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"No quememos sueños"

Esta Navidad, la sala de urgencias luce más como un cuartel en tiempos de guerra. Caos. Llanto. Desesperanza. Sangre. Es diciembre de 1997 y la doctora Patricia Gutiérrez se enfrenta a su primer diciembre en el Pabellón de Quemados.

Ni siquiera en Río de Janeiro, ningún profesor durante su especialización en Cirugía Plástica y Reconstructiva, preparó a Patricia para esto: los cuartos están llenos, tanto que han tenido que disponer una camilla en el pasillo del Pabellón. En la camilla hay una mujer joven que gime. La chica se queja de un dolor inhumano y visceral, pero no se ve tan mal: tiene decenas o cientos de punticos de pólvora en todo el cuerpo. Aunque todos los médicos corren como en una guerra, tratando de ayudar, uno de ellos se acerca y le pregunta:

-¿Qué tienes?

-Me duele mucho, me duele mucho -responde-.

Y muere.

Patricia queda verde, sin saber qué pasó.

***
Hoy, diecinueve años después, Patricia sabe perfectamente lo que pasó y jamás lo olvidará. “Hubo ruptura de hígado y bazo. Ella trabajaba en una polvorería clandestina, se les explotó todo, aparentemente no tenía nada grave, y nadie en Urgencias la examinó bien. Cuando subió al Pabellón era tarde y murió”, dice con voz firme.

Tantas vidas quemadas y tantos sueños chamuscados, han impulsado a Patricia a convertirse en la líder de la lucha contra la pólvora.

De aquella cirujana plástica joven que llegó de Río de Janeiro a Bogotá a trabajar en la Unidad de Quemados del Hospital Simón Bolívar, sobreviven la pasión y el compromiso con la vida. Ya no es inexperta, ahora es líder en la Sociedad Colombiana de Cirujanos Plásticos en lo relacionado con quemaduras. Acompañó a Natalia Ponce, quemada con ácido por Jonathan Vega, en Bogotá, en todo este proceso por sanar las quemaduras en la piel...y en el alma.

Pero Natalia no es el tema que nos compete, no hoy. Patricia ha venido a hablar de una fijación absurda en Colombia...la pólvora. “Es un problema que no necesitamos. Nadie necesita de la pólvora para ser feliz”, afirma.

En sus palabras
La campaña contra la pólvora siempre es impopular. A nadie en este país le gusta, a nadie, que le digan verdades...a la gente le encanta la pólvora y lo digo yo, que vengo de familia paisa y que de chiquita en la finca de un tío echaban voladores y globos.

Pero no me importa decir lo que pienso...Los polvoreros hablan de la pólvora tipo A y la tipo B, la que es segura y la que no es segura...hasta que yo digo: ¿Cuántos de ustedes han estado en un pabellón de quemados? Ah, no, ninguno...entonces: ¿por qué hablan? Tienen alguna idea de lo que significa quemarse... ¿Han tenido algún paciente quemado en su vida? Porque si no lo han hecho ninguno tiene autoridad para decir que esto -usar pólvora- es light o no importa. La mayor tragedia que le puede pasar a una persona es quemarse, por eso es un evento catastrófico y una enfermedad de alto costo...es terrible por muchas cosas: las quemaduras huelen horrible, no puedo explicarte a qué huele... duelen horrores, las hospitalizaciones siempre son largas, las familias entran en crisis porque no saben qué significa para un paciente salir lleno de cicatrices.

Una quemadura cambia la vida del paciente, se vuelve más solidario y sensible...y el resto del mundo es ajeno a esa tragedia, porque como las unidades de quemados son lugares donde la gente no sube fácilmente y huele raro, la gente dice: no, mejor no entro allá.

Y lo peor es que el problema de la pólvora es totalmente innecesario pero existe. Entré en el 97 a trabajar en el Simón Bolívar y allí estuve más de 20 años. En el 97 no pude ir en Navidad ni Fin de Año a casa, tampoco al segundo y tampoco al tercero, porque era como una guerra...entraban heridos y ningún médico se podía ir del hospital...Ya no hay tanto caos, pero no debería haber un solo quemado en Colombia. Ninguno.

A mis hijos siempre los llevé al hospital en Navidad y ellos se volvieron reproductores. Ojalá todo el mundo pudiera ir a un pabellón de quemados...nunca le daría a un niño pólvora. Se acabaría esa ignorancia tan atrevida de la gente que está con tragos y que le importa cinco, que dice que eso no es nada, que quema pólvora sin pensar en las consecuencias.

Recuerdo mucho que una vez atendí a un bebé quemado. La mamá puso un farolito al lado de la cuna en el Día de las Velitas. La cuna se prendió y el bebé quedó sin manitos...le tengo pavor al Día de las Velitas.

Lo que la gente no sabe es que con la pólvora todo es potencialmente mortal. La madera, la ropa...desprende muchos gases. La quemadura no solo es peligrosa por las lesiones en la piel, sino por problemas respiratorios.

Los que trabajamos en quemados no negociamos nada, por eso cuando oigo que la restricción es solo para niños me da risa, porque en este país nadie tiene que quemar pólvora, solo los expertos que hacen shows grandes y saben cómo hacerlos.

He visto niños fallecer por una luz de bengala, que parecen las más inofensivas, pero son las más peligrosas. Se las damos a los más chiquitos y entonces ellos las agitan con sus manitas y las acercan  sus cuerpos. Y si tienen piyamas, ojalá bien peludas y bien sintéticas, una chispa la prende y el niño se quema. Y los he visto morir.

Lo he dicho mil veces en ruedas de prensas, en eventos con los polvoreros. Y los polvoreros me miraban con ganas de acribillarme y me decían: ¿cómo se le ocurre decir que las luces de bengala son tan peligrosas? Hasta que un día pregunté: ¿cuántas veces han ido ustedes al pabellón de quemados y me pueden refutar? Es que yo soy quien ve a los muertos, ustedes no.

¿Por qué no se acaba? La ley faculta a los alcaldes y ellos podrían prohibirla, pero no. Hay dos mensajes fundamentales: uno, no es solo la pólvora, es prevenir en esta época...la gente emborrachándose y los niños por ahí, no, hay que ser responsables. Dos, si cada alcalde de este país tuviera la voluntad política, tendría la facultad de restringirla. Cada alcalde puede decir: solamente se va a utilizar pólvora en espectáculos pirotécnicos, está prohibida su venta.

¿Qué porcentaje son las quemaduras por pólvora? Así fuera el uno por ciento...es algo que se puede evitar. Hay cosas en la vida que no se pueden evitar: el gas, una vela, la gasolina, el agua caliente, pero usted sí puede prohibir la pólvora, es simple voluntad política. Repito: nadie necesita pólvora para ser feliz.

***
¿Por qué seguir quemando nuestro presente y nuestro futuro?



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