Nasly Camacho supo que estaba embarazada el día de la cesárea

12 de agosto de 2018 12:55 AM

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Muchos viven anhelando que algún día les llegue el amor. Que la dicha que tanto desean les toque a la puerta. Otros simplemente se resignan y no esperan nada, incluso pierden las esperanzas. Lo olvidan. Y muchas veces es justo ahí cuando, mágicamente, sucede. Sucede que cuando no lo buscamos se nos aparece aquello que creíamos perdido. En este caso, el de esta crónica, de forma sorprendente. Esta es la historia de Nasly del Carmen Camacho Padilla, una empleada doméstica de 39 años y el pequeño gran amor que hoy custodia entre sus brazos: Mariángel.

La noticia
¿Qué tanto puede suceder en cuatro horas? Pues, el 20 de abril de 2018, a Nasly le cambió el mundo. A las 3 de la tarde llegó al médico, a un consultorio de la Fundación Camino, en el barrio La Consolata, de Cartagena. Los síntomas: hinchazón en las piernas y reflujo gástrico. “Ella se sentía aventada”, dice una sobrina.

Ese día, Nasly hizo las labores domésticas más rápido que de costumbre en la casa donde trabajaba, en la Urbanización Barú, pidió permiso para salir más temprano e ir a la cita. Cuando tuvo al frente a la médico, se enteró de la noticia:

-Mira, tú lo que tienes es preeclampsia, estás embarazada -dijo la doctora-.

-¿Qué? ¿Cómo? ¡Eso no es posible, yo no puedo tener hijos! -respondió Nasly-.

En su mente no cabía la más remota posibilidad de estar embarazada. No solo porque en los últimos nueve meses no había experimentado el más mínimo síntoma, nunca sintió a una criatura moverse en sus entrañas. También porque pasó toda una vida intentando concebir, infructuosamente. En muchos años, varias veces, se sometió a tratamientos que no funcionaron.

“Tuve mi primera pareja desde los 17, fue una relación de 19 años. De ahí tuve un aborto espontáneo y el médico me diagnosticó que ya no podía tener niños, porque tenía un problema de hormonas, poliquistosis ovárica”, narra.

Todos sus padecimientos hacían imposible que se diera el proceso de ovulación normal y que durara “hasta cinco años sin tener el periodo menstrual”, como le sucedió una vez. Eso de ser mamá, no sería para ella, pensaba.

***
Al salir del consultorio de La Consolata, Nasly apenas asimilaba el hecho de estar embarazada. Ese mismo 20 de abril, solo tres horas después, a las 6 de la tarde, se enteró de otra noticia: “La doctora me remitió enseguida. En la clínica Crecer me hicieron el monitoreo, me confirmaron el embarazo y me dijeron que tenía 38 semanas de gestación, yo no quería creer. Así que enseguida me metieron en cirugía, porque tenía preeclampsia. Casi que me enteré de que estaba embarazada cuando ya iba a parir, no me hice controles ni nada”.

A las 7 de la noche, cuatro horas después de saber de su embarazo, ya el planeta tierra tenía a otra integrante: Mariángel, en honor a una tía fallecida dos meses atrás y a los ángeles del cielo. En la fría sala de parto, Nasly conoció al amor de su vida, le llegó inesperadamente, cuando no lo buscaba, ni lo esperaba, cuando a lo mejor había perdido las esperanzas, cuando ni siquiera pensaba en ello: “Me la mostraron enseguida. Ahí fue que me dijeron que era niña, porque todo fue tan rápido que no sabía ni el sexo”.

La sorpresa
No está de más decir que Nasly es una mujer con una contextura lo suficientemente gruesa para que ni su familia, ni ella misma, notaran el ser que crecía dentro. “Yo sí le había visto la barriga, un poquito más grande, pero no pensé que fuera embarazo”, me dice su madre.

“Al principio, no lo podía creer, cuando llamaron para avisar que Nasly había parido pensé que era mentira. A mí me dio algo en el pecho y se me erizó la piel. Dije: ‘bueno, gracias a Dios’ ”, cuenta Luz Mery Padilla, una hermana que lideró una cruzada, entre amigas y conocidos, para dotar con ropa y pañales a la nueva integrante de la casa. Eso del kit de bienvenida no existió para ella. No tenía cuna, pañalera, pañales, toallas, manoplas, teteros, termómetros, gorros ni mamelucos.

Más allá del asombro, la noticia generó y genera una felicidad fortuita en la familia. Sin embargo, los días posteriores a la cesárea no serían fáciles. Mariángel, en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatal, gozaba de buena salud, pero a los médicos les preocupaba que nunca hubo algún control en el embarazo, así que fueron necesarios tres días de exámenes rigurosos. “Yo subía y bajaba escaleras, caminaba todos los días desde Ternera para ir al trabajo, en la Urbanización Barú, un día hasta casi me caigo. Cargaba tanques, barría, trapeaba, así bailaba, tomé trago, tomaba medicinas, porque no sabía que estaba embarazada. Es más, yo tengo problemas de presión alta y tomaba pastillas, Losartán, eso es peligrosísimo para las mujeres embarazadas”, recuerda Nasly. Afortunadamente, su pequeña hija nació bien. “Los pediatras están impresionados, porque nunca tomé ninguna clase de vitaminas y ella es especialmente sana”.

En shock
“Estoy viva de puro milagro”, me afirma Nasly. Ahora han pasado casi cuatro meses y estamos en una terraza del barrio Zaragocilla. Su hermana la acogió temporalmente en su casa, para ayudarle a atender a la bebé. “En un principio yo me encargué de la niña, porque Nasly duró diez días en UCI, controlándose la presión. Es cierto, ella está viva de milagro”, recuerda.
Cuando tuvo a su bebé, su presión arterial oscilaba en 100 - 220, lo que implicó quedarse hospitalizada, mientras su niña era dada de alta. El shock vino después. “Cuando por fin estuvo en casa, Nasly los primeros días no asimilaba que había tenido a la bebé, se la quedaba mirando así (fijamente)...”, comenta Luz Mery.

Nasly solo había visto historias como la suya en el programa de Discovery Channel, ‘No sabía que estaba embarazada’, pero su mirada incrédula solo se borró de sus ojos días después. “Con todo eso a mí me mandaron para psicoterapia, aunque ya lo asimilé, como a los nueve días después fue que vine a reaccionar, ahora me siento muy alegre, desde hace mucho tiempo quería un bebé. ¡Esto es la locura, mejor dicho!”.
Está feliz, no importa que no tenga mucho más que brindarle a su hija que amor. “Ahora mismo estoy buscando trabajo. En la casa donde laboraba me retiraron y no me pagaron la licencia. Ellos tampoco querían creer, decían que yo los había engañado. Pero si desde un principio hubiera sabido que estaba embarazada, me hubiera hechos mis cuidados prenatales y hoy pudiera darle seno a mi bebé. Hoy no puedo hacerlo por los medicamentos que tomo para la presión. Le doy leche entera porque el pote costaba 50 mil pesos y solo duraba tres días”, me explica.

La bebé es una pequeña rozagante y bastante activa. “Ahí es cuando uno se da cuenta de que las cosas son en su tiempo y no cuando uno quiere. Ella tenía que nacer, porque tenía que nacer”, dice Luz Mary.

La de Nasly es una buena historia, digna de compartir con todos los que han perdido las esperanzas, en cualquier aspecto de la vida.

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