Profe de matemáticas: héroe sin capa

30 de julio de 2017 09:00 AM

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Por: Hernán Pimienta.

 

Entre el gremio de docentes que ejercen en los centros de enseñanza secundaria, hay un grupo que puede llegar a ser muy respetado, muchas veces temido y otras veces odiado: el de los profesores de matemáticas.

Las matemáticas son  por mucho la materia más detestada por los estudiantes de bachillerato, lo que trae como consecuencia que para los profesores del área  sea tan difícil enseñarla.
El prólogo del Lexis 22 de matemáticas dice: “las matemáticas han provocado siempre en los estudiantes reacciones muy claras, o de gran afición a ellas, o mucho más frecuentemente, una gran animadversión”.

Son pocos los que escogen voluntariamente estudiar esta licenciatura, esto ha obligado a los directivos de algunas universidades en donde se ofrece esta carrera a pensar en cerrarla.
También en las universidades es donde se paga el precio de no poseer suficientes habilidades en álgebra, geometría o trigonometría.  Según estudios recientes el 80% de los primíparos llega a la enseñanza superior  con pésimos conocimientos matemáticos.

Enseñar teoría de conjuntos, aritmética, geometría, álgebra, trigonometría, probabilidad, cálculo integral y cálculo diferencial es para muchos un reto que deciden no afrontar.
Las historias de docentes de los Montes de María lo dicen todo.

Cómo ser un profesor y no morir en el intento
Rodrigo Fernández Tapia, es profesor de Los Robles, corregimiento de San Juan Nepomuceno. “Quería estudiar contaduría, pero el puntaje que saqué no fue suficiente, y la segunda opción era la Licenciatura en matemáticas. Comencé a estudiar por no oponerme a mis padres, pero no me gustaba; después de graduarme comencé a dictar clases y aún no me gustaba. Hoy no me cambio por nadie, me siento feliz y orgulloso de mi trabajo y lo que más me emociona es el aprecio que siente la gente en Los Robles por los profesores”.

En San Jacinto, se recuerda mucho al profesor Bladimiro Blanco Bello y él mismo decía que ni era blanco ni era bello. “Era un excelente profesor y aunque tuve algunos problemas con él, no pasaron del ámbito académico. Cualquier duda que tuviera la despejaba con facilidad y me hacía sentir que las matemáticas eran sumamente fáciles y sencillas”, expresa un exalumno.
Hernán Yepes Rodelo, profesor de la Institución Educativa León XIII, de San Jacinto, dice que con las matemáticas llega a sentir satisfacción cuando los alumnos participan, “pero también hay decepciones”, dice “como el día que estoy explicando una clase y una joven muy bonita dijo: ‘no sé para qué me van a servir las álgebras, si yo seré una modelo’.

Muchos parecen no entender que las matemáticas se usan en casi todo momento. 

José Carbal Fonseca, profesor en la Institución Educativa Técnica Agrícola, dice que cuando era estudiante de bachillerato tuvo problemas para entender las matemáticas, “pero me propuse a estudiarla para superarme cada día más.  Al final me gradúe sin inconvenientes. Decidí estudiar ciencias sociales, pero un amigo al que le pedí que me inscribiera, lo hizo en matemáticas, porque me vio potencial. Hoy con la experiencia que tengo sé que dictar matemáticas es fácil, lo difícil es ser un buen maestro. Siempre trato de encontrar el mejor método de enseñanza y trato de que mis alumnos venzan el miedo y la apatía que a veces sienten por la materia”.

Algunos pareciera que nunca logran entenderla. Un amigo impotente al no poder entender los casos de factorización del álgebra una vez exclamó: “¡Baldor ha debido morirse en el vientre de su madre!”, y nunca logró graduarse de bachiller.

Leonardo Chamorro Montes, profesor en Montecristo, sur de Bolívar, estudió matemática pura y en sus planes no estaba la docencia. Aprovechó una vacante porque estaba sin empleo y ya tiene nueve años de estar enseñando. “El obstáculo más grande que he encontrado es la mala fama que tienen las matemáticas, y la falta de interés de los estudiantes que también dificulta los procesos de aprendizaje”, asevera.

Con cierto orgullo Leonardo me comenta que el nivel académico de la Institución ha mejorado. Este matemático pide que sus alumnos sean puntuales y organizados y dice que un buen profesor tiene que ser paciente y autónomo para escoger su forma de enseñar.

“Es una profesión que parece dominada por los hombres, pero también encontramos mujeres dispuestas a facilitar la comprensión y asimilación de los conceptos y fórmulas matemáticas, así como su aplicación práctica”.

Y ese es el caso de Carmen Mejía, de Guamal, Magdalena, quien desde niña sintió una gran afición por los números y soñaba con ser ingeniera. Después de graduarse, la situación económica de su familia no le permitió lograr su aspiración y decidió entonces estudiar Licenciatura en Matemáticas y Física. Hoy tiene 19 años de experiencia. “Me encanta trabajar con niños y muchos padres de familia me piden que enseñe a sus hijos. Trato de encontrar las habilidades que posee cada uno de ellos, para que las aprovechen en las clases. Algunos manejan muy bien la parte lógica, otros las relaciones espaciales, otros el lenguaje matemático y eso lo aprovecho para ayudarlos a entender las matemáticas.

Y usted, ¿recuerda a alguno de sus profesores de matemáticas? ¿Lo recuerda con admiración o con rencor?

Antes de responder piense que realizan un trabajo arduo y mal remunerado, si se compara con lo que hacen otros profesionales, y tenga presente que como dice el Libro de Cálculo Trascendentes Tempranas, “aprender matemáticas requiere esfuerzo para desarrollar y mantener la habilidad”.

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