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Remembranza de Joaquín Franco Burgos

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El general Burgos marcó positivamente una etapa trascendental del sur de Bolívar de entonces, lo que es hoy el departamento de Córdoba, tanto en la carrera militar, como en la política y en el emprendimiento empresarial donde dejó realizaciones importantes que sirvieron de norte a Franco Burgos.

“Burguillo”, como se conocía afectuosamente a Burgos Rubio, operó una de las más notables industrias del Sinú, el Ingenio azucarero de Berástegui, que había sido fundado por su padre, el abogado Manuel Burgos y le dio trabajo a numerosas familias de la zona y que significó un hito en el progreso de esa región, venido a menos desafortunadamente por los vaivenes de los precios internacionales; fue también pilar fundamental para las primeras concesiones petroleras que hubo en Colombia y junto con sus hermanos, un destacado agricultor y ganadero, actividades también heredadas de su padre que había traido desde Brasil, lo que se conoce como “pasto admirable”, allá “yerba del Pará”. Habían recibido por herencia inmensas propiedades desde cuando su abuelo, el cura, que aún era Berástegui, porque no se había operado el cambio de apellido por el mal entendido celibato, obtuvo parte de la famosa hacienda Zapalería del Bugre, lo que se llama hoy Malagana en jurisdicción de Ciénaga de Oro, que a la vez había sido heredada por sus bisabuelos Pedro Berástegui y Petrona Gómez y Barragán Sánchez. Para allá se llevó el general a Franco Burgos, todavía bisoño, para ayudarle a templar ese carácter que siempre lo distinguió.

En la carrera militar Burguillo alcanzó el grado de General de la República, demostrando eficiencia y lealtad a la Patria, como cuando defendió la vida del general Alfredo Vásquez Cobo que había sido ministro de la dictadura Reyes cuyo gobierno lo había perseguido implacablemente. En la política fue uno de los baluartes a nivel regional y nacional del Partido Conservador, sufriendo una lamentable persecución política y jurídica en plena hegemonía conservadora, cuando fue elegido presidente Rafael Reyes, en una acción fraudulenta que Burguillo cuestionó y atacó, pues había sido baluarte de la candidatura del cartagenero Joaquín F. Vélez que debía haber sido el ganador. La persecución política y judicial también se debió a que fue injustamente sindicado de participar en un atentado contra el propio general Reyes y de querer emular la independencia de Panamá en la Región Caribe. Por el atentado a Reyes, éste había resuelto que lo fusilaran pero finalmente se le conmutó la pena por prisión en el Araracuara, región amazónica, pasando inicialmente por Neiva.

Con estos antecedentes familiares, Franco Burgos entró desde muy joven, siendo estudiante de Derecho de la Universidad de Cartagena, a la carrera política que se extendió desde 1947 cuando asistió como delegado a la Convención Conservadora de Sincelejo, hasta 1986 cuando ocupó por última vez una curul en la Cámara de Representantes por el departamento de Bolívar.

Siempre daba gusto escuchar al Mono Franco, pues cada acción suya, en la vida familiar, en la política, en las empresas de radiodifusión y en las desprevenidas tertulias, encerraba enseñanzas y se quedaba uno asombrado de esa fortaleza interior, acompañada siempre del gracejo oportuno.

A excepción de un cargo que ocupó empezando su carrera pública como Síndico de la Asistencia Social de Bolívar en el año de 1951, ejerciendo la presidencia de la República Roberto Urdaneta Arbeláez por el retiro por enfermedad de Laureano Gómez y la gobernación de Bolívar el jefe conservador Fulgencio Lequerica Vélez y otro como juez municipal en Santa Rosa de Lima, Franco Burgos siempre hizo política como integrante de corporaciones públicas por elección popular, desde el Concejo Municipal de Cartagena de Indias y desde la Cámara de Representantes por el departamento de Bolívar.

Como síndico de la Asistencia Social desarrolló importantes obras para beneficio de la salud del Bolívar Grande, Todos los martes, después del sorteo de la lotería, se acercaba al despacho del gobernador para que se definiera en qué se iban a invertir los remanentes del sorteo.

Así se ejecutaron innumerables obras para la salud de los bolivarenses, entre las cuales vale la pena destacar, la tercera planta con ascensor en el viejo Hospital Santa Clara, los departamentos de Tumores, Radiología, Urología y Medicina Interna del mismo hospital.

Hablar de todos sus logros como concejal o parlamentario se haría interminable, puesto que fueron muchas las obras de beneficio público para las cuales obtuvo recursos del Tesoro Nacional y por otro lado contribuyó en gran medida a financiar la educación de numerosísimos estudiantes que no tenían recursos para sufragar los costos educativos.

En todos los aspectos sirvió a Cartagena y Bolívar. Como representante a la Cámara en la Administración de Guillermo León Valencia, logró la aprobación del proyecto de ley que creaba la Zona Franca Industrial y Comercial de Cartagena que desde entonces ha sido clave para nuestro desarrollo pero quizá el proyecto que más hubiera significado para la ciudad, presentado y defendido por Franco Burgos fue el de descentralización de la zona portuaria, desafortunadamente hundido por ese afán de centralismo que tradicionalmente ha caracterizado a nuestro país.

Para que sirva de faro a las nuevas generaciones que incursionan en la política, actividad que para bien o para mal decide la suerte de los pueblos, vale la pena que nos detengamos en el talante con el que se desenvolvió regional y nacionalmente. Provenía ancestralmente de personas de arraigo marcadamente conservador, tanto por línea paterna como materna y además casó a los 23 años con Magola, una dama de la más pura estirpe monteriana, hermana de Miguel Escobar Méndez, quien fuera uno de los conservadores más destacados del Sinú, del Caribe y del país en general, parlamentario, embajador, ministro varias veces y destacadísimo hombre público.

Pues bien, Franco Burgos conservó a lo largo de su existencia en forma por demás coherente, una ideología y un pensamiento políticos que propendían por la conservación de los valores cristianos, ajustados a un alto concepto de la moral. Esa sólida concepción filosófica del ejercicio público la mantuvo durante toda su vida, desde cuando muy joven conoció a Laureano Gómez hasta sus últimos días en que ratificó su fe en la doctrina azul, siempre bajo la tutela de la casa Gómez, primero Laureano, luego Álvaro y finalmente Enrique.

Hizo parte de un grupo de hombres públicos que hubo en la época que debe ser considerada como de oro en la política conservadora bolivarense y del Caribe, cuando coincidieron personalidades dentro del Partido Conservador de la talla de Raimundo Emiliani Román, Alfredo Araújo Grau, Eduardo Lemaitre Román, Juan Ignacio Gomez Naar y Fulgencio Lequerica Vélez, tal vez la de mayor resonancia en Bolívar en todo el siglo XX.

Pero lo más destacable de su gestión parlamentaria fue sin duda haber arrancado del presupuesto nacional significativos aportes para la realización de obras de gran impacto especialmente para la ciudad que lo vio nacer, su Cartagena de Indias, como ningún otro parlamentario lo ha vuelto a hacer, de manera que gracias a esa gestión pudo concluirse el Cuartel del Fijo, se construyó la monumental plaza de toros, el Colegio Mayor de Bolívar, se compró la casa que hoy es del Concurso Nacional de Belleza, se hicieron muchas de las instalaciones de las escuelas de la Sociedad de Amor a Cartagena, se remodeló el Museo de Arte Moderno, la Casa del Abogado y muchísimas obras más que hoy sirven a todos los cartageneros.

El Mono Franco fue siempre alérgico a los reconocimientos y a las distinciones. Solía afirmar que nadie debiera ser reconocido ni mucho menos condecorado por cumplir con su deber; por eso cuando hace un año, resolvimos en la Gobernación de Bolívar distinguirlo con el máximo pergamino que el departamento concede a los ciudadanos eméritos, tuvimos con Norita Segrera que hacer acopio de toda nuestra capacidad de persuasión para que finalmente accediera en el momento más adecuado, deleitando a la numerosa concurrencia con un sinnúmero de anécdotas de esa vida tan llena de realizaciones. Paz en su tumba.

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