Paul Ardenne, el artista se apodera de la realidad

18 de noviembre de 2018 07:29 AM

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Espero hasta el final de la mañana para poder conversar con Paul Ardenne (Charente, Francia, 1956), tal vez, uno de los célebres historiadores del arte y la cultura en el mundo.

Él me pregunta si hablo inglés o francés, pero le digo en español que estoy con la traductora, la investigadora Ana María Vallejo De La Ossa, que ha sido invitada junto a él al Congreso Internacional de Arte del Caribe, promovido por la Institución Universitaria Bellas Artes y Ciencias de Bolívar, Unibac.

“Paul arde en ideas”, le digo a la traductora, y se lo dice en francés, y él ríe. 

Paul Ardenne es autor de un libro de culto para los estudiosos de los fenómenos contemporáneos del arte que se toma los espacios urbanos, más allá de las galerías y los museos: ‘Un arte contextual’, publicado en 2002.

Le pregunto a Paul qué piensa de lo que acaba de ocurrir en octubre de este año, en la subasta Sotheby’s, cuando una obra del artista callejero Banksy, “Niña con globo”, hecha con aerosol, fue vendida por más de un millón de dólares, y cuando su compradora europea levantó su mano para pagar esa suma, la obra empezó a autodestruirse ante la perplejidad de los asistentes.

Paul dice que la obra estaba concebida así, para autodestruirse con una guillotina que funcionaba a control remoto por su autor, hasta desaparecer hasta la mitad de la escena en que a la niña se le desprende el globo en forma de corazón.

Paul dice que la mujer que eligió esa obra no solo adquirió una obra única e irrepetible en la historia del arte del mundo, una obra completa de Banksy a pesar de la autodestrucción en la que queda solo el globo escapado de las manos de la niña, sino que “compró a su vez un momento de la historia del arte. Compró una obra que nunca se podrá reproducir. Compró algo único en esa subasta de Londres.

Algo que entró a la historia del arte. Hizo un negocio excelente porque eso tiene un valor incalculable, en el mismo instante en que la adquirió”. Ardenne me mira con sus intensos ojos azules, y me dice eufórico y enérgico: “Una obra contextual por muy efímera que sea, no tiene lugar dos veces. El arte contextual ignora el mecanismo de la copia.

Es como el río de Heráclito, nunca te bañarás dos veces en ese mismo río. Un arte llamado ‘contextual’ es aquel que establece una relación directa, sin intermediarios, entre la obra y la realidad. El artista contextual elige apoderarse de la realidad de una manera circunstancial, como lo dice Guy Sioui Durand, la obra se realiza en ‘contexto real’, de manera ‘paralela’ a las otras formas de arte más tradicionales. El arte contextual difiere de la obra de arte en el sentido tradicional: arte de intervención y arte comprometido de carácter activista (happening en espacio público, ‘maniobras’), arte que se apodera del espacio público o del paisaje (performance de calle, arte paisajístico en situación…), estéticas llamadas participativas o activas en el campo de la economía, de los medios de comunicación o del espectáculo”.

Le pregunto qué privilegia al evaluar una obra y me responde con otra pregunta: En un conjunto que queremos elegir, ¿cómo podemos elegir o separar? No hay una verdad crítica, no hay verdad en el arte. Es una selección que no la dicta mi placer, sino un criterio. Busco la notable originalidad de la obra. Me pregunto si la obra ya se hizo en la historia del arte.

Las más importantes obras que he estudiado, no tienen por qué gustarme. La dimensión estética es secundaria para la evaluación científica. Me pregunto si la obra es inédita, qué tiene de original, si está conectada con lo real, si es una fantasmagoría, si es una copia. Personalmente, mi manera de hacerlo consiste en interrogar la obra a la luz de la historia del arte. En el caso de un artista contextual, no necesito ir a ningún taller, porque el artista trabaja en el espacio público, en la calle, está afuera de ese escenario del museo y las galerías. El taller se lo dejo al artista. A mí no me interesa el proceso de la obra. La obra terminada es lo que importa.

No es necesario e interesante la construcción o la fábrica de esa obra. A mí me interesa ver la obra en el tiempo en que se hace, verla en su contexto. Si nosotros vemos la obra fotografiada o filmada, en videos o en archivos, perdemos la substancia de esa obra contextual. Algunas de estas obras son efímeras, lo que dificulta verlas, pero hay que estar allí en ese tiempo en que se hacen para comprenderlas y admirarlas, en un momento preciso. Como crítico no puedo verlas después. Eso ocurrió allí y no hay repetición.

Epílogo  
 

Paul Ardenne me escribe una lista de pensadores que lo han impactado, entre ellos, Jacques Ranciére, Laurence Bertrand Dorléac y Richard Shusterman. Tiene prisa porque su vuelo es muy temprano, y luce hiperactivo, emocionado, complacido por la experiencia que ha vivido en Cartagena. Y promete que volverá a Cartagena para promover con Unibac, la Universidad Nacional, Universidad de Antioquia, y otros aliados, la Bienal Ecológica en Cartagena, diseñada en consenso con los mismos artistas cartageneros.

Me deja su dirección para seguir conversando.

Y me dice que tiene la impresión que me ha visto hace muchos años no sé adónde. Pero es una ilusión. Solo he ido a París por dos días.

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