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Periodista cartagenero Alfredo Bustillo, camino al Emmy

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Cada año la Academia Nacional de Artes y Ciencias de la Televisión de Los Estados Unidos (National Academy of Television Arts & Sciences) premia los mejores trabajos periodísticos en formato documental y noticieros. En este año el periodista cartagenero, Alfredo Bustillo, fue nominado al premio Emmy por su trabajo en como productor de Primer Impacto en el canal Univisión.

Bustillo nos acostumbró a verle cubriendo los 42 meses del fallido proceso de paz de El Caguán, pero también la triste firma del acuerdo de Ralito, y muchos otros acontecimientos cruciales del actual país como la bomba de El Nogal y la caída del avión de Marialabaja, e incluso, informó sobre los grandes cambios de Venezuela de hace una década.

Estuvo en muchos escenarios mostrando una innegable excelencia periodística. Hace ya nueve años se fue a los EE.UU. y logró enrolarse en uno de los más importantes canales televisivos de habla hispana en ese país. Por muchas razones esta nominación no puede pasar desapercibida ni cubierta con el silencio habitual que se impone a nuestros mejores coterráneos.

¿Cómo recibes esta importante nominación?

-La nominación es el reconocimiento que hace la Academia a los profesionales que elaboramos trabajos dignos de ser reconocidos o resaltados sobre otros. Para los periodistas que trabajamos en Los Estados Unidos, el Emmy es, quizás, el más importante premio de periodismo televisivo que cualquiera que puede recibir.
Mis postulaciones siempre han sido colectivas. Por ejemplo, el Premio de Periodismo Simón Bolívar que gané hace años en Colombia fue por un trabajo de equipo con Noticias RCN. Esta vez es lo mismo, el que recibe el reconocimiento es el grupo. Pienso que hacer periodismo en televisión no es una labor que pueda hacer una sola persona. Para hacer un reportaje yo necesito estar en “complicidad” con un camarógrafo, un editor, un productor, es decir, con un equipo, y es el equipo el que desarrolla el trabajo. El televidente ve una sola cara y escucha una sola voz, pero detrás de esa persona hay varias más que han hecho un esfuerzo para que eso suceda.

La narración y las lógicas de producción periodísticas cambian en cosa de años y veo que has participado en momentos clave de la historia de Colombia: los 42 meses de El Caguán y todo el Pacto de Ralito, eso como periodista televisivo. ¿Cómo te has adaptado a esa convergencia de lenguajes en televisión?

-Las palabras cambian pero los principios periodísticos no. Algunas palabras dejan de usarse, simplemente, porque desaparecen del léxico de las personas, y otras llegan para quedarse por necesidad. La palabra “matoneo” por ejemplo, llegó para quedarse y ser utilizada en los reportajes. Ahora bien, los principios periodísticos no han cambiado: objetividad, imparcialidad, en fin, esas son la base para hacer un buen trabajo. La estructura también varía, muy sutilmente, en algunos casos, y eso tiene que ver con los recursos con los que ahora cuentas para hacer el reportaje.

Antes tenías que ir al lugar para “cazar” los elementos de tu historia, ahora no es necesariamente una exigencia. Tú cuentas con imágenes de cámaras de seguridad y teléfonos celulares, y puedes hacer entrevistas vía Skype. Pierdes un poco al no sentir la adrenalina del viaje y de ver, cara a cara, a los protagonistas de las historias, a sentir los olores o la temperatura ambiente del sitio, pero ganas en otros recursos pues, en el caso de las cámaras de seguridad, los instantes que se convierten en noticias quedan granados, así como las reacciones inmediatas cuando la gente usa su celular. Eso es muy valioso.
Cuando al final escribes y organizas el material, descubres que has reinventado una estructura periodística.

Has hecho radio, prensa y televisión. ¿Para ti cuál es el medio con mayores posibilidades expresivas?

-Lo que le falta a uno le sobra al otro. Lo ideal sería poder escribir para televisión como si lo hicieras para un medio impreso y describir a las personas y situaciones como si el televidente no viera, y además que pudieras cerrar los ojos y ver lo que los sonidos te cuentan. Eso sería maravilloso.
Lo que sí tengo claro es que mucho está por inventarse y que debemos estar abiertos a nuevas estructuras, nuevas formas de contar las historias. Al televidente, al lector o al radioescucha tenemos que sorprenderlo cada día. En el mercado de las noticias hay tantos oferentes que tenemos que trabajar muy duro para conseguir quien nos vea, lea o escuche. 

¿Cómo fue el tránsito entre Colombia y EE.UU.?

-Dios me bendijo a mí y a mi familia, y nos acompañó en todo el proceso. Todo lo que vivimos fue enriquecedor. Asustaba un poco no saber qué pasaría cada día, a dónde llegaríamos o cómo nos recibirían, pero realmente todo sucedió como si fuera parte de un planificado proyecto. La llegada a Los Estados Unidos estuvo llena de mucha expectativa y de algunos temores, pero esos miedos fueron desapareciendo tan pronto tocábamos una puerta y ella se abría. Y te insisto, gracias a Dios, todo fue bueno.

Hoy no es un secreto que el periodismo en Colombia  ha sido permeado por el poder y la corrupción, ¿cómo lo ves, en especial al televisivo?

-Esa relación entre poder político, poder económico y medios de comunicación no ha cambiado. Lo demás es relleno. Por eso hacemos programas de reality con las noticias y con los protagonistas de esas noticias. Por eso mismo siempre vendemos al “malo” con “cara de malo” y al “bueno” con “cara de ángel”. Inflamos las noticias que les interesan a ellos y hacemos que las otras desaparezcan, como si nunca hubieran existido. Y no es un tema sólo de Colombia, lo vemos en muchísimos lados, en muchísimos países. Sobre la corrupción, que decir, está en todos lados y ha tocado a muchos.  

¿Cómo ves a Cartagena desde donde estás ahora?

-Cuando pienso en Cartagena me da un gran dolor en el corazón.
Los valientes, los héroes, los honestos, los de buen corazón fueron arrasados por una horda de bandidos, criminales, atracadores y ladrones, y no estoy hablando de los que aparecen en la página de sucesos, hablo de los que “visten bien” y “huelen a perfume caro” y se dedicaron a saquear la ciudad y a comprar conciencias baratas.
Con dinero y promesas nos robaron la esperanza, nos robaron decenas de palabras, entre ellas “creer” y “futuro”. Ellos saben quiénes son y espero que algún día los cartageneros les demos lo que merecen: el desprecio público.

¿Consideras que los periodistas pueden cambiar el mundo?

-El mundo es como una gran colmena y los periodistas somos uno de muchos obreros. Solos no podemos, tenemos que armar equipo con otros profesionales, con otros trabajadores, con líderes, con empleados, con padres de familia, con estudiantes, en fin, con todos los que deseen y sientan que deben hacer algo para que el cambio se dé.

Creo que los cambios pueden darse desde el individuo, por ejemplo, cambiando las actitudes personales que van en detrimento del bien de la comunidad, que afectan el “creer” en el otro. Podemos comenzar eliminando de nuestras vidas una costumbre insana que se define con aquella sentencia que socava a la honradez misma: <<Y ¿cómo voy yo ahí?>>

¿Cuál ha sido la mejor y más humana nota de tu vida periodística?

-Aún no he producido la mejor, la sigo buscando.

¿Un mensaje a las nuevas generaciones de periodistas?

Que crean que pueden cambiar el mundo. Creer es el primer paso para comenzar a cambiar. Y ¿cómo enfrentar a los bandidos y corruptos? No tengan miedo, los buenos somos más.

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