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Por siempre,‘Su Majestad Imperial Amirita Primera’

Ella se veía majestuosa con sus vestiduras de realeza, mientras su mirada inocente se paseaba por el colmado Teatro Heredia al compás de la música, los aplausos y los elogios. Apenas tenía catorce años y en ese momento, el 9 de noviembre de 1937, no alcanzaba a comprender lo que significaba ese episodio, uno de los más bonitos de su vida.

“Los clarines la anuncian, ya viene...
Sobre su alegre carrozal triunfal:
Es la Reina del Once que tiene...
Claros fulgores de sol tropical”.

Se escuchó en el recinto la primera estrofa de un himno compuesto por Manuel Ignacio de Lavalle, adornado con las notas musicales de Lucho Bermúdez. Un grupo de niñas se lo entonaba a la reina durante la noche de su coronación.

Han pasado 79 años y Amira Mouthón, o ‘Su Majestad Imperial Amirita Mouthón Primera’, la primera reina de las Fiestas del 11 de Noviembre, lo recuerda como si fuera ayer.

A sus 93 años es dueña y señora de una mente clara y prodigiosa, y una visión extraordinaria, que pone a prueba cada vez que desempolva un libro para notas, envejecido, en el que pegó con almidón, fotografías y recortes de periódico que dan cuenta de su hermosa etapa como reina de Cartagena.

5.771 votos le dieron la victoria sobre las otras participantes: Manuelita Jiménez, de Torices; Aurita Rodríguez, de Getsemaní; Mani Baena, de La Catedral; Alicia Navia, de Manga; Virginia Castillo, de Lo Amador; y Josefina San Juan, de Alcibia. En ese tiempo, la candidata que más vendiera los votos de diez centavos ganaba el reinado y así lo hizo Amirita, junto a su comité, conformado por sus primas, amigas, vecinos, e incluso su padre.

El martes 2 de noviembre de 1937, en el Concejo Municipal, se realizó el escrutinio que ratificó a Amirita como reina de las Fiestas de Noviembre. “Estaba en mi casa, en la calle Cochera del Hobo, mientras mi papá y mis amigos esperaban en el Concejo el resultado del conteo, cuando de repente escuché la bulla de un poco de gente y me asomé por la ventana. La gente gritaba ‘viva Amirita Primera’. Eran como las 11 de la noche, yo estaba vestida común y corriente, como una niña. Todos me felicitaban y hasta se quedaron celebrando, pero yo me fui a acostar porque al día siguiente debía ir al colegio. Yo estaba contenta, pero no sabía lo que me esperaba”, cuenta Amira y añade:

“Una maestra me escribió una carta donde me decía que todo era efímero en la vida, y mire, lo efímero que ha sido, a mí no me ha pasado todavía”, dice y se ríe. “También me escribió que debía seguir estudiando, pero, por supuesto, que disfrutara del momento. En ese momento fue que me di cuenta en qué estaba. Imagínese que mis palabras para la coronación las hizo Daniel Lemaitre”.

Calla por un par de segundos y repite su discurso de coronación: “A mis damas eminentes, a mis nobles caballeros, a mis capitanes fieros, a mi pueblo de valientes, a todos hoy presentes, oíd mi declaración. Si al gobernar mi nación le hace falta una vestal aquí está mi corazón...”

Son las doce del día y ella está sentada sobre un sofá en la sala de su casa, erguida, luciendo contenta un vestido confeccionado por una de sus hermanas, tan impecable y tan concentrada en sus recuerdos que no se percata de una gota de sudor que desciende sutilmente hacia su pómulo derecho.

Se ríe con frecuencia, sobre todo cuando observa las fotos y recuerda anécdotas. Con su índice señala una en la que aparece con uno de sus hombros destapados, tomada por el fallecido fotógrafo Álvaro Delgado Vélez. “Este fue mi mayor destape”, dice y suelta una carcajada.

Amirita rememora con nostalgia y alegría su época de reinado, su triunfo, su coronación, el bando en el que lanzaba flores desde una carroza en el Centro Histórico... De eso se siente orgullosa, como también de ser cartagenera, de las Fiestas de Independencia, de ser madre, de haber sido esposa, hija, maestra, de ser amiga, hermana, de fomentar el valor cívico en la ciudad y de pertenecer a la Unión de Ciudadanas de Colombia.

Amirita Mouthón nunca pasará a la historia, es y será por siempre la ‘Primera’.

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