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Los picoteros de Arjona pactaron su paz

No solo dejaron las tensiones entre ellos mismos y se propusieron en un abrazo público, ser generadores de una mejor convivencia en la comunidad. Demostraron que no es el picó o la champeta, los que generan violencia, sino los mismos seres humanos que asisten a los espectáculos musicales. La raíz está en las conductas inadecuadas, en la intolerancia y el abuso de licores. Así que entre ellos mismos se pactó invitar a los jóvenes entre los 18 a 30 años que asisten a las fiestas picoteras, que distensionen los espíritus y disfruten una fiesta sin conflictos. El otro pacto de los picoteros es no extender el horario de goce musical sino hasta las 12 y media y no a las 3 de la madrugada.

Las propuestas fueron reveladas en un foro, promovido recientemente por Stigma Raíces Festival, que lidera Hugo Campo y la Corporación Afro Dique, dirigida por Liliana Passo Pérez.

Una de las preguntas con las que se inició  el foro fue: Champeta y Pick-up: ¿generadores de violencia o espacios de diálogo, integración, convivencia y disfrute cultural?

Hasta la fecha, Arjona ha dado permiso para un solo espectáculo de picó en este 2016. Ese día no hubo nada que lamentar. Las autoridades dispusieron de 120 policías, 2 ambulancias y un plan de contingencia, pero el único episodio curioso fue que se cayó un viejo que iba en su burro. Todos disfrutaron en sana paz.

Fuimos a Arjona y nos sentamos a conversar con los propietarios de picós, para conocer de cerca el fenómeno social y cultural que genera.

“Arjona no solo es la región con más picós en Bolívar, sino que es la cuna de los espectáculos picoteros, generadores de convivencia”, dice Germán Fernández, propietario del picó ‘El tremendo de Arjona’, que en cinco años lleva cuatro producciones, entre ellas, ‘El motor’ (2015) con 15 canciones, en las que participan Big Davis, y Edwin El Maestro.

“Vienen de todos los pueblos de Bolívar, Sucre y Córdoba a solicitar los servicios del picó. Arjona se convirtió en una generadora de servicios. El picó suena en Arjona una vez por semana, cuando hay permiso, pero ante las restricciones y prohibiciones de bailes con picó, los picoteros ofrecemos ese servicio a otras poblaciones”.
A Sebastián Cervantes, que tiene 12 años al frente de su picó “El Swing”, le han llegado a solicitar el servicio hasta de Higuerón (Sucre), un corregimiento de San Onofre. “Pero cuando llegamos allá, nos dimos cuenta que no había señal de nada en el pueblo, estábamos aislados”. Hasta la fecha su picó ha realizado cuatro producciones musicales, entre ellas ‘Sigo en pie’ (2015), con Sami Quizá, Jesús Wintingal y Edwin El Maestro.

Los secretos del picó
El picó es algo más que un escaparate de música o una máquina de moler sonidos. Armar las piezas de un picó es tan complicado como una mudanza. Un picó puede pesar más de 200 kilos y medir 7 metros de altura y 2 metros de ancho. Cada picó tiene bajos, medios y altos. De noche deja de ser un escaparate de música para transformarse en un escenario de concierto, con uno o dos cantantes en vivo, cámara de humo, juego de luces, pantalla gigante, y baterista. Más de veinte personas están involucradas en todo el espectáculo y cerca de un centenar de empleos genera: desde el grafitero que pinta la cartelera promocional del concierto, el artista invitado a pintar con colores estridentes el picó, los jóvenes de la seguridad privada, los encargados del encerramiento, los cuidadores de motos y carros, los consagrados a la logística, las ventas alrededor de cada baile. Los conciertos se hacen en el Estadio de Béisbol Santiago Torres, de Arjona, a la salida para Rocha.

La música africana
Lo que suena en los picó es casi siempre la champeta criolla, la música africana, pero también la salsa o el vallenato. Cada uno tiene a lo largo del año una producción exclusiva con artistas invitados. Álbumes que se venden en cada concierto en vivo.

¿Se puede vivir del picó?- le pregunto a los picoteros. Ellos me miran con ojos de incredulidad, sorpresa y malicia, y es Germán Fernández quien dice: “sí, por supuesto que vivimos de esto. Desde los años 70, Arjona ha tenido cerca de 15 picós reconocidos, y no solo ‘El Rey de Rocha’, uno de los más conocidos y dirigidos por la familia Iriarte”.

“Claro que se puede vivir del picó”, dice Jairo Elles, propietario desde hace 13 años, de “El Pegao Music”, quien tiene una nómina de 15 trabajadores y 6 álbumes producidos como “Un capítulo nuevo”.

“Creo que el gran problema que hemos tenido en Arjona, es que no ha habido una política pública para una mejor oferta picotera”, dice Néstor Ruiz, organizador de eventos.

“Hay quienes heredamos la música por asuntos familiares”, confiesa Lewis Hincapié, propietario de “El Pilo”, con 12 años de historia y una producción musical de “El tiempo musical”, con artistas como Mister Black, El Twitter, y Edwin El Maestro.

Las huellas de un foro
La champeta es una expresión musical urbana que ha ido depurándose en letras y melodías. Muchos jóvenes en riesgo y conflicto, eligieron la música como una alternativa o un antídoto contra la violencia.

En una de sus canciones Luis Tower dice: “…no digas que la champeta despierta ganas de hacer, unas cosas violentas, eso ni tú te lo crees, tú no tienes carácter, si necesitas arreglar tus problemas hazlo el lunes o el martes, esperas el sábado para estimularte, de paso a él reclamarle de lo que te hizo el lunes, no fuiste capaz de hablarle… champeta no es sinónimo de violencia, no, no, no qué va”.

Epílogo
Hace algún tiempo los picoteros no podían verse cerca ni compartir escenario. Cada uno hacía lo suyo sin importarle la suerte del otro. Ahora planean su organización sin conflictos ni tensiones, y comparten escenarios por primera vez. La música no se inventó para pelear ni para generar divisiones sino para disfrutarla. No quieren que su picó siga siendo sinónimo de riesgo y preocupación de las autoridades. Todos miran a Hugo Campo y a Liliana Passos, que han estimulado este nuevo proceso de reconciliación.



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