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Ruby Rumié teje lo invisible

En esta instalación artística múltiple, la artista Ruby Rumié, hizo una ceremonia con las cincuenta invitadas en una casa del corazón amurallado de Cartagena. Ellas fueron las elegidas de “Tejiendo calle”, que se exhibe en NH Galería en Cartagena.

A los nueve años quiso pintar el retrato de un negro, pero su maestra, Nora Lennon, le dijo que no. Fue el primer obstáculo del prejuicio cultural de la Cartagena sometida a las formas brutales y no siempre sutiles de la discriminación racial y social. La maestra de pintura le propuso que pintara payasos. Ella quería pintar a los negros. Persistió en su obsesión. Solo había que asomarse en la misma casa para encontrar negras en el servicio doméstico, en las nanas de la familia, o en las vendedoras de frutas que venían del Palenque de San Basilio.

Ruby Rumié llegó a ser una de las más destacadas hiperrealistas de Cartagena en los años ochenta, y los espectadores siempre le preguntaban: ¿Es una fotografía? La fotografía ha sido una de sus formas de expresión, pero no la única. Pinta, dibuja, escribe con la caligrafía rigurosa de la caligrafía Palmer o la escritura inglesa que hasta hace poco se enseñaba en las escuelas de Cartagena. Pero no solo dibuja, pinta, fotografía, sino que esculpe, investiga, entrevista y encuentra en los sujetos desprevenidos de la comunidad, al sujeto emocional, los objetos más preciados de una existencia. Una vez en el Callejón Angosto, en Getsemaní, en donde instaló su taller, se mudó con tres convicciones: saludar a todo el mundo mirando a los ojos, no juzgar a nadie, ni a la prostituta ni al asesino, y no prestar dinero a nadie. Con ese principio ha sido aceptada como una vecina cálida de la comunidad. Lo primero que hizo fue pedirle a sus vecinos que le compartieran cuáles eran sus cosas más apreciadas, y algunos en el equívoco de objeto y sujeto, llevaban desde una silla, un bastón, un retrato y hasta una sobrina. Esa dicotonomía entre sujeto y objeto los ha vulnerado como fichas de un ajedrez urbano impredecible. Con esa misma perspectiva ha realizado una exposición compleja y monumental que desafía prejuicios: “Tejiendo calle”, que exhibe en NH Galería en Cartagena: la de hacer visible a medio centenar de mujeres vendedoras ambulantes de Palenque y corregimientos de Cartagena, todas mayores de 70 años, que han trabajado a lo largo de su vida en la calle. Además las visibilizó en fotografías de 60 x 90 centímetros cada una, que reunidas conforman una gigantesca instalación de 5 metros de alto por 9 de ancho. Vistas de cerca parecen pinturas hiperrealistas de un detallismo abrumador: las mujeres aparecen con sus polleras blancas tradicionales, con los nudos y elementos culturales de Palenque: los diseños y las creencias ancestrales: las aseguranzas, los talismanes rezados y sagrados. Pero además de retratarlas e intervenir la foto convirtiendo al sujeto en paisaje de primer plano, con el tiempo tallado en la piel, la nieve en el pelo cuscús, la expresión, el espíritu a flor de piel, la elocuencia cifrada en el silencio gestual, el rostro y la intensidad de la mirada; Ruby ha logrado eternizarlas en camafeos y sellos que simulan una filatelia convencional pero al verla se descubre que es un sello original con los símbolos culturales de Palenque y el rostro de cada una de las mujeres. Pero no satisfecha con los retratos, los camafeos y los sellos, la artista ha recogido en un video la ceremonia del encuentro de las mujeres, y ha compendiado su búsqueda creativa en cinco tomos como un enorme archivo histórico, integrado por tres álbumes fotográficos. El prólogo de la investigación es escrito por Claudia Mosquera, quien precisa que estos retratos revelan “la tristeza del desarraigo unida al orgullo de saberse un ser humano con dignidad, con derecho a la libertad, a la rebeldía, al amor, a parir la vida muchas veces”. Además de reunir las confesiones de cada una de las mujeres, con sus nombres, edades y oficios, la obra se enriquece con elementos singulares de la cultura íntima de Palenque: las aseguranzas, los misales, fragmentos de La Biblia, los cuadernos Titán para anotar deudas y sueños, el azahar de la india que se ponen en las orejas para bendecir la venta, el nombre de Dios que es la primera venta que se hace en el día, y junto a este inventario cotidiano, los usos de objetos ancestrales, la caligrafía comunitaria y la huella dactilar del espíritu.

Manosear los sueños
Ruby Rumié no se embarca en proyectos que no tengan por lo menos, dos años de investigación apasionada. Es como ir tejiendo en puro estado Zen, manoseando imágenes, fotografías, recorriendo de mil formas las cosas amadas. “Me encierro a trabajar y cuando lo hago no me ve nadie, pero tampoco permito que alguien vea el proceso de ese trabajo porque es como una criatura que puede vulnerarse con un comentario positivo o negativo. Ese bebé se está gestando y es vulnerable. Uno parte de un vacío hasta lograr transformarlo en un largo proceso de creación. Creo que la obsesión y la intuición son básicas en este proceso”.

En esta visita guiada con la artista hemos contado con dos mujeres protagonistas de Tejiendo Calle: Celestina Cassiani, de Palenque, y Dominga Torres Teherán, vendedora de pescados nacida en Tierrabomba. Cada una confiesa que verse retratadas de muchas maneras en esta exposición, es algo que jamás esperaron. Se sienten reinas de esos inmensos retratos y de esos camafeos y de esas estampillas, que solo estaban reservadas a héroes de la Independencia, personajes públicos y leyendas vivientes. Pero ellas también son las heroínas invisibles de la calle, las que llevan el peso del mundo y sus ancestros en su corazón y sobre su cabeza. Ruby logró retratar el alma de estas mujeres, luego de quitarles a algunas la palangana de frutas y la rodilla (ese trapo invisible que tienen en la cabeza para no maltratarse con la palangana). Pero se sentó con cada una de ellas a inventariar sueños, penurias e ilusiones, y el resultado es esta exposición que tiene nombre propio: Tejiendo calle, es como bien lo explican las palenqueras, la aventura de sobrevivir en la calle.

Epílogo
Ruby Rumié ha desarrollado una obra artística de una singular complejidad. De 1989 a 1996 fue una artista hiperrealista que fijó su mirada en la población afrodescendiente. Ese espíritu retratista se ha complementado y enriquecido, siempre en la búsqueda de historias que reflejen los dramas sociales, territoriales y culturales. En 2014, con su obra Hálito divino, investigó sobre las mujeres que han sido víctimas de la violencia doméstica. Para ella lo invisible es apenas un velo de estereotipo, adormecimiento y ceguera colonial. No cesa de tejer perplejidades.



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