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Vía PanAm: una ultramaratón por América por una noble causa

Y la aventura comenzó en Alaska. Weking Van Reeth, de 35 años, y Sebastiaan Vadermolen, de 36, emprendieron una ultramaratón que durará dos años y terminará en Argentina, después de atravesar América. ¡Algo que nadie había hecho!

Los acompañan sus respectivas esposas, Liesbeth Balemans y An Wouters, ambas de 32 años y nacidas en Bélgica. Ellas conducen sus vehículos, dos camionetas 4x4, marca Hilux, que remodelaron y acondicionaron para este largo viaje de 25 mil kilómetros. Ahora son dos cómodos cámpers donde duermen, guardan provisiones, y desde donde sus mujeres les cubren la espalda e intentan protegerlos de accidentes en la Vía Panamericana, su ruta y de la cual eligieron el nombre para su aventura: Vía PanAm.

A Cartagena llegaron el 23 de mayo, desde Panamá, donde se interrumpe la importante vía que conecta a América. Acá esperan sus vehículos, que vienen en buques, para trasladarse a Medellín, esta vez sobre ruedas, y retomar la Panamericana para seguir hasta Ecuador, no sin antes disfrutar de Cali y los pueblos colombianos que encuentren a su paso.

Son 42 kilómetros que corren diariamente por una noble causa: apoyar a la fundación ‘To Walk Again’ (A caminar de nuevo), que trabaja con personas con discapacidad a través del deporte e invierte en investigaciones de médula ósea, creada por el triatleta belga Marc Herremans, quien en 2002 quedó paralítico tras sufrir un grave accidente en Lanzarote, España, mientras se preparaba para el Ironman Hawaii, en el que finalmente participó en 2003 como atleta en silla de ruedas.

Weking (argentino) y Sebastiaan (belga) se conocieron hace unos cuatro años, cuando empezaron a correr ultramaratones. Cierto día, tuvieron la idea de recorrer América para respaldar la fundación de su entrenador, Harremans, y vivir una nueva experiencia haciendo lo que aman: correr.
“Nuestro entrenador sigue haciendo mucho deporte y motivando jóvenes que están en silla de rueda para que logren eso que se propusieron cuando aún podían caminar... Lo que hacemos nosotros es correr por aquellos que no pueden y, por nuestras redes sociales y página web, recogemos fondos para la fundación”, dice Weking.

La travesía empezó en junio de 2016, en Prudhoe Bay, Alaska. Con la ayuda de algunos patrocinadores y todos sus ahorros iniciaron esta loca y enriquecedora experiencia, pero, sobre todo, una generosa causa. “Alquilamos nuestros departamentos, vendimos nuestros vehículos y con todo ese dinero hicimos este viaje. Dejamos todo, renunciamos al trabajo y empezamos a planear esto. Ya llevamos un año en camino y, si todo sale bien y no nos pasa nada, debemos estar en abril de 2018 en Argentina.

En Bélgica dejaron a sus familias y sus oficios. Weking trabajaba como carpintero y su esposa, Liesbeth, como ingeniera; Sebastiaan como grafista y su pareja, An, como maestra.

“Para nuestras familias es un poco difícil porque es un viaje muy largo, pero nuestros padres nos apoyan mucho y eso es muy importante para nosotros. La vida que tenemos ahora es diferente y muchas personas en Bélgica dicen ‘por qué lo hacen, si tienen un trabajo, dinero, todo’, pero para nosotros es más que dinero, porque es una experiencia tan extraordinaria que no se puede pagar con dinero y con un trabajo normal”, afirma Liesbeth.

Por ahora, el team Vía PanAm se prepara para partir hacia Medellín y cumplir una cita, el 5 de junio, para realizarse chequeos médicos. “Estamos corriendo hace un año y no sabemos si lo que estamos haciendo es bueno o no, o si algo nos está pasando y no nos damos cuenta... Un amigo de Sebastiaan, que es cirujano y profesor de una universidad, nos dijo que nos quieren chequear porque quieren saber lo que pasa con un cuerpo humano que corre un maratón cada día”, señala Weking, mientras Sebastiaan lo observa, ya que habla muy poco el español.

Dicen que lo más difícil de esta aventura ha sido el calor... pero si hay algo que les ha sorprendido es el calor y la amabilidad de la gente desde que llegaron a Centroamérica. “En México, por ejemplo, la gente nos invitaba a dormir en sus casas, a comer. Pasamos por muchos pueblos y ciudades y nos metemos en la vida de mucha gente, en su vida real. Y en Cartagena todo es muy lindo, es muy hermosa. Acá es otro mundo, la gente te trata bien, se vive la calle, las noches. Es otro mundo”, agregó.

El 8 de junio deben retomar su carrera desde Antioquia y el tiempo de llegada es cada vez más corto para cruzar la meta. Todo este trayecto les ha dejado como enseñanza “que hay que disfrutar de cada momento, de las pequeñas cosas, y que, en realidad, lo que más importa no es el dinero, sino la vida”.

Y... ¿Qué piensan hacer después de esto?
“Esa es una gran pregunta”, responden.



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