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Luthería, un oficio de pocos

Mientras que músicos, estudiantes y aficionados de la música clásica se deleitaban con los conciertos y obras de los más famosos y talentosos autores e intérpretes de la música clásica, William Solórzano, violinista y guitarrista cartagenero, se dedicaba a reparar muchos de esos instrumentos.

Él hace parte de los lutheros que durante el VI Festival Internacional de Música Clásica permanecieron internados en la clínica de luthería que, improvisadamente, operaba en la Universidad Rafael Núñez.

Allí tocaba los violines con otro propósito: dejarlos en las condiciones óptimas para ser usados por sus dueños.

William desde el año pasado demostró su interés por este oficio de pocos en el país y casi ninguno en Cartagena.

Recuerda que empezó haciéndole mantenimiento a su propio violín y guitarra, empíricamente, como se han formado la mayoría de los lutheros en Colombia.

Precisamente esa fue una de las razones que lo motivaron a aprender este oficio de restaurar, reparar y mantener instrumentos de música clásica, especialmente los de cuerda.

“Es muy difícil encontrar en Cartagena expertos en este trabajo porque no hay quien los capacite. Muchos músicos envían sus instrumentos a Bogotá o Medellín, porque acá no hay quien haga ese trabajo”, explica.

Aunque desde pequeño ha demostrado su interés por la música, fue apenas hace ocho años cuando aprendió oficialmente sobre este arte: Su familia lo envió a Bogotá para que se profesionalizara, pero la falta de recursos económicos pudo más que las ganas, e hizo que después de dos semestres de preparatoria en la Universidad Distrital, se devolviera a Cartagena.

En su familia, sus hermanos menores van por el mismo camino de la música clásica, pero William es el único interesado en aprender a reparar instrumentos, sin dejar de lado su gusto por la interpretación de las obras de sus autores preferidos.

Su paciencia, creatividad y espíritu curioso lo hacen un buen candidato para este oficio donde los instrumentos tienen alma.

Pero no por eso quiere dejar de lado su gusto por interpretar a los más famosos de la música clásica, como Juan Sebastián Bach y Haydn. 

"Lo mío es la música, tocar los instrumentos e interpretar a mis autores preferidos de la época barroca”, expresa.

Durante el Festival, uno de sus profesores fue Luis Alberto Paredes, arquitecto de profesión, quien desde hace 13 años aprendió sobre la luthería, gracias a su padre.

Es experto en la reparación, restauración y mantenimiento de los instrumentos de cuerda frotada.

Este luthier dice que un músico no solo debe preocuparse por tocar bien y dar lo mejor de él en el escenario. También debe aprender a cuidar su instrumento como a su  propio cuerpo, por eso celebra que jóvenes como William vayan por este camino que pocos han querido recorrer.

Rafael Rincón, músico y luthier, experto en la reparación de instrumentos de viento, asegura que los instrumentos musicales tienen vida propia por lo que de acuerdo a como se traten, así se comportarán.

“Un instrumento bien cuidado puede durar toda la vida, en cambio, si no se cuida, no durará más de dos años y aunque el músico sea el mejor, su instrumento no lo ayudará a demostrar ese talento, porque no tiene las condiciones”, explica.

A pesar de ello, no todos los músicos son conscientes de eso.

Mary Luz Santiago, música y cantante clásica, oriunda de Barranquilla, hace dos años adquirió un saxofón de segunda mano. Al igual que muchos jóvenes músicos sólo se preocupó por aprender a tocarlo, pero no a hacerle mantenimiento.

“Solo hasta que empiezan a fallar buscan quien se los repare, pero muchas veces el arreglo es irreparable o muy costoso por lo que sale más barato comprarse uno nuevo”, dice el luthier.

La semana pasada Mary Luz llegó a Cartagena para tocar su saxofón en un matrimonio y volvió a sentir que este no sonaba bien.

Entonces aprovechó para llevarlo a la improvisada clínica de reparación de instrumentos musicales.

En la revisión "médica" se enteró de que las zapatillas (almohadilla cuya función consiste en sellar el paso del aire dentro del instrumento) de su saxofón estaban fallando.

Reconoce que a pesar de ser consciente del problema, no tenía idea de cuánto le costaría solucionarlo ni a dónde llevarlo a reparar.

"En la Universidad nos enseñan clases de música, pero nunca a limpiar los instrumentos ni a hacerles mantenimiento, por lo que no nos preocupamos hasta que empiezan las fallas".

Durante el arreglo y mantenimiento, el profesor le enseñó a limpiarlo después de que lo use, y a mantenerlo bien cuidado. “Con un poco de vinagre blanco y alcohol se puede limpiar y así evitar que se corroa o las bacterias aniden en el instrumento”, le explicó Rafael Rincón.



Oficio de pocos

Rincón, dice que el mayor problema radica en que la Luthería es un oficio de pocos, los expertos en el tema casi siempre lo aprendieron de sus padres o porque después de estudiar música se interesaron por aprenderlo y capacitarse.

“Yo soy músico y aprendí la luthería porque me gusta y porque tuve la oportunidad de capacitarme con el Sena”, explica.

Asegura que aunque existen personas que reparan esta clase de instrumentos, no todos tienen el conocimiento para hacerlo. “Hay que tener mucho cuidado porque un inexperto puede dañarlo. Es mejor buscar asesoría. En el país somos tan pocos que nos conocemos y recomendamos en las distintas ciudades”.



Herramientas creativas

Uno de los mayores inconvenientes que se le  presentan a quienes practican este oficio es el costo y escazes de herramientas especializadas.

Según José Alberto Paredes, muchas de las herramientas deben importarse, pero el costo hace que prefieran ingeniárselas para ser  reconstruidas o elaborarlas por ellos mismos.

En algunas ocasiones, dice, le ha tocado inventarse las herramientas para arreglar determinados daños.



Recomendaciones

Rafael Rincón y José Alberto Paredes  recomiendan tener en cuenta los siguientes tips:

-Al comprar un instrumento nuevo llévelo a donde un experto para que lo ponga en punto

(afinación, altura y medidas).

-Cuídelo de la humedad, uno de sus enemigos. Esta hace que el instrumento se llene de agua y se crezca.

-Hacerle mantenimiento cada año y limpiarlo cada vez que se utilice. La saliva, para el caso de los instrumentos de aire, se convierte en bacteria y hongo que pueden afectar la salud del músico, causar desde afecciones en la garganta, hasta problemas en los riñones y dientes.

-Un instrumento bien cuidado puede durar toda la vida. De lo contrario unos dos años.

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