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Los hijos que Liliana no parió

Por la casa de Liliana Gómez han pasado tantos niños que ya ha perdido la cuenta. Cada uno se ha llevado un pedazo de su corazón, a cada uno lo recuerda con detalle. Sentada en un sofá negro, de voz paciente y calmada, nos cuenta sobre sus hijos, no los parió pero sí los educó y cuidó. Nos cuenta sobre las veces que los ha recibido y las que ha sufrido al tener que despedirlos. Es madre sustituta. Eso implica dar mucho amor y también sufrir un poco del dolor de las despedidas.

***
Resultado: NEGATIVO. Tantas veces leyó esto, así, en mayúsculas y negrita, en el examen de gravidez que finalmente desistió de la idea de tener un hijo de sus entrañas. Al parecer, concebir no era lo suyo. Nacida y criada en el popular barrio de Blas de Lezo, Liliana se casó con Jhony Villamizar, único amor de su vida. “Teníamos la idea de tener hijos. Nos hacían exámenes, estudios y estábamos bien, pero no se daba lo que queríamos. Vivía muy desesperada por eso (…) Entré bien a hacerme esos estudios, pero  comencé a sufrir de quistes”, me cuenta. Su alma y su ser, llenos de amor, esperaban por acariciar las pequeñas manos de su primogénito, pero su cuerpo, o el de su esposo, eran esquivos. Entonces ella olvidó esa idea.

-¿Cómo llegaste a ser madre sustituta?
-Yo decía: bueno, sino Dios no me permite tener mi hijo biológico, de pronto yo, dando el amor que quiero darle a estos niños que lo necesitan, lleno este vacío. Cuando empecé a tratar estos niños se me olvidaron los ginecólogos.
A la vida de Liliana comenzaron a llegar los hijos putativos hace once años. “Mi primera experiencia fue una adolescente de unos 13 años. Tenía problemas familiares, dialogando con ella encontré el motivo de su rebeldía y al poco tiempo pudo regresar a su casa con su mamá. Me sentí satisfecha, sentí que sí tenía vocación para esto”, recuerda.
Ser madre sustituta es entregarse las 24 horas del día a niños vulnerables o en condición de discapacidad, protegidos por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar. Es dar todo el amor posible a esos pequeños a sabiendas de que un día se irán.

***
Un día cualquiera, cuando no lo esperaban, ni buscaban, un milagro tocó a las puertas de la familia Villamizar Gómez. Resultado: POSITIVO. “Al año de estar en el programa (de madres sustitutas), recibí la bendición de quedar embarazada. Dios lo permitió solo cuando Él quiso, y Él quiso cuando yo ya hice parte de este programa”, narra Liliana.

-¿Recuerdas el día que recibiste la noticia?
-Fue algo particular. Tenía 20 días con dolor de cabeza. El médico dijo: ‘hay tres posibilidades: colesterol, anemia o embarazo’. A mi esposo le tocaba ir a buscar los resultados, le dije que si era positivo el embarazo, viniera a la casa y me avisara. Que si no, se fuera a trabajar. Vamos a ver que mi amado esposo hizo todo lo contrario, se quedó trabajando. En vista de la hora pensé que tenía triglicéridos altos. A las 11 de la noche llegó a la casa con una serenata, fue hermoso. Venía con la mamá, el papá y las hermanas a festejar. Apenas me dio la noticia, se me quitó el dolor de cabeza. Así como en ‘la Rosa de Guadalupe’ que cae ese fresquito, así sentí esa alegría yo. Se formó la fiesta, porque ese embarazo mío lo deseaba mucha gente.

-Entonces… ¿Pensaste en dejar de ser madre sustituta?
-Cuando quedé embarazada le puse más amor a los niños. Yo decía, Dios, esto es un milagro tuyo, que Billy José Villamizar esté aquí, en mi vientre, es porque tú estás reconociendo lo que yo estoy haciendo con estos niños que lo necesitan.

***
Liliana explica que no solo “es madre, es hogar sustituto porque todos nos metemos en el papel” y cuando hay una despedida “mi hijo vive el mismo duelo que mi esposo, mi mamá, mi hermana y mis dos sobrinos. Con unos gemelitos que duraron conmigo hasta los 10 meses fue un duelo grande, pero fue una experiencia hermosa”.

“Esto lo hacemos porque nos nace, sabemos que son niños que no son de nosotros, de pronto hay niños que nos marcan un poquito más por las condiciones en que llegan...”, sostiene Liliana.
Y recuerda. “Una niña de El Pozón ingresó a mi hogar de un año, en estado avanzado de desnutrición, Me la trajeron en un cochecito, sucia. Se le veían los ojos tristes, tenía un año pero no gateaba, se le caía el pelo, la mamá la quería pero no podía tenerla. No tenía una sonrisa, eso me marcó. A los 2 meses de estar aquí, con el apoyo de Bienestar Familiar, la pudimos sacar adelante, ya era otra”, cuenta. Liliana le enseñó a la niña a caminar, a ir al baño y a decir sus primeras palabras, entre ellas: mamita. Pero un día llegó el adiós.

“Conmigo duró hasta los 5 años. La adoptaron, está en España, me cuentan que es una niña feliz. Me dolió muchísimo cuando se fue, pero a la vez me alegré porque sé que iba a tener otra calidad de vida, sé que el Bienestar hizo mucho para que esté donde está ahora. Me dejó bastante marcada, lloré muchísimo y para acostumbrarme duré como cinco meses. A nosotros nos preparan para llevar ese duelo”, dice.

Liliana nos comenta sobre otro niño de ojos vivaces que también la marcó, que crió por cinco años, y que ahora está en Italia, donde lidera un equipo de béisbol. Nos habla de otro pequeño que llegó de un año, ya tiene siete y todavía lo está criando. Y de otros tres niños que tiene a su cargo.
“Ellos llegan a tu casa siendo unas personitas y cuando ya tienen tantos días, vemos el cambio. Nosotras (las madres sustitutas) estamos en la lucha, amamos a estos niños que lo necesitan. Madre es aquella que trae al mundo, pero mamá también es aquella que lo lidia el día a día. Cuando se van del hogar de nosotros es como cuando se va alguien que lleva tu sangre”.

Epílogo
Luego de Billy, Liliana trajo al mundo a un segundo bebé que lamentablemente falleció a los cuatro meses, pero que le dejó hermosos recuerdos. La historia de Liliana nos enseña a ser pacientes. Nos enseña que la vida sorprende a cada instante. Nos enseña a vencer obstáculos y volverlos pilares para la vida misma.



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