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Margot, la esperanza no está de paso

La historia de Margot, es muy similar a la de los 900 habitantes de la calle que tiene la ciudad.

Falta de afecto, abandono y drogas la llevaron a salir desde muy joven de su casa, y desde ese momento empezó su drama, que duró más de 20 años.

Margot, como llaman a Margarita Quintero Jaramillo, tiene 56 años, y a pesar de su historia de vida, conserva una piel impecable.

Salió de su casa, en Caldas, desde muy joven. La falta de afecto y su relación familiar nunca fue la que quiso. Antes de los 20 años tuvo a su primera hija, lo que la llevó a trabajar en un bar para poder sostenerla. Allí, su vida cambió por completo después de desfigurarle el rostro a una mujer, por lo que fue condenada a pagar 12 largos años en una cárcel.

En el centro penitenciario se sumió en el mundo de las drogas. El abandono de su familia y el impedimento de tener contacto con su primogénita la llevó a olvidarse de todos y a seguir por los caminos de la drogadicción y la indigencia.

Al salir de prisión recorrió varias ciudades sin ningún propósito. Su único objetivo era olvidar su pasado. En la travesía de su vida tuvo otros cuatro hijos, a los que dejó bajo el cuidado de familiares.

En Barranquilla conoció a un hombre en su misma condición. Con él estableció una relación sentimental que se conserva hasta la fecha y que sobrevivió a un montón de vicisitudes. Se vinieron a vivir a Cartagena, donde durmieron por 12 años entre cartones, sin comer, bajo la lluvia, el sol, y con su adicción.

"Un día... como las 2 de la madrugada, estaba con mi pareja debajo de unos cartones, pero yo estaba fumando. Vi una patrulla de la Policía y apagué el fuego pero ya me habían visto. Un comisario, muy formal, se acercó y nos dijo que nosotros teníamos derecho a estar en un lugar mejor y nos dio dinero. Cuando pasamos el peaje (de Ceballos) creímos que nos iban a dejar tirados pero nos trajeron a la Corporación del Desarrollo Humano (Cordeshu), y nos recibieron muy bien", narra Margot mientras se intimida cada vez que le toman una fotografía.

UNA VIDA NUEVA

En Cartagena hay una base de 800 y 900 habitantes de calle y una población flotante de 1.500 (que incluye a las personas en esa misma condición que llegan a la ciudad de manera temporal). En los dos hogares de paso que tienen convenio con el Distrito hay un promedio de 180 habitantes de calle que reciben asistencia psicosocial, alimentación y hospedaje, de acuerdo a información de la Secretaría de Participación y Desarrollo Social del Distrito.

Margot y Carlos Enrique Álvarez, su pareja, están desde el mes de mayo en ese hogar de paso. Allí ayudan en la cocina, cuidan las plantas y elaboran traperos.

Esas actividades han sido el aliciente para luchar contra la ansiedad, el deseo de consumir alucinógenos y las ganas de volver a la calle.

"Dejar las drogas fue muy difícil, sobre todo en los momentos de ansiedad, pero uno se encomienda a Dios. La ansiedad da mal genio y ganas de salir a la calle. Yo le decía al líder que si no me dejaba salir me tiraba del tercer piso. Gracias a Dios pudieron controlarme y creo que ya superé todo eso", dijo.

Dichosa, Margot cuenta que lo que más le gusta del hogar de paso es la comida y el afecto que recibe. De su compañero, dice, lo más importante ha sido la atención, el apoyo y la compañía.

"Busquen a su familia, pero antes busquen un lugar para que se recuperen, eso es muy importante para poder pensar en la familia". Con ese mensaje, Margot motiva a muchos habitantes de calle para que dejen "la comida mala" -como le llaman a la droga- y a tener fuerza de voluntad para superar todas las dificultades y retomar la vida por el camino correcto.

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