Natalia y Sofía, la historia de dos jóvenes emprendedoras

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¿Cómo es posible que existan jóvenes que se nieguen a crecer? Eso se preguntan Natalia y Sofía Jiménez Camargo, un par de hermanas de 24 y 21 años que quieren ser ejemplo para su generación. Y más, desde ese día que conocieron la realidad de muchachas de su edad y madres adolescentes que se sienten fracasadas.

Fue en una charla. Era el Día de la Mujer y fueron invitadas por la Alcaldía de la Localidad 1 a contar su experiencia como emprendedoras. “Lo que nos impactó de esa experiencia fue la mentalidad de muchas de ellas, cerradas a la idea de salir adelante. Que creen que están estancadas y que ya llegaron hasta ahí, porque tuvieron hijos muy jóvenes o porque creen que no hay oportunidades”, dice Sofía. Y su mensaje estuvo encaminado a demostrarles que “querer es poder”, la frase que desde siempre les ha inculcado su madre.

Cada vez, son más los jóvenes interesados en emprender una idea de negocio. Según el Reporte Global de Emprendimiento AGER 2018, liderado por la Universidad de Múnich (Alemania), GFK, una de las compañías de investigación de mercados más grandes del mundo, y Amway, el 89 % de los colombianos prefiere emprender, sin embargo, la encuesta resaltó que el mayor índice de personas que desean comenzar su propio negocio se encontró entre los 25 a 35 años de edad.

Natalia y Sofía hacen parte de esos jóvenes con ganas de emprender, solo que a diferencia de muchos, ellas arrancaron siendo unas adolescentes. Desde muy pequeñas, veían cómo sus padres, un médico y una abogada, se convertían también en reposteros. Para ellos solo era un hobby, sin saber que estaban cimentando las bases de lo que se convertiría el más grande proyecto de sus hijas. “Hacía algunas cositas con mis papás desde los 12 años, pero fue a los 17 cuando comencé a verlo como un negocio. Sofía tenía 15. Yo hacía ‘brownies’ todos los días y los vendía en la universidad. Solo en las mañanas vendía 60 y pensé que podía buscar a alguien que vendiera en la tarde. Y así fue. Se vendían entonces casi 200 brownies diarios. Después de eso, una amiga me sugirió que creara una página en Facebook y lo hice. Muchas personas empezaron a seguirnos y comenzamos a vender tortas por pedidos”, cuenta Natalia, estudiante de Ingeniería de Alimentos de la Universidad de Cartagena.

Sofía le siguió los pasos. Aunque estudia Derecho, nunca ha sido ajena al oficio que desde niña vio en su hogar. “Me gusta el arte y me incliné más por el lado de las decoraciones. Poco a poco con nuestros papás, fuimos aprendiendo de las mezclas, los pudines, las recetas. También veía muchos videos. Internet me sirvió mucho para poder ir desarrollando toda esa habilidad”.

Una gran fábrica,
su gran meta

El negocio crecía. Así que sus padres les dieron algunos materiales que ya tenían, como el horno, la batidora y otros enseres y acondicionaron una habitación de su casa en Manga. “Pero después empezó a moverse mucho, ya no cabíamos en el cuarto y nos tocó buscar un local más grande. Lo manejamos nosotras mismas y a veces nuestros amigos nos ayudan, cuando pueden”, explica Natalia.

“Somos muy organizadas, llevamos nuestro negocio y cumplimos con nuestra universidad. El día tiene 24 horas y hay que aprovecharlas al máximo. Trabajamos un momento en la mañana, luego nos vamos a la universidad y volvemos a trabajar hasta la noche. Siempre estamos en función de esas dos cosas”, agrega, por su parte, Sofía.

Ahora la meta de ambas, y la de su hermana menor, Valeria, que se sumó, y la de sus padres, Hugo y Liliana, que les han apoyado siempre, es tener una gran fábrica y muchos puntos de venta no solo en Cartagena sino en toda Colombia.

Un sueño con labor social

Ellas quieren ser reconocidas no solo por lo que venden, sino por hacer labor social. Eso también lo vieron en su mamá, que tiene una fundación que hace campañas contra el bullying y maltrato a la mujer. “Decidimos unirnos porque también nos llama muchísimo la atención trabajar por la sociedad, sobre todo con los niños. Aportamos de lo que hacemos en barrios como Villa Carmen, San Pedro Mártir, El Bosque, San Francisco y para esta época de Navidad hacemos donaciones para las novenas que les organizan a niños de bajos recursos”, añade Sofía.

“El mensaje que les queremos entregar a los jóvenes es que todo lo que uno quiere lo puede lograr. Tal vez sea una frase muy trillada, pero es real. Cuando uno quiere algo solo debe trabajar para conseguirlo. Todo es con esfuerzo, con dedicación, con constancia, porque no nos podemos quedar sentados esperando que las cosas nos lleguen por sí solas. Hay que trabajar por nuestros sueños y nuestras metas. Tal vez nosotros tuvimos la ayuda de nuestros padres, pero debemos mantener la mentalidad de que sí podemos lograr lo que queremos, aunque sea desde cero y no sea fácil”, argumenta Natalia.

Un complemento

Afirman que se complementan una a la otra. “Tienen los mismos gustos e intereses por las cosas de los jóvenes, pero además tienen unas cualidades que las destacan, son muy humildes y sensibles, quizá eso ha ayudado a que hagan su trabajo con tanto esmero, con tanto cariño, y siempre procurando brindarle a las demás personas momentos de felicidad y satisfacción”, asegura Liliana Camargo, su madre.

Son felices con lo hecho hasta ahora, aunque saben bien que faltan muchos peldaños. Como jóvenes no creen haberse perdido de nada, porque sienten que el tiempo les ha alcanzado para todo: para estudiar, para emprender, para divertirse, para compartir en familia, con sus amigos. “Muchas veces nos desocupábamos a las 10 u 11 de la noche y salíamos con nuestros amigos y si al día siguiente había que levantarse temprano lo hacíamos sin ningún problema. Todavía lo seguimos haciendo”, cuenta Natalia.

A su corta edad han demostrado compromiso y seriedad con lo que hacen, tanto en su negocio como en sus carreras. Y eso les ha valido la admiración no solo de sus allegados sino de desconocidos que se asombran por lo que ambas han construido hasta ahora. “Muchos se sorprenden porque somos muy jóvenes, pero cuando estábamos más pequeñitas no hacía falta la persona que decía: ¿Será? ¿Será que sí pueden? Y nos tocaba convencerlos, pero siempre demostramos que sí podemos y que la edad no importa”, dice Sofía.

“Ellas tienen unas metas bien trazadas, están al frente de su negocio, pensando en cómo hacerlo crecer y eso hace la diferencia. A pesar de ser muy jóvenes, siempre han mostrado responsabilidad sin que nadie las haya obligado y pienso que eso es algo que debe mostrarse porque hay muchos jóvenes que necesitan orientación”, agrega su madre. Natalia y Sofía, quieren ser un ejemplo para los jóvenes de su edad.

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