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Magín Díaz está de fiesta

La música lo mantiene en pie. Magín Díaz se recuesta en la pared de bahareque de su casa, y su  candor infantil y su pie que sigue el ritmo de la música que viene del patio, es una encarnación de la música en silencio.

Dice que ha perdido la cuenta de los años porque ha vivido para sembrar y cosechar canciones. Su cédula borrosa prueba que nació el 30 de diciembre de 1922 en Gamero, pero sus familiares descreen de la cédula, y piensan que nació en 1916.  La música lo antecede a él mismo, porque en su casa sonaban los tambores y las mujeres bailoteaban monte adentro. Cuando trabajó en el Ingenio de Sincerín, de la Colombia Sugar Company, las músicas nativas y ajenas,  le fueron familiares y las hizo propias. Los cantos de zafra, los gritos de monte, los lamentos de la marímbula para despedir a los muertos, la música de los sextetos habaneros que vinieron con los ingenieros cubanos que trabajaron en Sincerín, compartieron en los atardeceres de los sábados la música guardada para la fiesta y el ron reservado para la fiesta. Allí iba el muchacho Magín, quien desde los doce años ya tocaba el tambor con la gracia de un maestro.

Es muy probable que allí sonara por primera vez la canción cubana “Rosa, qué linda eres”, joya musical de 1927, grabada en su primera versión por el Sexteto Habanero.

Cuando sonó la canción Magín era un niño. Pero la música llegó a sus oídos y a su corazón, y el artista le dio su propia versión en chalupa. Nada le quita la grandeza al músico, por hacer suya una canción que se sembró en la comunidad palenquera y gamera. Si Palenque creó su Sexteto Habanero-Palenquero, Gamero no se quedó atrás. También consolidó su Sexteto de Gamero. Basta recorrer el paisaje de la región y escuchar a sus habitantes, para descubrir que están dotados para la música. En los labios de las mujeres resuena la tradición. De Gamero, surgieron Irene Martínez, La Niña  Emilia Herrera, entre otras. La versión de Magín no suena al sexteto habanero sino que suena a Magín Díaz. Él hizo el gran aporte de popularizarla y verterla en el torrente raizal de la música colombiana. Irene Martínez también hizo lo propio: hizo su versión de la canción en bullerengue. Las dos canciones son hermosísimas. Y la versión cubana, parece más un danzón, en su lenta ceremoniosidad. Al conversar con Irene poco antes de morir y Magín Díaz en 2016, concluimos que la canción se tocó por primera vez en los sábados de tregua al atardecer por los cubanos que trabajaban en el Ingenio de Sincerín en el que también trabajaban Rafael Cassiani de Palenque y Magín Díaz de Gamero. El dato me lo ha confirmado Magín al recordar a algunos de los ingenieros cubanos. La simbiosis habanera y palenquera dejó frutos musicales tanto en Cuba como en Colombia.

El Sexteto Tabalá asimiló lo mejor con su marímbula y no perdió su raigambre ancestral palenquera. Magín Díaz tiene el gran mérito de haber hecho la primera versión en formato de chalupa, y se la dedicó a su amiga Rosa Torres, según me contó. Irene Martínez tiene el gran mérito de haber realizado la primera versión en bullerengue en los años 80 con Los Soneros de Gamero que la popularizó por toda Colombia.

La versión cubana también es heredera de aportes de tradición oral en España y aportes decisivos del ingenio creativo de Cuba y Colombia. Creo que la versión colombiana tiene su propia belleza, autenticidad y vivacidad. Entre la Rosa cubana y la Rosa palenquera y gamera hay una cadencia que solo está en nuestros campos de hombres y mujeres descendientes de aquellos cimarrones que huyeron de la impiedad española de la esclavitud. En el pelo de las mujeres estaban los mapas y las semillas de la libertad, pero también los cantos ancestrales y la música secreta de la resistencia. Hay que disfrutar de las dos versiones embrionarias tanto de Cuba como de Colombia, para sentirnos atados con orgullo al fluir rítmico y sonoro incesante de nuestros ancestros.

De la interpretación que hace el Sexteto Habanero descubro que la versión cubana es triste, es una elegía, es un danzón lastimero para una Rosa muerta. Mientras la versión colombiana es una oda festiva, celebratoria para una Rosa viva y bailoteante. Fue significativa en esta pesquisa histórica el aporte del periodista Rubén Darío Álvarez.

Premio merecido

Magín Díaz es una música viviente. Su versión de “Rosa” ha inspirado a grandes artistas. En su álbum “El Orisha de la Rosa”, Magín Díaz hace sus propias versiones en ritmo de chalupa de canciones de Totó La Momposina, Petrona Martínez,  Mayte Montero,  Monsieur Periné, Sistema Solar, entre otros.

El jurado del Premio Vida y Obra del Ministerio de Cultura, consideró que Magín Díaz es merecedor de este tributo por “sus invaluables y universales aportes al patrimonio cultural de la Nación y como expresión de la diversidad étnica de las poblaciones que desde la provincia enriquecen la identidad musical de Colombia. Para el jurado es importante darle visibilidad y reconocer el impacto que ha tenido la creación de este extraordinario artista desde el anonimato, trascendiendo las fronteras a través de los más grandes intérpretes del país. Con esta distinción se hace justicia a quien generosamente ha engrandecido directa e indirectamente la cultura musical de la nación”.
 

Epílogo
Magín Díaz ha vivido de manera austera en Gamero, y el premio fue recibido con alegría por todos los habitantes de del pueblo, que lo tiene como uno de sus grandes artistas. Magín acompaña a las nuevas generaciones de niños y niñas en la devoción por la música ancestral, en la alegría de la chalupa que es la música de su tierra. Todo allí es motivo de fiesta: los nacimientos, los matrimonios,  los duelos y las partidas, se acompañan con tambores. La presencia delgada y alegre de Magín es ya una música y un paisaje emocional para los gameros. Mientras canta la tradicional e inolvidable “Rosa, qué linda eres”, vuelven a su memoria todas las rosas que ha encontrado en el camino. Las rosas que se abren al sortilegio de la música.
 



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