patria era uno de los riesgos por los que debían pasar, sin embargo, no imaginaban que ese acontecimiento transformaría sus vidas del modo en que evidentemente lo hizo.

Hay una imagen que persiste en la mente de Luis Miguel Parra Caballero... estaba en combate en Nariño y uno de los integrantes de un grupo al margen de la ley le disparó tres veces ocasionándole la perdida de una de sus piernas. Después de eso... ya nada volvió a ser como antes.

"Perdí la parte inferior de mi pierna a causa de tres tiros en un combate en Nariño, yo sólo estaba cumpliendo con mi misión. Luego de eso me sentía incapaz, pensaba que era un discapacitado más para la sociedad", cuenta Parra Caballero.

Edwin de Jesús Barandica Maldonado, es otro infante de marina, que en un campo minado perdió su pierna. Las esperanzas para este héroe no estaban del todo perdidas, había posibilidad de salvarle parte de su pierna, pero no se adaptó a la prótesis y tuvo que ser intervenido nuevamente para la imputación completa.

Fueron dos traumas por los que tuvo que pasar este hombre que sólo quería servir de lleno a su patria.

La historia de Luis Alberto Miranda, el más joven de los infantes, es distinta a la de sus compañeros. A sus 21 años fue herido en combate el 27 de febrero del año anterior y aunque no perdió una pierna o un brazo, la mayoría de sus órganos sí estuvieron implicados.

"Sufrí varias complicaciones en mi cuerpo, tengo perdida de un oído, perdida de paladar, desprendimiento de tórax y fisura en casi todos mis órganos", dice, de forma enérgica, el joven.



Una nueva oportunidad

Cuando todo parecía estar perdido para ellos, a un teniente retirado de la Armada Nacional se le ocurrió la brillante idea de crear un taller de artes de oficios para aquellos valientes muchachos que han puesto sus vidas en pro de la seguridad de los demás.

La primera muestra de este trabajo consistía en realizar un vitral tríptico con los escudos de la Armada Nacional de Colombia, de la Escuela Naval de Cadetes ARC Almirante Padilla y de la Escuela Naval de Suboficiales ARC Barranquilla que engalanara la Cámara de Oficiales del Buque Escuela ARC "Gloria".

La obra tendría más valor que ninguna otra puesta en las instalaciones del buque teniendo en cuenta que los creadores eran los verdaderos héroes, los Infantes de Marina heridos en combate.

Hoy con la obra ya entregada y apreciar el resultado de su trabajo, los 8 infantes piensan que valieron la pena esos dos meses de trabajo en las instalaciones del Batallón de Infantería de Marina en Bogotá y coinciden en que la experiencia representa uno de los momentos más gratificantes que han vivido luego del trauma de la guerra.

"Esto fue para nosotros algo importante, al menos yo me sentía que era otro discapacitado más de la guerra pero en este momento me he dado cuenta que no es así, soy muy bueno en esto, me gusta y me siento útil", dice Luis Miguel.

Muchos de ellos no sabían qué tan bueno resultarían para esta labor manual, sin embargo, todos resultaron ser unos maestros del arte.

"Me he dado cuenta que soy uno de los mejores que pule el vidrio, eso tiene muchos detalles y hay que trabajarle fuertemente, gracias a Dios esto se me ha dado y allí está la muestra de cómo es el trabajo de nosotros...excelente", expresa Parra, de Magangué, Bolívar.

Así mismo, Edwin de Jesús afirma que aprender este nuevo oficio ha sido de gran ayuda para tener entretenida la mente y reafirmar la idea de "que todo se puede lograr con amor".

Edwin es un convencido que la discapacidad no hace incapaz a nadie y que en muchos casos funciona como el motor para encender las vidas. Al menos para él es así.

Dice que su esposa es la más feliz con sus trabajos y que constantemente le hace saber lo orgullosa que se siente de él.

"Mi esposa está contenta porque yo le comenté lo que estabamos haciendo y ella me dice que si yo soy feliz ella se siente igual o más", comenta, sonriendo, Barandica.

Luis Alberto, por su parte, ve en esta actividad la forma ideal de borrar los recuerdos del pasado.

"Esto ha sido como una terapia que nos ayudado a olvidarnos un poco de aquellos pensamientos que se nos venían del ayer, además nos hemos integrado más como grupo y hemos descubierto nuestras fortalezas y habilidades", manifiesta.

Explicó que para realizar los complejos vitrales se necesita conocer el tipo de vidrio con el que se está trabajando, que para este caso tiene cristales incrustados. Dice que en Colombia sólo se trabaja con ese material en Medellín y en Bogotá.

Una vez estén claros estos conocimiento, y sólo después de hacerle el respectivo proceso al vidrio, dice que el resto se reduce a amor y concentración en el trabajo.

Por muy absurdo que parezca Luis Alberto se muestra optimista sobre lo que le ocurrió y piensa que no hay nada lo suficientemente malo como para creer que todo está acabado. Afirma que la vida está llena de dificultades pero lo que la arruina realmente es la interpretación que se le da a esos acontecimientos.

"No hay mal que por bien no venga. Tuve ese accidente y luego de eso me brindaron la oportunidad de realizar vitrales y veo que me desempeño muy bien, y tengo un potencial para esto. De pronto tenía que pasar...", expresa.

Los tres infantes manifiestan que los nuevos cuadros que decoran el salón principal de la embarcación son motivo de orgullo para ellos, puesto que su labor se está extendiendo a todos los puertos a los que llegue el Gloria.

"Es muy importante el lugar en que lo pusieron porque hay estamos reflejados nosotros, físicamente no estamos, pero como se trata del buque insignia de Colombia, yo siento como si viajara en él. Cuándo la gente pregunte por esta obra muy seguramente dirán que la realizamos los infantes de marina heridos en combate, qué mayor satisfacción que esa", concluye Luis Miguel.

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