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Para hablar, hay que pagar

“Me siento satisfecho, porque, a pesar de todas las piedras de tropiezo, en la AM somos más los que seguimos haciendo una radio constructiva; informando y recreando con seriedad, profesionalismo y credibilidad”: Jairo Baena Vargas.

Atrás quedaron los años en que las emisoras —no sólo en Cartagena, sino en el país— funcionaban como una empresa muy bien organizada: con periodistas, locutores, director de calidad, discotecarios de planta y departamento de ventas.
En la actualidad la nómina de la mayoría de estaciones radiales, sobre todo de la frecuencia AM, —donde más acentuada está la crisis de este medio de comunicación—, se resume únicamente al gerente, a los controles (operadores de sonido) y a los transmisoristas (el encargado de la antena transmisora).
Sólo las cadenas nacionales y pocas regionales persisten en un similar modelo antiguo, que conserva un personal de comunicadores en nómina, no muy extenso; en el que muchas veces los salarios son completados otorgándole al periodista, al locutor, e incluso al director de la estación, el derecho a vender “cupos publicitarios”. Este sistema es un más generalizado en la FM.
Ahora lo que impera es el modelo de la concesión de espacios. Para hablar, hay que pagar, lo que ha desencadenado el que muchos locutores y comunicadores sociales formados hayan declinado de su labor, dejando un vacío aprovechado por quienes tienen los recursos para pagar el arrendamiento en una emisora y no necesariamente ni la ética ni la formación para ejercer esta actividad. Por ejemplo: santeros, líderes cívicos, sindicalistas y varios profesionales de diferentes ramas que ven en la radio una actividad complementaria, un hobbie o un medio para hacerle publicidad a su negocio.
“Quienes nos hemos mantenido en la radio somos unos berracos. Muchas veces el dinero sólo alcanza para pagarle a la emisora y para nada más. Pero hay que hacerlo; si no, nos quitan el espacio y es peor”, expresa el locutor Ricardo Navarro Salgado, quien está vinculado a la radio desde hace 33 años; y quien en mejores épocas trabajó para distintas emisoras de RCN y Caracol, algunas veces como locutor raso y otras como director.
Hace nueve años es el director del programa ‘Al aire libre’, en La voz de las Antillas”, el cual, aunque empezó como un espacio deportivo, tuvo que abrirse a otras áreas como las noticias, los temas cívicos y el entretenimiento, para ampliar su espectro de ventas de publicidad.
Por media hora de programa diario paga $367 mil mensuales; y, para que su voz no se vuelva monótona para los oyentes, formó un equipo de trabajo con José Luis Vergara Vergara y José Alberto Meza, ambos empíricos, quienes antes de hacer este programa eran anotadores de partidos de béisbol. A ellos los remunera con el derecho a vender cuñas publicitarias.
Así se mantiene la radio hoy, en la frecuencia AM.
La crisis llegó para desplazar a los locutores, cuyo papel era leer noticias y hacer animaciones (algo comparativo con lo que hacen los presentadores de televisión).
Muchos de estos locutores se vieron encaminados a hacer las veces de periodistas (salir a buscar información, hacer reportería) para mantenerse vigentes, como el caso de Olguita Burgos Martelo, quien es conocida en el gremio como ‘La dama de hierro’, por su tenacidad para seguir avante en la radio, desde hace 38 años. Es la única voz femenina de la radio cartagenera que persiste desde esa época.
Ella recuerda con felicidad sus inicios como discotecaria en Emisoras Fuentes y luego como radio-actriz en Bogotá. Para entonces, era sólo una chica de 16 años.
“Trabajé también en distintas emisoras de Medellín, ciudad donde nacieron mis cuatro hijos; y en Montería, como empleada asalariada. Pero, cuando regresé a Cartagena en 1985, las cosas ya empezaban a ser distintas: había que alquilar los espacios. Al principio nos iba bien porque las instituciones del Gobierno pautaban mucho y pagaban decentemente, pero ya eso no se da. Muchos de mis oyentes me dicen que mi trabajo es chévere, porque todos los años transmito el Concurso Nacional de Belleza y viajo a cubrir el Festival de la Leyenda Vallenata, el Festival de la Ganadería, el Festival del Porro y las fiestas de corraleja de Turbaco y Arjona. Pero no saben lo difícil que es hacer realidad esos programas. Hay que vender para pagar el derecho a salir al aire”.
Por su programa de media hora diaria, ‘Temas para recordar’, vigente desde hace 20 años, paga en Radio Vigía $560 mil mensuales, pero lo suspende anualmente en septiembre para darle cabida, en el mismo horario, a “Cartagena Alegre”, un programa alusivo a las festividades novembrinas.
“No podría pagar dos espacios para hacer los programas por separado. Lo que sí pago por separado son las transmisiones de toros. Cuando cubro El Festival Vallenato y el Festival de la Ganadería, lo que hago es que el espacio diario que tengo lo dedico a eso”, explica.
Otros locutores, en cambio, se han visto desplazados a realizar actividades menores como ser animadores de almacenes. Por ejemplo, Eduardo Alvarez Manga —muy reconocido en la década del 90, por ser una de las voces de Radio Tiempo— es actualmente animador del almacén Calzado Bucaramanga, ocupación que alterna con ofrecer su voz para grabar comerciales y ser tramitador informal en los alrededores de la Registraduría de Cartagena.
A los periodistas también les ha tocado ser recursivos: hacen las veces de concesionarios de espacios radiales, vendedores de publicidad, reporteros y locutores. Jairo Baena Vargas, graduado hace 18 años de la Universidad Autónoma del Caribe, es un ejemplo entre muchos.
Tras graduarse, consiguió trabajos temporales en el Periódico de Cartagena (ya desaparecido), haciendo vacaciones en RCN radio, en el diario El Universal y como corresponsal de televisión para CV Noticias.
Pero, sus obligaciones familiares (esposa y cinco hijos) lo llevaron a aliarse con el sistema (“si no puedes con tu enemigo únete a él”, afirma), entonces se hizo concesionario y así ha desarrollado su carrera profesional.
Después de probar en distintas emisoras y con diferentes formatos de trabajo, hace tres años dirige, en Emisoras Fuentes, el noticiero Radio Noticias Cartagena, para lo cual debió aliarse con el también comunicador Heber Palomo, con el fin de unir fuerzas para producir, en primera instancia, el millón de pesos que deben pagarle a la estación radial por la hora diaria de emisión.
“La radio es de reconocimiento, sostenimiento y vocación”, comenta, sin embargo.

RAZONES DE LA CRISIS

“Los problemas en la radio empezaron hace 20 años, aproximadamente, cuando las emisoras FM comenzaron a ganar audiencia, gracias a la calidad del sonido; y los dueños de las estaciones AM permitieron que se les viniera el mundo encima con esto”, afirma categóricamente Santander Castillo Figueroa, quien cumplió un ciclo de 30 años en la radio cartagenera y hace 10 decidió retirarse por las mismas razones.
La frecuencia AM no tenía competencia, pero al entrar en vigor las FM la torta publicitaria empezó a reducirse para las AM y los gerentes y dueños de estas emisoras se deshicieron de sus equipos de trabajo para darle paso a la concesión de espacios, que siempre ha existido en el negocio, pero no era el principal producto a comercializar.
“Todo se agravó cuando el Ministerio de Comunicaciones hizo la declaratoria de que la actividad del locutor y el periodista no eran una profesión sino un oficio. Eso perjudicó a la radio altamente porque trajo la informalidad. Las emisoras abrieron, sin ninguna restricción, sus micrófonos a cualquier persona que tuviera capacidad para pagar un espacio, amparadas en el derecho constitucional de informar y ser informado”, explica Rafael Barco Sallas, quien se inició en la radio hace 15 años, y en el 2004 recibió su título de Comunicador Social, otorgado por la Fundación Universitaria Los Libertadores, a través de un convenio gestionado por la Empresa de Trabajo Asociativo Periodistas de Bolívar.
La crisis es generalizada en el país, pero en lo que tiene que ver con Cartagena tal apertura oficial originó el cierre de varias emisoras, como la Voz de las Estrellas y Radio Bucanero; y la venta de otras tantas, como La Voz de la Victoria, Radio Príncipe y Colmundo Radio, entre varias; y atrajo el nacimiento de emisoras de movimientos exclusivistas como algunas cristianas, en las que su programación se limita a los discursos religiosos sin dejar lugar a programas de entretenimiento e información variada.
Todo eso acortó la oferta de trabajo de los locutores y periodistas, abriendo un desbalance entre el número de comunicadores existentes y las oportunidades laborales.
“¿En qué se ha traducido ese desequilibrio? En la ausencia de la seguridad social para los locutores y periodistas. Son pocos los comunicadores independientes que cotizan salud y menos pensión, aunque este sea un requisito indispensable para pautar con las empresas del Estado”, manifiesta Rafael Barco.
Con la ‘radio concesionaria’, también, se recrudeció la competencia desleal de la venta de publicidad, porque muchos locutores y periodistas, con tal de ganar o conservar un cliente, bajan arbitrariamente los precios de las cuñas publicitarias; principal razón para que cierto número de estos comunicadores haya caído en la penosa decadencia de canjear una cuña hasta por alimentos, ropa y servicios de salud; incluso, se hayan convertido en ‘mendigos’ de los políticos de turno.
“Una de las ciudades donde no hay un concepto digno de la publicidad es en Cartagena. Además de que el comercio es relativamente pequeño para los oferentes, los empresarios le dicen abiertamente a los comunicadores que si le compran la cuña es para hacerles el favor de ayudarlos, no porque sea un negocio respetable”, comenta Luis Herrán, director de Emisoras Fuentes, quien explica que las políticas de la emisora que él preside, la cual pertenece a la Cadena La Libertad, consiste en que el concesionario pague por adelantado.
“En Cartagena hay locutores y periodistas que tienen saldo en rojo en todas las emisoras y esa es una cartera irrecuperable”, dice Herrán.

OTRA CRISIS, LA VULGARIDAD
La apertura de los micrófonos a todo tipo de personas trajo consigo la pérdida de uno de los principales objetivos de la radio: la culturización, la cual ha sido reemplazada en gran medida por la chabacanería, ahondando aún más la crisis, porque ésta es generalizada tanto en AM como en FM.
“Anteriormente no podíamos decir al aire ni la palabra ‘vaina’, mientras que ahora en distintos espacios de AM —aclarando que hay mejor programación en esta frecuencia— y en la mayoría de las FM, las locuciones y los diálogos con los oyentes giran en torno a la vulgaridad. El público también ha cambiado. Tenemos un oyente morboso y, al parecer, acostumbrado, —sobre todo las mujeres—, a que le falten al respeto con preguntas insinuantes”, precisa Santander Castillo Figueroa.

POSIBLES SOLUCIONES
Luis Alberto Payares Villa, locutor desde hace 40 años, es apoyado por un buen número de colegas, cuando dice que una solución radical sería que los dueños de las emisoras AM en el país le exigieran al Gobierno mejorar la calidad del sonido.
“Si estas emisoras fueran AM stereo, la competencia sería de igual a igual con las FM. Entonces, las FM sí tendrían que profundizar en su programación y ofrecer un entretenimiento de más altura”.
“A los dueños de emisoras AM también les hace falta interesarse en adquirir mejores equipos”, dice Santander Castillo.
Por su parte, Jairo Baena Vargas, miembro directivo de la Empresa de Trabajo Asociativo Periodistas de Bolívar; y Orlando Muñoz Saladén, presidente de la Asociación de Locutores de Bolívar, están de acuerdo en que la recuperación de la radio reside, además, en la profesionalización del personal que trabaja, con carácter independiente, en el medio; más responsabilidad de los dueños de las emisoras a la hora de abrir los micrófonos y el interés de estos en hacer nuevamente de la radio una empresa con garantías.

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