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Paulina, la primera doctora de Colombia

“La Universidad de Cartagena acaba de otorgar a la señorita Paulina Beregoff el título de doctora en Medicina y Cirugía. Este caso reviste excepcional importancia pues nunca, antes de ahora, una mujer se había presentado en las aulas nacionales a exigir la refrendación de estudios científicos (...)

Bien estaría que, entusiasmados por este noble ejemplo, las mujeres colombianas rompieran el molde estrecho de sus prejuicios sociales y fueran a buscar nuevos horizontes para su espíritu en los campos ubérrimos de la ciencia”.

(Nota de El Tiempo, exaltando a la investigadora rusa)

Paulina Beregoff fue la primera universitaria médica en Colombia, graduada en 1925 dos décadas antes de que en Bogotá se graduara otra mujer doctora.
Beregoff nació en Kiev, Ucrania, pero odiaba que la llamaran extranjera. Se veía a sí misma como cartagenera, no solo por el amor que le profesó a esta ciudad “hecha por las manos de Dios”, como describió la primera vez que la vio, sino por la pertinente investigación que desarrolló en La Heroica a principios del siglo XX, cuando una desconocida enfermedad acababa con sus habitantes.

El célebre doctor, Rafael Calvo Castaño, fue el responsable de lo que se podría considerar la hazaña más incluyente de la medicina en Colombia, puesto que él mismo viajó a Pennsylvania, Estados Unidos, en búsqueda de quien investigara esa grave epidemia que aquejaba a Cartagena. En el camino, la recomendada fue Paulina.

“A la universidad (de Pennsylvania) llegó Rafael Calvo Castaño -que en ese momento era por decirlo así el decano de la facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena- buscando cómo estudiar una epidemia de fiebre, que estaba causando muertes en Cartagena. No se sabía si era fiebre amarilla, tifoidea o malaria”, explica el médico e investigador Álvaro Monterrosa Castro, responsable de la iniciativa HISTORI-MED (Historia de la Medicina Cartagenera) y creador de la Fototeca de la Medicina Cartagenera*.

El Dr Monterrosa, que adelanta una extensa investigación sobre Beregoff, cuenta que siendo niña, los padres de Paulina se radicaron en Pennsylvania, Estados Unidos. “Las razones de ese viaje fueron al parecer de tipo político. Rusia estaba ya bajo el poder imperial. Ella creció en los Estados Unidos e ingresó a un centro hospitalario importante donde desarrolló estudios de lo que hoy día podemos entender como bacteriología”.
Paulina solo tenía 16 años cuando entró a la Universidad de Pennsylvania, a adelantar estudios de investigación. De inteligencia precoz, aprendió a hablar seis idiomas (no especificados) siendo el último el español, que empezó a estudiar pocos días antes del viaje de más de una semana desde Estados Unidos hasta Cartagena. Estando en el barco, ella pedía a todos que le hablaran solo español. 

La llegada a su amada
Cartagena

Beregoff escribió “Mi vida en Colombia” un libro de tinte autobiográfico (pese a que la autora no lo considera así), dirigido a su entonces fallecido esposo Arthur S. Gillow, como una forma de recordarlo.

“Recuerdas cariño, que llegué llena de júbilo a casa y que comuniqué a mi querida mamá mi decisión de viajar a Cartagena. Ella, conociendo mi carácter voluntarioso, se puso blanca de angustia ¡No era posible que yo fuera a un pueblo de salvajes!, escribe.

“Fue una mujer controversial, decidida, vertical e impositiva. De ahí todo lo que pudo hacer y lo que se derivó. Su vida no fue un lecho de felicidad, porque ella, digamos que rayó contra muchas cosas de nuestro medio. Fue rechazada, fue criticada y su surgimiento y crecimiento estuvo lleno de espinas y dificultades, porque había una gran hegemonía machista en el área de la ciencia y en la filantropía”, afirma Monterrosa.

La llegada de Paulina transformó los estudios científicos en Cartagena pues incluyó el microscopio como herramienta de trabajo.

Ella les enseñó a sus pares y estudiantes a identificar bacterias y parásitos desde el lente, en una época donde solo los veían a través de fotografías, diagramas y dibujos.
Gracias a su trabajo sobre la epidemia en Cartagena, pudo encontrar una bacteria que se decía que no podía sobrevivir debido al clima de la ciudad: la Salmonella typhi, causante de la fiebre tifoidea. En un párrafo de su libro, lo describe de la siguiente manera:

“Nunca olvidaré las batallas que tuve con el doctor Delgado, Jefe de Sanidad Pública de Cartagena. Él no creía que existía allá la fiebre tifoidea porque “el sol y la belleza de Cartagena ¡mataban los microbios! Sin embargo, porfié y tuvo que felicitarme cuando (…) comprobamos que sí existía la fiebre tifoidea en Cartagena y que la gente moría de tifo- malaria en vez de simple malaria. Desde entonces el doctor Delgado fue uno de mis mejores amigos”.

Luego de este importante logro, con el que los médicos pudieron empezar a trabajar en tratamientos para la epidemia, el doctor Rafael Calvo la vinculó a la Universidad de Cartagena como la primera profesora de bacteriología y parasitología.

“Ella ingresó a ser profesora y después de esa fase de formación, los directivos la invitaron a que estudiara medicina, convirtiéndose en la primera mujer que estudió una carrera profesional de medicina. Hasta ese momento, las mujeres iban a la universidad solamente a estudiar enfermería”, añade el doctor Monterrosa.

Una de las anécdotas más sobresalientes de la vida de Beregoff, involucra a la Arquidiócesis de Cartagena. Hubo roces porque no enviaba a sus estudiantes a misa los domingos, por dejarlos trabajando en el laboratorio.

“Ella había tenido dificultades con la Iglesia, pues ellos le habían mandado una carta diciendo que por no ser fiel a la religión católica, solicitaban su expulsión de la universidad. Pero un domingo, ella fue donde el Arzobispo Pedro Adán Brioschi que estaba enfermo, y el sacerdote aprovechó para hablarle de la situación. Ella le dijo “hoy es domingo y si yo no vengo a tomarle las muestras usted puede morir si espero hasta el lunes. Pues eso mismo les enseño a los estudiantes”.
Desde ahí el Arzobispo fue más condescendiente.

Siguen las trabas
Semanas después de su graduación en 1925 y luego de que el periódico El Tiempo viera en ella un ejemplo para las mujeres de la época, un escritor de ese mismo medio publicó una carta bastante sarcástica en contra de la Universidad de Cartagena. La tituló, “La flamante facultad de medicina de la Universidad de Cartagena”.

“El Gobierno colombiano se ha honrado a sí mismo graduando de médica y cirujana a la señorita Paulina Beregoff en… treinta meses (…) La primera facultad de medicina del primer país, que gradúa de médico y cirujano en 30 meses sin saber español y sin ser bachiller, a la primera dama rusa ..¡qué horror para la familia!
(Firmado por “Simón Latino”, seudónimo del célebre abogado, editor y librero colombiano Carlos H. Pareja).

A Paulina sin embargo, las críticas no la afectaron. Su entereza, experiencia y conocimientos a través de sus investigaciones en Cartagena y sus alrededores, lograron hacerla una de las más reconocidas médicas de su época, aunque incluso en su Alma máter de Estados Unidos pensaran lo contrario porque después de regresar a la Universidad de Pennsylvania, comenzaron las burlas de sus colegas pues ¿a quién se le ocurría que en Cartagena existían universidades?, y más ¡Una universidad de Medicina!
“Ella tuvo que estudiar de nuevo la carrera pero en el camino, desarrolló muchas habilidades a partir del conocimiento que obtuvo en Cartagena, así que con el tiempo, terminaron validándole el título de médico en Estados Unidos, reconociendo así la labor de la Universidad de Cartagena”, exalta Monterrosa.
Paulina Beregoff junto con su esposo Arthur S. Gillow, dedicó su vida a la filantropía médica y al estudio de enfermedades infecciosas.  Y en cada una de las investigaciones, resaltó con orgullo lo que desarrolló desde la Universidad de Cartagena.

(…)
*El Dr Álvaro Monterrosa Castro, especialista en Ginecología y Obstétrica, es profesor Titular de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena y Director del Grupo de Investigación Salud de la Mujer. Es responsable de los semilleros FEM-SALUD y HISTORI-MED (Historia de la Medicina Cartagenera) y además es creador de la Fototeca de la Medicina Cartagenera.
Monterrosa adelanta el proyecto “Historia de la Medicina en Cartagena”, de donde se desprende esta nutrida investigación sobre Paulina Beregoff- Gillow y varios personajes que a lo largo de los años se destacaron por sus aportes a la medicina desde la capital de Bolívar.



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Comentarios

Incompleto

Seria bueno que investigaran un poco mas en el siglo XIX de la historia de la Universidad de Cartagena, pues fue alli que se graduo una mujer de apellido Pajaro, mulata, quien a pesar de los cuestionamientos y rechazos por no cumplir con el rol de mujer, logro completar su grado de medicina. Barranquilla la acogio y alli vivio y ejercio hasta su muerte.

IMPORTANTE ESTA OBSERVACIÓN CLARO ESTA SIN DEMERITAR ESTA

HISTORIA DEL PASADO DE LO QUE LA GLORIOSA U de C .SI PUEDE AMPLIAR MÁS POR ESTE MEDIO SE QUE MUCHOS LE AGRADECERÁN O DE ALGUNA MANERA PONERSE EN CONTACTO CON EL AUTOR DE ESTE HISTÓRICO DOCUMENTAL PARA BIEN DE TODO.
Y SI EL AUTOR TIENE CONOCIMIENTO(LO MAS SEGURO) SERIA BUENO QUE AMPLIARA ESTA HISTORIA,SOBRE TODO QUE ES UNA MUJER CARTAGENERA,EL APELLIDO ASI LO INDICA. MUY BUENA COLUMNA

Elemental cortesía...Respete Doctor..aprenda ya !

El solo hecho de tener un protagonismo malsano ,muy habitual en el, olvida, atenta contra los derechos de autoria, o a la mas sencilla y llana cortesía al olvidar la bibliografia previa de donde muy probable se nutrió esta crónica,donde olvida el libro que reposa en Repositorio dela Universidad de Cartagena.
Rompiendo esquemas de invisibilidad : mujeres profesionales, científicas y directivas