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Querer vivir es lo que importa

La Fundación Quiero Vivir se dedica al tratamiento y rehabilitación del alcohólico y fármaco dependiente.

Cuando Gabriel tomó la decisión de dejarse morir consumiendo droga, nunca se le pasó por la mente que aquella determinación no sólo cambiaría su vida para siempre, sino que años después sería ejemplo de superación para muchas personas.
La historia de Gabriel Caballero seguramente será la misma de muchos hombres y mujeres que un día, sin darse cuenta, cayeron en el abismo de la drogadicción, arrastrando consigo su vida y la de toda una familia que inerme fue llevada al infierno que significa convivir con un drogadicto.
Gabriel, filósofo de profesión, comenzó a consumir bazuco impulsado por la moda en 1981. Muchos de sus compañeros de labores lo hacían y él no creyó que eso fuera problema, sobre todo porque la primera vez se sintió tan bien que nunca pensó que con ello comenzaría la peor pesadilla que haya sufrido. Ya estaba casado y tenía un hijo.
Para Gabriel lo que comenzó como un pasatiempo esporádico se convirtió en progresivo, hasta terminar con la voluntad humillada y arrodillada ante la droga, que ya para entonces no era bazuco sino crack. Para 1985 su familia se había dado cuenta del problema.
Para el 87 consumía todos los días, por lo que un hermano le ofreció ayuda especializada, comenzando un tratamiento de tres meses en Medellín. De allá regresó aparentemente "curado" y se vinculó a sus viejas actividades, hasta que un día de 1988 decidió darse un permiso y volvió a probar la droga. Lo que no sabía era que con eso estaba abriendo las mismísimas puertas del infierno, según dice.
En el 89 la esposa, ya cansada, decidió pagarle un tratamiento con médico particular, pero nada. Fue tal la crisis que en el 90 terminó internado en el entonces Hospital San Pablo, donde duró 28 días bajo tratamiento psiquiátrico.

Vueltas que da la vida

"En el 91, tras 10 años de sufrimiento y estar aguantando mi consumo, mi esposa se cansa y decide separarse de mí. Ya para entonces yo andaba con más deseos de morir que de vivir. Fue cuando decidí comprar droga y encerrarme en el peor de los lugares con el fin de dejarme morir. No tenía voluntad ni de suicidarme.
"No tenía esposa, hijos, familia ni amigos, porque todos me habían cerrado las puertas cansados y aburridos de mi respuesta.

"El 21 de febrero del 91 siento que Dios me tocó. Ese día se me acabó la droga, y a pesar de estar esquizofrénico y paranoico, por un instante mi cerebro reaccionó. Aún no estaba fundido a pesar de todos los días de estar consumiendo y sin comer.
"Por un momento me dije: necesito ayuda porque sólo no voy a poder. Busqué entonces a mi mamá que era la única persona en quien podía acudir y ella, como buena madre, accedió a pagarme un tratamiento. Fue cuando entré a Quiero Vivir, la fundación que me cambió la vida a mí y a muchas personas que tocaron sus puertas.
"En Quiero Vivir duré tres meses de tratamiento y después me fui para Medellín a hacer un curso de operador para consejería. Mi familia no creía en mí, pero ya yo había tomado una decisión: quería dejar la droga.
"Estando en rehabilitación sabía que aunque quería recuperarme no sabía si aún podía recobrar a mi familia. Para ese entonces no tenía trabajo ni nada. Sabía que tenía que comenzar de cero. Mi familia era la que me pagaba la pensión y me ayudaba con mis gastos personales.
"De Medellín regresé el 7 de diciembre y recuperé a mi esposa y a mis tres hijos.
"Lo más duro es desprenderse de la droga y tomar conciencia del daño emocional que el consumo le está haciendo a la familia, pero me convencí de que no es cuando la familia quiere sino cuando uno decide dejar la droga. Todavía me sigo repitiendo: ¡Sí se puede!
"Desde entonces estoy limpio".

Quiero vivir

La Fundación Quiero Vivir es una institución sin ánimo de lucro dedicada al tratamiento y rehabilitación del alcohólico y fármaco dependientes del país, aunque tiene su mayor influencia en la Costa Caribe.
Fue constituida en junio 18 de 1988 por un grupo de personas naturales relacionadas con la filosofía de Alcohólicos Anónimos y guiados por el objetivo de trabajar en beneficio del adicto.
En agosto de 1989 inicia labores en una casa de Maga, trasladándose a Crespo en 1990.
Quiero Vivir funciona en una casa con capacidad para atender 10 internos y 15 externos en terapia ambulatoria. Hasta la fecha ha trabajado con 311 pacientes internos, entre hombres y mujeres, teniendo un índice de recuperación por encima del 50%.
Los adictos en terapia ambulatoria son por lo general internos que ameritan continuar por un corto tiempo en terapia de apoyo.
El equipo terapéutico está conformado por un terapista con funciones de director, que en este caso es Gabriel Caballero; un coordinador de consejería y cinco auxiliares de terapia, todos adictos recuperados en esa institución.
También cuenta con una instructora de yoga y otra de gimnasia aeróbica, una enfermera, dos psicólogos y una psiquiatra.
Están capacitados para atender a enfermos adictos desde los 16 a 66 años.

Filosofía del tratamiento

La metodología usada en el tratamiento está basada en buen parte en la filosofía de Alcohólicos Anónimos (AA), en el reencuentro del hombre consigo mismo y sus valores.
Además se estudia la literatura de AA y de Narcóticos Anónimos (NA).
En la recuperación del adicto se tienen en cuenta las diferentes fuentes de ayuda para la prevención y la recuperación de éstos, como "Los 12 pasos" y los programas de A.A., N.A y Al-anon como apoyo a los coadictos.
Hasta la fecha, por Quiero Vivir han pasado más de 500 personas recuperadas.
Quiero Vivir tiene a Blanca Becerra de Román como su representante legal después de 21 años.

Necesitan apoyo

Si bien Quiero Vivir es una institución sin ánimo de lucro, para poder subsistir tienen que cobrar por sus servicios, sobre todo si se tiene en cuenta que la labor de recuperación de un adicto necesita muchos recursos.
Ahora mismo se sostienen con la venta de servicios, entre los que se cuentan, además de los tratamientos terapéuticos, cursos de prevención y capacitaciones para instituciones educativas, empresas y universidades.
También un diplomado en adicciones que dura dos meses.
Al cumplir 21 años de labores, el gran sueño del personal directivo de Quiero Vivir es conseguir ayuda de empresas a través de un plan padrino para ayudar a todos aquellos que necesitan atención, pero que por falta de recursos no la pueden recibir.
"Nosotros quisiéramos recibir a todos los que tocan nuestras puertas, pero nuestra capacidad física y económica no nos los permite. Ojalá que en un futuro cercano eso sea posible", dice Gabriel Caballero, quien sigue combatiendo su adicción bajo la filosofía del "sólo por hoy".

CONTACTOS

Las personas interesadas pueden comunicarse con Quiero Vivir a los teléfonos 6660059 y 6560115.

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