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Pitingo: "El fracaso es no haber intentado algo"

Hay un lugar en la Península Ibérica donde la desembocadura del río Guadiana separa hermosamente a Portugal de España. La turquesa del Océano Atlántico contrasta cada costado de dos pueblos fronterizos cuyas casas de fachadas blancas, limpias, idénticas, parecen una ensoñación.
Del lado portugués se alza Castro Marim, cuyo castillo fue fundado por los Templarios. Del extremo español, el pueblo de Ayamonte en el que se asentaron, en la parte más alta, los íberos desde cuyo montículo, ‘Aya’, dominaron la desembocadura hasta la llegada de los Tartessos en la Edad del Bronce.
El verde lo aporta Ayamonte con sus pinos piñoneros y eucaliptos. El blanco, sus playas abiertas en forma de media luna.
En este lugar tan singular nació y se crió Antonio Manuel Álvarez Vélez (Ayamonte, Huelva, 1980), conocido más por su seudónimo Pitingo, que en lengua caló, del desperdigado pueblo de los gitanos, significa ‘presumido’. Pero de presumido más bien poco, y eso que tiene razones para serlo luego de haber creado la soulería, un subgénero que mezcla el soul y el góspel de los Estados Unidos con la bulería propia de los cantaores de flamenco. La charla, detrás de la que estuve durante más de dos años, fue muy relajada.

Por historia, hay una gran tradición cantaora en Ayamonte.

Pues mira, la verdad es que nací en una familia que lo lleva en los genes porque mi madre es gitana, y lo he visto desde muy pequeño, a mi abuela bailar y cantar, y a tíos míos también. Siempre en casa me daba vergüenza cantar delante de la gente. Desde muy chiquitito desde que tenía 5 o 6 años, me recuerdo cantando. Luego ya con 14 empecé a cantar, cara a todo el mundo, a la familia y al público. Gracias a Dios también viví en una tierra como Ayamonte que es flamenca, de fandangos de flamenco, de gente muy aficionada, porque no sólo era mi casa, sino los vecinos, toda la gente del barrio. Y eso tiene mucha influencia en mí, para lo que soy ahora.

¿Qué talento te hubiera gustado tener?

Me hubiese encantado tener el talento de leer música porque es algo que no aprendí nunca y que no pudo ser. Porque bueno, yo me crié muy humilde y no había medios para poder estudiar música o piano, ni nada de eso. Hay cosas que toco de oído. La guitarra la toco de oído, el piano lo toco de oído, pero envidio sanamente a esos músicos que veo que se ponen a leer música, y que de repente interpretan una partitura. Me encanta, me emociona, maravilloso. Pero luego los músicos dicen que les encanta lo que hacemos los que no sabemos leer, esa improvisación que tenemos. Ellos quieren lo nuestro y nosotros lo de ellos.

¿Has rezado alguna vez por tener éxito?

Rezado no. Yo creo mucho en Dios, pero no le pido al Señor esas cosas, la verdad. A Dios no le pido eso. Le pido más salud, por mi gente, por mi familia y sobre todo le doy gracias por todo. No le he pedido eso. Sí lo he soñado (el éxito) y he tenido siempre ese sueño desde muy chiquitito, porque escuchaba a los cantantes y yo me imaginaba que era ellos encima del escenario. Le doy gracias, le pido por algo más importante para mí.

¿Y qué es el éxito?

El fruto de tu trabajo, tan duro. Para mí es dedicarme a lo que me dedico. Aparte de tener más o menos ventas en discos, en tickets. Para mí el éxito es dedicarse uno a lo que le gusta en la vida.

He seguido tu trayectoria hace muchos años. Sé que te has metido con el soul, el bolero, el son cubano, ¿cuál es tu mayor éxito musicalmente?

Mira, mi éxito fue el crear un estilo diferente de cantar. Todo el mundo me conoce y me reconoce para bien, incluso los que no me quieren para mal, siempre me reconocen. Ese es el mayor éxito, el tener un sello propio, el haber creado un estilo de música diferente como es la soulería. La música soul, R&B, góspel, con el flamenco. Para mí ése es el mayor logro de mi vida. Y por supuesto muchas cosas más: el haber podido cantar con Juan Gabriel, Pink Floyd, Marc Anthony, todos estos grandes artistas. Son sueños que tenía en mi cabeza y que he podido cumplir.

¿Tienes alguna pasión además del flamenco?

Sí, sí, (ríe) cocinar, me encanta. Me relaja, me gusta que a la gente le guste lo que hago. Aparte me gusta estudiar mucho comidas nuevas, las culturas del mundo. La verdad que es una de mis pasiones. Creo que si no hubiese sido artista hubiera sido cocinero.

¿Has venido a Colombia?

Sí. Fui a Bogotá, tuve la suerte. Agradecido siempre con el público de Colombia, porque el disco de Malecón Street se puso allí en número 5 en la lista de ventas. Fue otro logro más de mi carrera. Los colombianos son maravillosos. Es una tierra que yo aprecio y que quiero mucho.

Dentro de todas las versiones que has hecho, ¿cuál es la que más te conmueve?

Mira, hay muchas, son muchas las canciones que me gustan. Cada una tiene su sensibilidad. Hay una concretamente que me funciona siempre en todos los conciertos, que el público se pone en pie. Y luego a mí me gusta mucho cantarla porque es la demostración de la voz y del sentimiento unido. Y todo con una guitarra, no hay nada más. Es Cucurrucucú Paloma. A mí me encanta y es donde yo puedo demostrar el nivel musical que puedo tener, con esa canción.

¿Dónde queda tu paraíso personal?

Te soy sincero, para mí el paraíso es estar con mi familia donde sea. Estar con mi hijo y con mi mujer me da igual dónde sea, en el rinconcito más humilde del mundo, si estoy con ellos estoy feliz. Date cuenta que yo llevo desde los 15 años viajando sin parar, me voy meses de mi casa, 4 o 5 meses. El paraíso es estar con ellos porque estoy mucho tiempo separado.

¿Cuál es la palabra más hermosa del diccionario?

Indiscutiblemente: amor. No hay duda. Para mí la palabra amor en todo, amor a las personas, a la familia, a Dios, a los hijos. Y es lo que mueve el mundo, por lo menos para bien.

¿Y la más peligrosa?

Envidia, porque la envidia incordia a las personas. Y por supuesto ‘guerra’, pero la envidia está en todo tipo de personas, puede hacer mucho daño.

Fuiste botones, trabajaste en un hotel, cuéntame de esa época.

Fue una época que era dura porque yo cantaba por las noches en los tablaos y en las fiestas privadas de, como les decíamos nosotros los gitanos a los ricos, los señoritos. Cantaba en ese tipo de fiesta, pero claro tenía que tener un trabajo estable. Y yo me fui muy pronto de mi casa, con 18 años y vivía ya solo con mi mujer y necesitaba dos trabajos. Fue una época bonita, cuando trabajas tan duro, porque trabajaba 12 o 13 horas cargando maletas, luego me iba por la noche al tablao… aprendes a valorar lo que cuesta el dinero, que cuesta mucho. Llegar a casa cansado y ver que no es mucho dinero, pero bueno te cuesta ganarlo que eso es lo importante. Eso debería pasarlo todo mundo, que te cueste ganarlo, le da otro valor al dinero cuando no tienes.

¿Qué es el fracaso?

Es no haber intentado algo, porque bueno si tú lo intentas y fracasas, por lo menos lo has intentado. Pero el no haberlo intentado es un fracaso

¿Qué te indigna, qué te rebela?

Hay tantas cosas (ríe). Sobre todo me duele muchísimo que haya tanta hambre en el mundo. Que los políticos dejen a un pueblo morirse de hambre. Me indigna y me rebela el racismo muchísimo. No me gusta el que una persona por ser de otra clase social trate mal a otra. Sobre todo es que el que la gente no tenga para comer y los políticos estén gordos y sanos, eso me duele mucho, la verdad. No digo que todos los políticos sean malos, pero cuando veo en la tele, tantas cosas que pasan, me rebelo y creo que el pueblo debería rebelarse también.

¿Y alguna vez te has mordido la lengua?

Jajaja y lo que me queda, y lo que me queda... Me morderé la lengua toda mi vida, claro, uno se tiene que morder la lengua.

Para estar en una sociedad hay que hacerlo a veces.

Completamente sí, por desgracia (ríe), por desgracia.

¿Qué es la inocencia?

La inocencia es ser buena persona. Es portarte bien con la gente, no tener maldad, querer que todo el mundo esté ahí, y bueno luego la vida te da palos y te enseña muchas cosas. Las personas buenas son inocentes, y por eso les pasan tantas cosas a las personas buenas.

¿Y cuál es la mejor manera de sobreponerse a esos obstáculos?

Mira a mí me han dado muchos palos en la vida, y muchos desengaños, pero para mí lo mejor es seguir siendo como soy, intentar ser buena persona. Esa es la clave, que los demás sean los malos. Pero para mí la clave es esa: seguir siendo buena persona, ser un padre bueno, un marido bueno y seguir ayudando a toda la gente que lo necesite. Mucha gente me pide ayuda, incluso gente desconocida y les ayudo, amigos, todo el mundo. Siempre confío en la gente. Luego la vida te puede dar esos palos, pero de momento, mi forma de ser es confiar siempre en todos.

¿Tienes alguna fobia?

Pues sí. Me da fobia el quedarme solo, cuando estoy solo, muy solo. Cuando estoy tres o cuatro meses solo en un hotel necesito venir a España o estar con mi familia, o llevarme a mi familia, me da fobia quedarme solo. No me gusta, solo le tengo pánico a la soledad

Pero la soledad también enseña.

Sí. Hay veces que la necesitas para pensar. Pero claro cuando ya llevas 3 o 4 meses solo, ya se te hace de cuesta arriba.

¿Cuál es el peor público que has tenido?

Algún público cuando de repente te contratan para una fiesta privada, no paran de hablar y por el hecho de que te este estén pagando te mandan cantar, pero así: ¡Canta! Ese ha sido el peor público, el que se ha pensado que está por encima de la persona. Que por el hecho de ser gitano o cantaor de flamenco tratarte como antiguamente se trataba a los gitanos. Eso sí lo he vivido hace ya muchos años, gracias a Dios la cosa ha cambiado. Pero hace muchos años sí lo viví, el comer en la cocina con el servicio, el estar escondido y no poder estar con los invitados de la fiesta, sí lo he vivido.

¿Y el mejor?

Creo que el mejor público es todo el que respeta al artista, que está en silencio escuchando y pendiente de lo que haces. Da igual la parte del mundo en la que estés, ese respeto hace grande al público, gracias a Dios.



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