Maritza se disfraza de cobra roja

12 de noviembre de 2017 12:30 AM

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Cada habitante del Caribe tiene su disfraz en el fondo del baúl de su memoria. Disfrazarse no es  solo una costumbre, sino un arte de la tradición en las Fiestas de la Independencia de Cartagena, que figuran en la lista para ser declaradas Patrimonio Cultural e Inmaterial de los colombianos.

Maritza Zúñiga Orozco dice que se disfraza desde que era una niña, porque su padre Santander Zúñiga Villarreal, que todo el año sembraba maíz, fríjol, plátano, se disfrazaba de mujer, en los días festivos en Villanueva, Bolívar, y vestía  a sus hijas con polleras, trenzas y alpargatas como si fueran campesinas, y llevaba en sus brazos además, un par de muñecas. Y recorrían el pueblo de casa en casa.

Además de disfrazarse de mujer, simulaba ser un borracho tirado en una acera, y los amigos lo recogían y lo cargaban y lo llevaban a la casa, y se lo entregaban a Josefina, su mujer. Cuando lo bajaban, Santander despepitaba sus ojos y decía: ¡Qué borracho ni qué carajo! ¡Se creyeron el cuento!. Y seguía en pie, haciendo reír a los suyos.

“De mi padre heredé la cuota de humor,  arte, alegría, y sembró en mí una tradición que llevaba en la sangre. Además de disfrazarse, mi padre verseaba, cantaba décimas. Su sueño era que sus seis hijas no dejaran de estudiar. Mi madre Josefa Villarreal, es una mujer serena y laboriosa que siempre se dedicó al hogar”.

De su natal Villanueva llegó Maritza a sus seis años a Cartagena, de la mano de sus padres, buscando mejores oportunidades. Y se mudaron al barrio Boston, y más tarde, a La Victoria.

“Mi padre consiguió trabajo como vigilante en el colegio Comfenalco, en donde yo estudié. Murió de un infarto en 1977, cuando yo tenía diez años”.
En medio de las hierbas altas del barrio, siempre había alguien que alertaba de la presencia de las culebras. “Siempre desde niña me dieron miedo las culebras. Nadie sale a defender las culebras si se encuentran con ellas. Todos piensan en matar a las culebras. Diseñar esta comparsa ha sido un ejercicio creativo de tolerancia. Cuando estudiaba artes plásticas en Bellas Artes, pensé como tesis un trabajo sobre las cobras”.

La comparsa Las Cobras,  comparsa diseñada por Maritza, surgida hace diez años, ganadora de cinco Congos en el Carnaval de Barranquilla, como mejor disfraz individual y colectivo, y mejor comparsa, fue declarada por el Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena, como comparsa especial en las Fiestas de Independencia, ícono de la tradición festiva. Maritza además conforma junto a Ariel Ramos, la pareja de Lanceros de las Fiestas, un símbolo nacido en 2006, que a diferencia del Rey Momo, es imagen y espíritu de la tradición cultural pero también del pueblo que hizo posible la Independencia de Cartagena en 1811.

Los ancestros bailan
No solo el padre de Maritza Zúñiga. estaba vinculado a la tradición festiva. También su abuela Josefa Villarreal que era partera. Bailaba cumbia, porros y bullerengue. Por la palma de sus manos, pasaron varias generaciones de niños y niñas. A las tías paternas les gustaba el baile:  Josefa Antonia, a Carmen Edith. La tía Azela Zúñiga, de 87 años, es rezandera en el Cementerio de Manga, canta en los velorios e invita a bailar a sus doce hijos.

Pasión de Lancera
Ser Lancera para Maritza es una “responsabilidad no solo conmigo misma, sino con la ciudad, sus fiestas, sus gestores culturales, sus artistas. Es una responsabilidad. Es una figura de liderazgo. Un reconocimiento a la larga trayectoria de sus gestores elegidos, y un ejemplo a las nuevas generaciones. En el caso del Lancero Ariel Ramos, hay allí un gran ser humano, ciudadano integral, gestor cultural y líder nato. Es creador del Carnaval del Buen Trato, del Festival de Gaitas del Socorro, director del Hogar Infantil El Portalito.  Apostó desde hace muchos años al arte y la cultura. Nos hemos comprendido como pareja festiva en nuestra misión de lanceros. Somos un enlace con la comunidad, no solo para motivar a la ciudadanía en  el proceso festivo, sino para fortalecer la cultura ciudadana y de las comunidades.

Las Cobras
“Nuestra comparsa de Las Cobras, con sesenta danzantes, entre músicos, zanqueros y bailarines, es una escultura en movimiento.  Participan niños y jóvenes de diversos barrios e instituciones privadas y oficiales. Cada una de las cobras es única, y representa a quien la lleva. Si es un niño, la cobra es diseñada para los niños. Tiene una talla distinta, un tocado y un báculo. El disfraz de La cobra roja está inspirado en África, entre las tribus de los Masais, del Congo y Ghana. En las culturas prehispánicas de América Latina y Centroamérica, hay diseños indígenas de serpientes en orfebrería, cerámica y cestería. El bastón de mando de los zenúes es una serpiente, que es un criatura espiritual. Entre occidentales y orientales, la serpiente representa distintas facetas. En la tradición judeocristiana, representa peligro y pecado. La nuestra es una serpiente lúdica y festiva, con tonalidades fluorescentes, verdes, amarillos, rojos, negro y blanco. Quisimos fusionar lo indígena y africano”.

Los aliados
“Nuestros aliados son los padres de familia”, dice Maritza. Es un trabajo emocional a través del arte. De formación y proyección de nuevos gestores culturales, y no solo para fortalecer las fiestas sino para construir mejores ciudadanos desde la sensibilidad y los valores. El apoyo del IPCC al declarar la comparsa en la categoría especial, es un gran respaldo. La comparsa es un laboratorio de formación de nuevos actores festivos y gestores culturales”.

Epílogo
En la casa de Maritza, hay cobras por todas partes. Sus hijas Dora María, Dayana y Dana Maritza y su esposo Humberto, se disfrazan en la comparsa. Ahora ya no le dan miedo las serpientes. Cree que como todas las criaturas del planeta merecen  vivir.  Las cobras recorren plazas y parques, calles y barriadas. Y representan a Cartagena en el Carnaval de Barranquilla. Las cobras llevan la memoria festiva de Cartagena. Sinuosas y juguetonas,  bailoteantes, entran y salen como ráfagas de color, por los caminos de sus sueños.

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