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Para Cira, la cura fue el vallenato.

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Cuando a Cira Correa Villalobos le informaron que tenía cáncer de seno, se fumó un cigarrillo.

“Yo no tengo nada”, les decía a todos. Ahí dejó, a sus familiares en una sala para que escucharan “la cháchara” del médico.

Su hermano y fan número uno, César, y su esposa, Ingrid, se secaban las lágrimas, mientras digerían la noticia.

Para muchos, las palabras cáncer y muerte tienen una penosa y cercana relación, pero no para Cira. Ella, afrontando el pronóstico, decidió no perder la fe, pero sobre todo, estrechó los lazos con el vallenato y al ritmo de unas notas que brotaron de lo más profundo de su ser, empezó a sanar.

Dios la acompañó eso sí, y fue él quien puso la música ahí, como ungüento que calma.

“La música... te da vida”, afirma la artista, y continúa, “pienso que solo Dios supera cualquier tipo de condición adversa. Ya eso (el cáncer) estaba muy avanzado y no hizo metástasis por la voluntad de Dios".

Cira mide 1, 50. Suele bromear con que es tan pequeña que cabe en cualquier agujero. Las sillas altas son una tortura, pero por ser tan chiquita es que se mete bien adentro del corazón de quienes la conocen.

“Yo soy una niña recién nacida. Vivo de nuevo. El 17 de septiembre (este sábado) van a ser ocho años de la operación. Independientemente de que no asista a ninguna iglesia, soy aferrada a Dios y temerosa, tanto que llegué a desafiar a los médicos. Yo les decía que estaba sana. Para poder convencerme de que tenía que tratarme, un hermano se fue a Bogotá y llevó muestras. De allá vino con el diagnóstico confirmado”.

Se sometió primero a un proceso de quimio, pero nunca dejó de componer, ni de inspirarse. Si era de levantarse erizada porque la “musa” llegaba a ella, salía de la cama y se ponía a cantar.

Cuando la operaron, los médicos entre risas le decían que tenía fans afuera. Decenas de personas siempre estaban en la sala de espera, con ella. “Y yo decía, ´voy a salir de esto´”.

Y lo hizo.

“La hija del folclor”
En la casa donde vive Cira en el barrio Nariño, se respira el Valle de Upar. Si se pone atención, hasta se escucha el crepitar de las hojas al caer al río. Un ternero de tamaño real parece mugir al lado de unos taburetes, inmóvil, asustando a quienes, como mi compañera Julie Parra, le dan la espalda.

Más de diez pinturas enormes adornan las paredes. Uno de los cuadros tiene por título “Cira entre los grandes”. Aparece ella, al lado de los juglares  Enrique Martínez y Alejo Durán. Sus artistas preferidos: Poncho y Emiliano Zuleta.

“El amor por la música viene desde niña. A dos cuadras de mi casa había un picó, que se llamaba El Pechichón, y en el patio había un palo bien frondoso. Me acuerdo de las canciones de Alfredo Gutiérrez... Corazón de acero, Mariposita chiriguanera. Empezaba a tararear desde ahí, yo era una pulguita, no tendría sino unos cinco años”, recuerda.

Escuchando vallenatos desde la “copita” de un árbol empezó entonces Cira a amar la música. Una vez su padre, escuchándola cantar, le dijo que quería verla en una tarima, verseando. “Él murió, pero yo sé que me ve, que él está conmigo”.

Se acostumbró a declamar un verso por cada frase, siempre buscando una relación entre la realidad y las letras vallenatas. Tiene más de una docena de trofeos saludando desde una repisa que da a la cocina.

Festivales de Arjona, Turbaco, Villanueva, El Carmen de Bolívar, Chinú, Córdoba, y El Paso, Cesar, donde nació, han premiado su talento. Cuando canta, las venas del cuello parecen salirse junto con su alma, porque la pone en cada estrofa. Su voz ronca entona las más hermosas melodías con gracia. 

En la voz de Rodrigo Rodríguez, Hernán Villa y Los hermanos Sáenz, se escuchan canciones de la autoría de Cira, “La hija del folclor”, y junto a Julio César, José y Elías Cárcamo, “Los hermanos Cárcamo”, se presenta haciendo parte de la agrupación “Vallenato cien por ciento”.

“Lamento de un niño”, de su autoría, es uno de los temas que más le llegan.

Vi llorar a un niño y le pregunté la causa de su llanto. .. Dios mío cámbiame de camino, Dios mío no quiero soledad. Mi niño querido, criatura inocente deja de llorar. Deja que transcurra el tiempo todo va a cambiar. Sé que en este mundo incierto reina la mentira, también la maldad. Venga y comparta conmigo, le daré cariño, y un techo de hogar. Y llorando juntos terminamos, porque yo había pasado también casi igual”, canta.

Es docente de Sociales en la Institución Educativa Santa María y fue catedrática de la Universidad Jorge Tadeo Lozano y la Universidad Rafael Núñez. Hizo el himno escolar de varios colegios, entre esos el del Liceo Bolívar. “Ella goza de mucha simpatía. Los alumnos la tildan de maestra dura, pero muy recta. No hay presentaciones donde ella no sea la anfitriona”, dice su orgulloso hermano César.

Viene de una familia numerosa, de esas de antes. “Mi papá, un hombre alegre, se llamaba Francisco Correa Venera y mi mamá Riquilda Villalobos Blanco”. Sus quince hermanos: Francisco, Noema, Benito Filemón, Luis Alfonso, Iván, Riquilda, Homero Alberto, César Augusto, Gabriel, Gustavo Correa, Ludis, Clara Inés y Karina. Crió a su hijo, César Augusto Correa, y se nota, que él es más de lo que le pidió a la vida.

Con orgullo, me cuenta que a Pacho, como llamaba a su papá, no le importó quedarse limpio con tal de invertir en la educación de sus hijos. A él, un campesino de “perrenque”, lo recuerda con amor infinito.

“Yo viajé en tren, ese el de la canción de Escalona, “que sale y por to´a la zona pasa, y de tarde, se mete a Santa Marta”, cuenta cantando.

Y fue la fe, la música y su familia, lo que levantó a Cira y le sigue dando motivos para vivir.

¿Un consejo a quienes padecen cualquier enfermedad? “Rodéense de personas alegres”, finaliza.

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Comentarios

himno liceo de bolivar

tuve la oportunidad de conocer a la profesora cira cuando llego a trabajar al LideBol, pido el favor a la redaccion del periodico si es posible que publique una estrofa del himno del liceo de bolivar con la ayuda de la profesora cira a ver si es el mismo himno que yo conoci, cante y con mucho orgullo entonamos cada vez que se realizaba un acto dentro de tan renombrado plantel.